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Año X, 18 de noviembre de 2018

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La fiebre del oro verde en medio del conflicto mapuche

El anuncio de la compañía Arauco de instalar la mayor planta procesadora de celulosa de Latinoamérica en una región caracterizada por las demandas territoriales del pueblo originario, fue analizado por diversos actores.

Rodrigo Fuentes

  Miércoles 25 de julio 2018 20:05 hrs. 
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Este martes, el directorio de Celulosa Arauco y Constitución S.A. aprobó el proyecto de Modernización y Ampliación de la Planta Arauco (M.A.P.A.). Millonaria construcción que significará edificar una de las instalaciones más grandes de Latinoamérica.

Un alto ejecutivo de la compañía informó que las obras parten en agosto y demorarán 30 meses, por lo que estará operativa en 2021.

Arauco, el brazo forestal de Empresas Copec ,del Grupo Angelini, había anunciado hace algunas semanas que este 2018 espera plantar 48 mil hectáreas de monocultivos, superando el promedio anual que traía, de 35 mil hectáreas. Todo esto para abastecer al nuevo gigante de la celulosa, que se estima producirá más de 2 millones de toneladas anuales.

Más plantaciones significa más territorio de pinos y eucaliptus, en una zona que se caracteriza por  las reivindicaciones de comunidades mapuches contra la ocupación que han hecho tanto Arauco como Forestal Mininco, que pertenece al grupo Matte.

El Profesor Sergio Donoso, académico de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, advirtió que la entrada en operación de esta industria aumentará la presión ambiental y la presión sobre la población en el área de influencia de monocultivos forestales en la zona centro-sur de Chile.

Lo anterior, ya que habitantes de las comunas de Cotulmo, Tirúa, Cañete, Purén, Capitán Pastene, entre otras, se verán afectadas por el aumento de las plantaciones para abastecer a la mega productora de celulosa.

“Porque en un sector que está claramente conflictuado se intensifica y se dobla la apuesta forestal, no se entiende cómo donde hay un problema cultural -porque muchas comunidades no quieres más plantaciones- no se está abordando correctamente, y sólo se mira desde un punto de vista económico”, afirmó.

El también presidente de la Agrupación de Ingenieros Forestales por el Bosque Nativo, Sergio Donoso, recalcó que, precisamente, el monocultivo en la zona, además de generar conflicto, ha hecho un notable daño al terreno, secando la tierra, provocando escasez de agua, lo que ha significado también la migración de personas, un problema social en la región.

Para el historiador de origen mapuche, Fernando Pairicán, la arremetida de la industria forestal en la región no es extraña, constituye para él una práctica habitual de las empresas y los gobiernos latinoamericanos.

Pairicán precisó que esta política incorpora a las comunidades desde una perspectiva del modelo económico, a través de una salida monetaria a su realidad, manejando las propias personas sus territorios plantados con pinos y, además, por parte de la compañía, beneficiándolos con proyectos de mitigación, eventualmente empleos, en un sector afectado por la pobreza extrema.

“Una de las cosas que me percaté cuando estuve escribiendo Malón, es que, la forma de abordar el conflicto mapuche no es solamente a través de la represión, sino, a partir de incorporar a las comunidades involucradas en este eventual desarrollo. La política de los buenos vecinos, incorporar a los mapuches en educación sobre plantaciones forestales, para que, a la larga, ellos se convirtieran en productores. Todo esto dentro de una política de gobierno que comenzó Ricardo Lagos, denominada Nuevo Trato, y que prosiguió con el mandato de Michelle Bachelet”, subrayó.

El presidente de la Asociación de comunidades Mapuche por el Ruka Manke, Cesar Jara Tripailao, indicó que, precisamente, existen cerca de 32 comunidades indígenas afectadas por la irrupción de la industria forestal.

Un territorio que comienza en la localidad de Galvarino y llega hasta las inmediaciones del Cerro Ñielol, a pocos kilómetros de la ciudad de Temuco.

Para Cesar Jara Tripailao, es fundamental la unión de las comunidades para comenzar a reaccionar frente a esta nueva arremetida de Forestal Arauco.

“Bajo este diagnóstico favorable al modelo, lo que se está planteando es una unión territorial de las comunidades mapuches y enfocarse en un solo discurso, en un solo objetivo, exigiendo nuestros derechos en esta estructura avalada por el Estado. Que este arreglo se vaya modificando, pues solo protege intereses de las forestales”, argumentó.

El dirigente mapuche agregó que la solución al conflicto territorial viene del diálogo, no de la fuerza. Por esto,  criticó el cómo se está tratando de dar salida a un problema de décadas a través de una mayor dotación policial en la zona, dotación denominada Comando Jungla, una de las primeras acciones en concretar el gobierno de Sebastián Piñera en torno al Plan Araucanía, y que pretende subsanar “pacíficamente” el conflicto.