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Macarena Ponce de León: “La idea es ser un museo de primera línea en Latinoamérica”

La nueva directora lidera la radical transformación que sufrirá el Museo Histórico Nacional, con un nuevo edificio y guion museográfico. Acá entrega detalles sobre el proyecto, habla del polémico 2018 que vivió la institución y de sus propios anhelos: “Me gustaría dejar un museo nuevo”, dice.

Rodrigo Alarcón L.

  Lunes 18 de febrero 2019 9:05 hrs. 





En poco más de dos semanas, el Museo Histórico Nacional (MHN) cerrará sus puertas por largo tiempo. El martes 5 de marzo funcionará en horario extendido, hasta las 22 horas, con una visita nocturna al mirador que da hacia la Plaza de Armas y una liquidación de libros, entre otras actividades (detalles acá).

Será la última ocasión para visitar un espacio que permanecerá cerrado por dos o tres años. En ese lapso de tiempo se concretará un ambicioso proyecto de remodelación y ampliación, a cargo de la oficina de arquitectos Aguiló y Pedraza, y se definirá un nuevo guion museográfico, que extenderá el relato de la muestra hasta 2010.

Quien liderará ese proceso es Macarena Ponce de León (47), licenciada y doctorada en historia de la Universidad Católica y diplomada en la Universidad París 1 Panteón-Sorbona, quien asumió como directora en los primeros días de enero. Su periodo será de tres años y puede ser renovado por el ministerio de las Culturas.

Acostumbrada a su labor como profesora e investigadora en la UC, especializada en historia social y política de Chile del siglo XIX y XX, hoy Macarena Ponce de León está en una posición radicalmente distinta: “Vengo súper formateada en la academia y esto significa cambiar de público, de temas, de plataformas”, explica junto a su nueva oficina, en el antiguo Palacio de la Real Audiencia. “No lo había visto así, pero me he dado cuenta que esto es un cambio histórico para el museo”.

El proyecto considera la construcción de un nuevo edificio de 3.577 metros cuadrados, que se añadirá a los 3.180 m2 donde hoy se exhibe apenas un uno por ciento de los casi 550 mil objetos que resguarda la institución. Serán tres nuevas salas y cinco subterráneos que albergarán depósitos, laboratorios, espacios de exhibición, un auditorio y una cafetería, entre otras novedades. “El principal beneficio es dar cuenta de una historia más rica, porque el museo tiene colecciones realmente excelentes que están guardadas y eso es una pena”, dice la nueva directora. “Tampoco se trata de atiborrar las salas. Hay una conversación entre un edificio patrimonial y otro súper moderno, con detalles en la iluminación, los materiales y las conexiones. Por eso, hay que pensar muy bien la museografía”.

Imagen: Aguiló + Pedraza.

Imagen: Aguiló + Pedraza.

Aunque admite que se han observado ejemplos en países como España, Inglaterra y Alemania, Macarena Ponce de León enfatiza que es una iniciativa inédita en Chile: “Por la ubicación del MHN, por su relevancia y por los temas que va a tratar, la idea es que sea un museo de primera línea en Latinoamérica, que sea un referente, que converse con los grandes museos internacionales. Es importante tener alianzas con esos museos y aprender de ellos”.

El proyecto también contempla la anunciada Sala de la Democracia, que tendrá 1.800 m2 y se ubicará en dos pisos del contiguo edificio de Correos: “Habrá una conexión interna, entonces vas a tener que entrar al MHN para llegar a la sala. El museo se hará cargo no solo de la gestión, sino de todo lo que tiene que ver con educación ciudadana y educación para la democracia”, dice.

Por otra parte, el nuevo guion museográfico se elaborará a partir de un análisis que se ha desarrollado durante los últimos seis años, explica Macarena Ponce de León: “Terminó el diagnóstico y estamos pasando a una segunda fase, la más difícil. Primero, hay que pensar cuáles son los grandes procesos de los cuales se va a hacer cargo el museo. El guion va a ser temático, al menos esa es una propuesta que yo considero buena, porque permite hacer énfasis y que no sea una cronología plana. Después hay que dotar esos ejes de contenido y eso significa hacer un cruce con las colecciones, con los objetos. En eso estamos”.

En esa etapa intervendrá el equipo del museo y una comisión de expertos, definida junto al ministerio de las Culturas y el Servicio Nacional del Patrimonio, en la que participarán historiadores, autoridades y representantes de los museos regionales, entre otros actores. “No están los nombres, pero están definidos los perfiles. Queremos que se incorpore al menos un Premio Nacional de Historia, por ejemplo”, adelanta Ponce de León.

¿Hay plazos definidos para ese proceso?

Se han definido de acuerdo al itinerario de la infraestructura, porque no podemos estar desfasados con el avance del edificio. La idea es inaugurar algunas salas en diciembre de 2021. El nuevo guion ya estaría zanjado y la idea es parcelar un poco el proyecto, tanto de la infraestructura como de la museografía. Como es un proyecto súper ambicioso, va a demorar y lo más realista es ir definiendo etapas.

