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Año XI, 20 de noviembre de 2019

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Otra postverdad: ¿por qué se acusa a los migrantes de traer el VIH?

A una semana de publicadas las cifras que ubican a Chile como uno de los 10 países de mayor aumento de casos VIH a nivel mundial, opiniones como las del diputado de RN, Leonidas Romero, acusando a los inmigrantes de traer dicha enfermedad, hacen cuestionarnos: ¿cuáles son, realmente, las causas del aumento del VIH en Chile? El historiador César Leyton apunta hacia un término poco conocido: el racismo científico.

Eduardo Andrade

  Miércoles 12 de diciembre 2018 19:48 hrs. 
racismo

Encontrarse entre los 10 países con mayor aumento de VIH en el mundo es grave. La cifra obtenida del informe de ONUSIDA se hizo pública el 3 de diciembre y las dudas sobre si la repentina renuncia de Ana María San Martín, jefa del Departamento de VIH del Ministerio de Salud, sería consecuencia de esto, acrecentaron la tensión. Sin embargo, la gravedad y la complejidad del asunto llegarían después.

El diputado de Renovación Nacional, Leonidas Romero, declaró así a radio ADN el 11 de diciembre: “Nuestro país tiene hoy una de las tasas más altas de enfermos de sida. Los migrantes que han llegado, la mayoría, vienen con su enfermedad”. Ese mismo día se defendió en Twitter utilizando un texto bíblico en el que destaca la frase: “con la boca se confiesa para salvación”.

Primero, hay que aclarar que la  gravedad de encontrarse en un país cuyos casos de VIH van en aumento, no es la misma que la de estar en uno con “las tasas más altas”, como lo aseguró Romero.

Ahora, ¿cuál es el lugar de los migrantes en el debate? El asesor ministerial, especialista en VIH, Carlos Beltrán, aseguró que la ONU incluye a ocho poblaciones propensas a infectarse: adolescentes, mujeres, personas que ejercen trabajos sexuales, usuarios de drogas, privados de libertad, homosexuales, transexuales y migrantes.

“Nosotros agregamos a los pueblos originarios, que en Chile están sufriendo de manera devastadora el VIH. La mortalidad por sida de las mujeres aimaras es tres veces más alta que el resto del mujeres en Arica y Parinacota”, aseguró Beltrán, apuntando el tema hacia un flanco mediáticamente menos expuesto.

Los migrantes representan el 36 por ciento de los casos de contagio en Chile, cuando en el 2010, según el Ministerio de Salud, representaban el 2,3 por ciento. Esto, sin embargo, de ninguna manera significa que la mayoría de inmigrantes viene con sida, como anotó Romero, o que el 36 por ciento de los inmigrantes está infectado, como se viralizó en las redes sociales.

El historiador César Leyton, coautor del libro Bulevar de los pobres  comenta que, desde los primeros avances en transporte en el siglo XVI, las enfermedades suelen viajar con la población. “Pero este fenómeno tiene cinco siglos”, enfatiza Leyton, “la sífilis se llamaba el mal de los franceses porque se decía que ellos lo llevaban de un lado a otro, o la gripe española, las grandes epidemias tuvieron nombres de países europeos y esto generó una discusión en cuanto a discriminación, que no trascendió porque se trataba de países europeos”.

Por su parte, Beltrán no dudó en destacar que, aunque en el bloque sudamericano la migración sea un tema constante desde hace muchos años, países como Perú lograron bajar su tasa de contagios y otros, como es el caso de Brasil, pudieron mantenerse.

Entonces, ¿cuáles serían las verdaderas causas del aumento de casos de SIDA en el país? Vayamos a las cifras.

VIH1

Según Beltrán, en Ecuador más del 70 por ciento de la población ha pasado por un examen para descartar el contagio, y en Brasil la recepción de medicamentos post exposición después de haber tenido relaciones sexuales sin precaución es obligatoria. “El comportamiento sexual en Latinoamérica es similar”, dice Beltrán, “aunque podemos anotar que, según Senda, Chile tiene el uso de drogas más alta de Latinoamérica y eso puede agravar las conductas de riesgo”.

Además, si nos remontamos a la época de la dictadura, César Leyton recuerda la intervención sociosanitaria del gobierno de Pinochet, así como la finalización de las políticas de control de natalidad con el objetivo de, según consta en un documento de Política y Población de 1979, “generar mayor población para crear mercado”. Dicho de otro modo, los mismos conservadores que hoy reclaman el auge de enfermedades son los mismos que instalaron una política de reproducción humana, más no de control ni de prevención.

No hay que ir muy lejos para recordar que, en el 2015, por ejemplo, diputados de la UDI y RN, partido al cual pertenece Leonidas Romero, se negaron a la entrega de condones femeninos de forma gratuita.

Con respecto de las acusaciones sin fundamento del diputado Romero, la socióloga peruana y académica de la Universidad de Santiago, Lucía Dammert, aseguró que esto está vinculado a tres procesos: una política que abandona la relación con la ciudadanía, la consolidación de grupos conservadores y muchas veces vinculados a profesiones religiosas, así como una permanente sensación de inseguridad económica y de rechazo al otro.

“Antes existía el rumor de que los peruanos habían traído tuberculosis, así como ahora se habla del sida en los venezolanos y haitianos”, recordó Dammert, “pero nunca he visto a un representante político haciendo eco de este tipo de frases”.

A todo esto, según César Leyton, se le puede definir con dos palabras: racismo científico; algo que, explicado de otra forma, utiliza las concepciones de la ciencia para acomodarlas hacia un discurso discriminatorio sin sentido. Sobre todo cuando, en el contexto del SIDA y, en palabras del doctor Carlos Beltrán, hoy en Venezuela se tiene menos posibilidades de contagiarse de VIH que en Chile.

Según ONUSIDA, 0,6 por ciento de cada 100 personas que viven en Chile tienen VIH, mientras que en Venezuela la prevalencia es de 0,4 por ciento. Estas cifras lo respaldan.