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Año XI, 18 de junio de 2019

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Sergio Rodríguez Gelfenstein

Deseos e indignidad: el camino de la oposición en Venezuela

Sergio Rodríguez Gelfenstein | Sábado 12 de enero 2019 11:48 hrs.

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El pasado 20 de octubre, una entrevista realizada a Miguel Henrique Otero por el periódico digital español Diario de Avisos aliado de El Español, otro periódico digital muy cercano al ex presidente José María Aznar, rotuló bajo el titular (que ponía entre comillas una frase de Otero en dicha entrevista) que en su periódico El Nacional: `” Antes de diciembre publicaremos el titular ‘Venezuela vuelve a la democracia”.

Vale decir que la inmoralidad de Otero llega a tal punto que al referirse a su padre solo dice que fue “…una persona muy de izquierdas y tenía un semanario humorístico que se había convertido en un fenómeno en Venezuela”, obviando que fue uno de los mejores escritores e intelectuales venezolanos del siglo XX y olvidando -seguramente por vergüenza- que Miguel Otero Silva fue militante comunista y uno de los 17 participantes en la Primera Conferencia del Partido Comunista de Venezuela realizada en agosto de 1937.

Otero, quien es popularmente conocido en Venezuela con el apodo de “bobolongo” precisamente por haber dilapidado la herencia material y moral y no haber llegado ni remotamente al talante intelectual y a la actitud rebelde su padre y de su madre María Teresa Castillo, incurrió una vez más en la intención de transformar un deseo en postverdad al afirmar, -ante una pregunta del periodista referida a la situación de Venezuela que: “Es un escenario en el que todo indica que está a punto de que ocurra algo. No sé cómo será el modelo de salida, pero veo que antes de diciembre publicaré el titular Venezuela regresa a la democracia”.

El periodista sin reponerse de la sopresa, quiere confirmar el “tubazo” que le dará a sus lectores. Pregunta: “¿Antes de diciembre?”. Con absoluta seguridad y sin duda alguna Otero lo reafirma: “Sí. Veo una alta probabilidad de que eso ocurra. Estamos muy cerca de ese titular”.

Lo cierto es que la democracia nunca se ha ido de Venezuela en los últimos años, como lo confirma la ordenada y tranquila toma de posesión para un nuevo mandato del presidente Maduro en cumplimiento de los resultados electorales del 20 de mayo, y en el marco del funcionamiento de las instituciones de acuerdo al ordenamiento constitucional.

Si uno coloca en el buscador Google la frase “Inminente salida de Maduro” obtendrá en tal solo 0,44 segundos 4.150.000 entradas provenientes de fuentes tan diversas como una vidente que se lo dijo a Jaime Baily, el gobierno de Estados Unidos, el dirigente opositor Chúo Torrelaba, Wall Street, el portal Dolar Today, el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, el Doctor en Educación Javier Vivas Santana en el portal Aporrea y muchos más.

Hay un dicho popular que enuncia que “deseos no empreñan”. No basta con tener intenciones para lograr algo y tal vez sea en política donde ese axioma cobra mayor validez. Ante la incapacidad de la oposición de construir una alternativa creíble, pareciera que sólo les queda la realización de un plan intervencionista externo planificado en el Departamento de Estado como lo evidencian las órdenes dadas por Mike Pompeo al Grupo de Lima a través de una teleconferencia desde Washington, el incremento de las sanciones económicas y las restricciones al comercio de Venezuela, la concentración y despliegue de tropas de Estados Unidos, Colombia y Brasil, en Panamá, Puerto Rico y en esos dos países latinoamericanos, la realización de maniobras militares en el Caribe y en la Amazonía brasileña con la presencia y conducción de las fuerzas armadas de Estados Unidos.

En este contexto, a la diplomacia, instrumento creado para resolver las controversias por métodos pacíficos, se la quiere privar de funciones y efectividad, ante la incapacidad de la Organización de Estados Americanos (OEA) concretar  las sanciones contra Venezuela ordenadas por Estados Unidos,  Rex Tillerson creó el Grupo de Lima para reunir a los países con gobiernos de ultra derecha en contra de Venezuela, sin importar si sus presidentes son ladrones, corruptos, violadores de derechos humanos, o si llegaron al poder por vía democrática, golpe de Estado o fraude. Sinceramente pienso que los ataques de la OEA y el Grupo de Lima contra Venezuela deberían enorgullecer al país, habida cuenta de la catadura moral de la gran mayoría de jefes de Estado que la componen, empezando por Perú, sede de dicho grupo, país en el que los últimos cinco presidentes están presos, perseguidos o enjuiciados por ladrones y corruptos mientras que el actual, fue vicepresidente en el último de ellos.

Resulta tan absurda la lógica diplomática del mundo actual que, dado el apoyo a los chalecos amarillos de Francia de los dos vicepresidentes del Gobierno de Italia, Luigi Di Maio y Matteo Salvini, líderes del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) y la ultraderechista Liga Norte, respectivamente, el gobierno del presidente Emmanuel Macron respondió solicitando a sus pares italianos no inmiscuirse en sus asuntos internos. Sin captar la magnitud esquizofrénica del hecho, Macron ordenó una investigación para saber si Rusia está detrás de ese movimiento que estremece a Francia.

Por otro lado, en una declaración de la jefa de la diplomacia europea Federica Mogherini, el pasado 29 de diciembre, reclama por la expulsión del Embajador de la Unión Europea de la República Democrática del Congo diciendo que “Nada puede justificar este acto arbitrario”.

¿Cómo pueden, entonces estos dos funcionarios europeos, justificar que ellos se inmiscuyan en los asuntos internos de Venezuela, cuando reclaman que otros no lo hagan en los propios? ¿Cómo pueden calificar de acto arbitrario la expulsión de su embajador si están apoyando las medidas del Grupo de Lima, que emitió una declaración en la que dejan abierta esa posibilidad? ¿Por qué no rechazan la decisión de Paraguay en ese sentido? “Nada puede justificar este acto arbitrario” dijo Mogherini, pero está visto que la opinión de estos aspirantes a colonialistas del siglo XXI, tiene doble cara. Han transformado la diplomacia en una actividad hipócrita, falsa, de imposiciones y presiones intervencionistas.

Deseo, por una parte, pero deseo sin soporte constitucional, sin apoyo popular, deseo solo sustentado en la posibilidad de una acción violenta externa y en esta democracia de mentira que propugna y práctica la Unión Europea mientras somete al hambre a Grecia, persigue inmigrantes africanos y árabes, reprime manifestaciones pacíficas en Francia y se subordina de manera vergonzosa e indigna a Estados Unidos, perdiendo todo atisbo de soberanía.

Deseos e indignidades pareciera ser la fórmula de ser feliz en el paraíso capitalista, solo que ese final hollywoodense es posible gracias a la exclusión de la mayoría y el avasallamiento de los gobiernos al poder económico. Así, no conciben que otros puedan elegir una ruta distinta.

En lo inmediato, el camino que lleva la oposición en Venezuela es claro, desconocer al gobierno constitucional, declararse autoridad del país, intentar el quiebre de las fuerzas armadas para producir una guerra civil y solicitar una intervención militar extranjera: deseos tienen, indignidad también, una vez más chocarán con la fuerza de un pueblo que por encima de diferencias políticas, tiene todo el amor por la patria que desprecian estos lacayos.