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Año XI, 17 de enero de 2019

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Suman y siguen: la novena protesta de los chalecos amarillos

Situación normal en la mañana y choques en la tarde caracterizaron las manifestaciones que tuvieron lugar este sábado en Francia. Desde mediados de la tarde, en los Campos Elíseos, las fuerzas del orden lanzaron gases lacrimógenos, balas de goma y chorros de agua.

RFI

  Sábado 12 de enero 2019 10:41 hrs. 
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Algunos centenares de manifestantes que se dieron cita en los Campos Elíseos se han enfrentado esporádicamente a las fuerzas del orden que han respondido con gases lacrimógenos, balas de goma y chorros de agua.

En esta avenida, han tenido lugar violentos enfrentamientos las últimas semanas con las fuerzas del orden.

Las fuerzas de seguridad habían establecido ahí un impresionante perímetro de seguridad con calles y varias estaciones de metro permanecían cerradas.

Hay varios vehículos blindados en la plaza donde se encuentra el Arco del Triunfo, uno de los símbolos más representativos de París que fue saqueado hace unas semanas por manifestantes.

Una vez más han sido desplegados 80.000 efectivos de la fuerza pública en todo el país, un despliegue similar al que tuvo lugar tras la jornada más violenta de las protestas, el primero de diciembre pasado.

Las autoridades estiman en 32.000 personas en toda Francia y 8.000 en París el número de manifestantes. Hoy tienen lugar manifestaciones en Burdeos, Marsella, Toulouse, Lyon, Caen, Rouen, Estrasburgo, Lille, Nantes, Metz, Nancy Rennes, Nîmes, Bar-le-Duc, Besançon y Saint-Brieuc, entre otros lugares.

Cerca de medio centenar de personas han sido detenidas en París acusadas de porte ilegal de armas prohibidas y participación en un grupo con la intención de cometer actos de violencia, informó la prefectura de policía.

Algunos líderes del movimiento hicieron un llamado para hacer una gran concentración en Bourges, localidad del centro del país, con el fin de “demostrar nuestra unidad”, según dijo una de las figuras de los “chalecos amarillos”, Priscillia Ludosky.

Unas 1500 personas llegaron a esa localidad a pesar de que el prefecto de la región había prohibido todas las concentraciones en el centro histórico. Los museos, los jardínes y los edificios públicos fueron cerrados para impedir desmanes.