Diario y Radio U Chile

Año XI, 18 de octubre de 2019

Escritorio

Un oasis en el desierto: La escasez de librerías en regiones

Recoletras se convirtió en la primera librería popular de Chile y su aparición puso al descubierto, gracias a un estudio de Fundación Vivienda, el complicado o casi nulo acceso a los libros en algunas comunas de Santiago. Sin embargo, en regiones el panorama es aún peor. Diego Álamos, fundador de la única librería en San Pedro de Atacama, comentó a nuestro medio cómo se mueve la industria del libro en pleno desierto y que "vive en una atemporalidad y no necesita best sellers”.

Eduardo Andrade

  Sábado 2 de febrero 2019 10:47 hrs. 
diego-álamos

Hace no más de tres años, Diego Álamos colocó una librería en medio del desierto. Mandó a elaborar un quiosco de madera de aproximadamente ocho por dos metros cuadrados -no lo recuerda muy bien-, que hoy parece inamovible en todas las rutas turísticas a San Pedro de Atacama, uno de los principales destinos turísticos del norte del país y perteneciente a una zona en donde, según un estudio de Editores de Chile, no existen más de nueve librerías en total.

La región de Antofagasta tiene más de 600 mil habitantes. Algo que en proporción a sus librerías, dejaría un saldo aproximado de 66 mil habitantes por librería. Prácticamente un desierto de libros. Por eso, Álamos la llamó así: librería El desierto.

“Habrá unas cinco librerías y en realidad la industria del libro no está muy desarrollada, pero si hay oferta para la demanda que hay. En la capital de Antofagasta solamente hay una librería en un mall que se concentra en best sellers, entonces, no se ve una librería que rescate la historia o un arraigo cultural con la ciudad”, aseguró el librero.

Esta realidad contrasta directamente con un estudio publicado la semana pasada por la Fundación Vivienda, luego de que el alcalde de Recoleta, Daniel Jadue, inaugurara en su comuna la primera librería popular de Chile y asegurara que en su comuna no existe ni una sola librería.

Efectivamente, dicha publicación determinó que en Santiago solo el 26,8 por ciento de la población se encuentra a quince minutos de un libro y que en comunas como Pudahuel la única librería es la de una tienda comercial dentro del aeropuerto.

La librería de Álamos es la única en San Pedro de Atacama. Hace solo ocho meses, inauguró también un local extra en el centro para poder abarcar más público o derivarlos a El Desierto, pero en la región en Antofagasta, según un estudio de Editores de Chile publicado en el 2018, no existen más de nueve así y dos supermercados Jumbo que ofrecen solo los libros más vendidos.

Librería

“Curiosamente en San Pedro no se vive en la actualidad. Porque no hay medios de prensa, diarios. Se vive como en una atemporalidad y no se necesitan best sellers. Hay algunas personas que andan buscando el último libro de Paulo Coelho, pero en general el público no espera eso o ni siquiera sabe”, explica Álamos.

La competencia más cercana de El desierto es justamente un Jumbo ubicado en Calama, pero la oferta es distinta, según el librero. En su mesón de recomendaciones, por ejemplo, Álamos aseguró que ofrece libros de editoriales independientes que compra de distribuidores encargados de agrupar a varios sellos, pero muy pocos de Santiago y Valparaíso.

Sobre la propuesta de la librería popular en Recoleta, Álamos dijo que se habló mucho en el rubro y que efectivamente es cierto que los costos administrativos asumidos por la municipalidad no afectan a las editoriales, pero quizás sí a los libreros. Sin embargo, no tarda en reconocer que la competencia en Recoleta era nula.

De darse una iniciativa así en su comuna, afirma, el cambio podría afectarle directamente, mas no así en otras comunas sin presencia de librerías.

Álamos respalda la propuesta de Jadue, pero asegura que en una iniciativa así es muchas veces de corte meramente político y que corre el riesgo de no ser considerada en la siguiente gestión. Es decir, desaparecer.

Además, no duda en hacer un llamado a las editoriales de la zona centro para que se atrevan “a salir un poco de sus narices” y distribuir sus libros también en otras regiones.