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Año XII, 23 de febrero de 2020

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La Clínica del Horror: investigación revela historia del centro Santa Lucía en dictadura

En diciembre del año pasado, el Directorio de la Asociación dio inicio oficial a una indagatoria que busca recopilar y sistematizar la información referida al recinto ubicado en la comuna de Santiago.

Diana Porras

  Domingo 7 de octubre 2018 8:48 hrs. 

“Algunos detenidos dijeron que los llevaron a esa clínica para recibir tratamientos luego de haber sufrido torturas. Los testimonios señalan que los detenidos permanecían vendados, amarrados a la cama, constantemente sometidos a amenazas y a presión psicológica. Posteriormente desde aquí eran devueltos a los recintos de origen o trasladados a Cuatro Álamos”. Informe de la Comisión Nacional Sobre Prisión Política y Tortura. Santiago de Chile, 2004, pp. 532-533

Reunir antecedentes sobre lo que sucedió en la Clínica Santa Lucía “ha sido complejo”. Los casos de detenidos desaparecidos que transitaron por este centro han sido reconocidos por declaraciones de compañeros de reclusión. Los sobrevivientes, al reconocer el lugar, han contribuido también a la memoria histórica.

Después de varios años de trabajo, el próximo 24 de octubre será una fecha importante para la Asociación Sitio de Memoria Ex Clínica Santa Lucía. Se publicarán los resultados de una investigación que aportará nuevos datos de la historia del inmueble durante la dictadura.

Entre octubre de 1974 y 1977 fue utilizado como clínica para el personal de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) y sus familiares. Simultáneamente, funcionaba como centro de detención y tortura, además de archivo y centro de documentación.

Con estos antecedentes en mano, en diciembre del año pasado el Directorio de la Asociación dio inicio oficial a este proyecto que busca recopilar y sistematizar la información referida al recinto ubicado en calle Santa Lucía 162, comuna de Santiago.

El proceso de investigación, que fue coordinado por Romina Ampuero, egresada de Derecho y Directora del Sitio de Memoria Ex Clínica Santa Lucía, contó con el trabajo de las historiadoras Tamara Carrasco, Macarena Castillo y Viviana Salinas.

En entrevista con Radio Universidad de Chile, Romina Ampuero detalló el alcance de esta revisión. “La investigación ha logrado arrojar una suerte de organigrama y órdenes de mando al interior de la casa”.

La coordinación entre este centro de detención y el resto del aparato de inteligencia de la DINA en Santiago está documentada en los testimonios de los sobrevivientes. Durante este periodo fue utilizado como infraestructura de apoyo sanitario, médico y logístico.

Entre ellos, “Venda Sexy” o “La Discoteque” (Irán 3037), el “Cuartel Yucatán” (Londres 38), el “Cuartel Terranova” (Villa Grimaldi), “el Cuartel Ollagüe” (José Domingo Cañas) y “3 y 4 Álamos”.

“Tortura en el altillo”

El inmueble del ex Centro de Detención Clínica Santa Lucía fue diseñado en 1934, por el arquitecto Alberto Cruz Montt.

FOTO SANTA LUCIA

                                           Fuente: Memoriaviva.com

Su uso fue residencial hasta junio de 1972, cuando lo adquirió el Secretario General del Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU). Así lo recuerda Nadia López, vicepresidenta del Directorio de la Asociación Sitio de Memoria.

Durante el golpe de Estado en 1973 fue allanado y ocupado por las fuerzas de seguridad y orden. El inmueble pasó a manos del Estado. Los nombres de quiénes lideraban este centro forman parte de una historia de brutalidad. En abril de 1974 fue utilizado por la agente de la DINA lngrid Olderock, conocida como “la mujer de los perros”, y funcionó como dormitorio de la sección femenina de las agentes en proceso de formación.

rostros

                                                                              “Los 12 desaparecidos”

*Primer piso: utilizado como sala de control e ingreso y salas de atención pediátrica de los agentes de la DINA y sus familiares.

*Segundo piso: celdas de prisioneros.

* Tercer piso: funcionó la oficina de Olderock y de Osvaldo Romo, un radio transmisor y una sala de tortura.

*El cuarto piso: celdas de prisioneros, una oficina personal de Manuel Contreras y una sala de tortura en el altillo, con una ventana que daba hacia el patio interior del inmueble.

 

Santa Lucía cerró sus puertas en 1977, año en el que todo su equipamiento médico fue trasladado hacia un nuevo recinto para continuar con las mismas actividades. Así, cambió su nombre a Clínica London, recinto ubicado en calle Almirante Barroso N°76 y demolido el año 2011.

En 1990, el gobierno de Patricio Aylwin Azócar entregó en 1992 la casona de calle Santa Lucía #162 a la Comisión Chilena de Derechos Humanos (CCHDH), que desde su fundación, el 10 de diciembre de 1978, se dedica a la defensa, promoción y difusión de los Derechos Humanos.

“Ir al público general”

Al cierre del día, el domingo 27 de mayo pasado se observó una fila de público que no pudo ingresar al recinto.

Luego de dos jornadas enmarcadas con el Día del Patrimonio, los voluntarios que guiaron el recorrido por el lugar advirtieron que “muchos desconocían no solamente la existencia de Santa Lucía, sino que de los Sitios de Memoria en sí”.

FOTO PATRIMONIO

Evidentemente, es una situación que requiere de nuestro análisis y reflexión, interpelando a su vez el rol que tiene el propio Estado en materias de memoria, reparación y justicia, comentó el presidente del Directorio, Lautaro Videla.

“Me sorprendió la cantidad de personas interesadas en conocer el sitio. Además, el grupo activo que le dio soporte a la actividad estuvo constituido por jóvenes que recibieron orientación y formación” destacó.

En eso, -comentó Videla- el obstáculo en la gestión del sitio se relaciona con recursos propios.

“Hay gente que no es tan obtusa. Tengo ilusión luego de las conversaciones que tuvimos con la subsecretaría de Derechos Humanos, en el cual se planteó la preocupación por el futuro de los sitios, porque escuché comentarios saludables”

El ex militante del MIR y hermano de Lumi Videla, ejecutada política cuyo cuerpo fue arrojado a la embajada de Italia por agentes de la DINA, agregó: “hay sectores que son sensibles y sienten la responsabilidad de no quedar grabados en la historia como negadores de la memoria”.

Sobre los desafíos en la divulgación del Sitio, Lautaro Videla concluyó que hay que ampliar la mirada y no solo invitar desde la cultura, sino que ir al público general: al vendedor, profesional, vecinos y turistas.