Usted ha dicho que el museo debe incluir “nuevas miradas” y que hoy “hay actores que no están suficientemente relevados”. ¿A qué se refiere exactamente?

Es el diagnóstico al que llegó este largo estudio sobre la muestra actual y yo comparto la crítica. La muestra da cuenta de una historia política superada por la disciplina y la idea es que este guion -todavía no sé cómo- dé cuenta de identidades culturales más diversas. Hay que hacerse cargo de un concepto político de nación, pero también cultural y social. Hay actores que no están suficientemente relevados o están tratados como folclor. El campo es un actor político súper relevante en el siglo XIX y XX y no está puesto así. Los sectores populares no están tampoco como actores propiamente de la historia, con sus prácticas y espacios. También hay que volver a pensar el siglo XX: desde la década del ‘60 en adelante hay que hacer un trabajo importante de colecciones, porque ahí hay una historia súper bullente que no está contada.

El MHN fue fundado en 1911 y hasta hoy funciona junto a la Plaza de Armas.

El MHN fue fundado en 1911 y hasta hoy funciona junto a la Plaza de Armas.

Mientras el museo esté cerrado, ¿se van a hacer itinerancias?

Estamos armando una agenda que ya está casi copada y vamos a tener que priorizar qué espacios son más adecuados. Creo que vamos a partir con una exposición sobre la historia del museo, del edificio y del proyecto. También tenemos ganas de abrir nuevas plataformas, tener presencia fuerte en redes sociales. Ya tenemos un programa de radio y hay un par de proyectos virtuales de educación muy bonitos. Tenemos que saber usar los celulares para llegar a la gente, que son una herramienta democratizadora, y también tenemos que ocupar la ciudad.

Con esta mega revolución que está viviendo, este museo parte un nuevo ciclo. Son las mismas colecciones, pero es un nuevo museo que va a estar en diálogo con la ciudadanía, que quiere contar una historia más cercana, más amable y en diálogo.

¿Va a ser un nuevo museo, así de claro?

Yo creo que sí, pero hay que tener cuidado con la frase. Soy enemiga del borrón y cuenta nueva. Yo no vengo a refundar nada, no hay ánimo refundacionista ni en mí, ni en el equipo ni en nadie. Son las mismas colecciones del museo y es una nueva forma de mostrarlas. La nueva pregunta es qué se puede hacer con ellas.

¿Era imposible mantener el museo parcialmente abierto?

Yo hice la misma pregunta cuando llegué, porque es mucho tiempo cerrado, pero he llegado a la conclusión de que es lo mejor. El encargo arquitectónico es gigantesco, es un hoyo de cinco subterráneos y se va a levantar una cantidad enorme de polvo. El patio va a ser parte de la faena, entonces no había ninguna posibilidad de visitar un pedazo del museo pensando así la obra. Además, he conversado con un par de museos que lo han hecho, que han tenido que hacer siete mudanzas dentro del mismo museo y no sé qué tan beneficioso fue. Ya está definido así, es necesario.

El año pasado se cerró la exposición Hijos de la libertad por una fuerte polémica que terminó con la salida del director del museo, pero ese proyecto contemplaba otras dos muestras en las que se había avanzado. ¿Se van a retomar esas exposiciones o se perdieron?

También fue una de las primeras preguntas que hice cuando llegué, a la ministra (Consuelo Valdés) y al subsecretario (Emilio de la Cerda). Se decidió relevar el futuro, que es el nuevo proyecto, y la decisión fue pararlas. Yo llegué cuando esa decisión estaba tomada y si estamos con una agenda de exposiciones itinerantes, vale la pena partir por el proyecto y este nuevo museo. No hubiera sido bueno heredar un ciclo de exposiciones tan marcado.

Como historiadora, ¿qué opinión tuvo sobre esa controversia?

No voy a comentar lo que pasó con el director, pero sí tengo mi opinión sobre la curatoría de la exposición. Creo que nunca se nos puede olvidar que este es un museo histórico y que el guion tiene que ser muy transparente y didáctico. Entiendo perfecto el guiño que se incorporó, pero creo que no correspondía. O la factura era impecable y se entendía lo que querías mostrar, o mejor que no.

¿Es una lección para el nuevo guion?

Por supuesto, pero eso no significa que haya temas que no se pueden tocar para no meternos en enredos. La historia es conflictiva, hay interpretaciones diversas, pero importa el rigor disciplinario, histórico y museográfico. El museo nunca había estado tanto en el diario, pero mi conclusión es positiva: a la larga, lo que nos enseñó el año pasado es que la historia nos importa más de lo que parece, que uno no puede llegar y hacer lo que quiera. Hay un cariño y una identificación que el museo debe usar a favor. Si hay algo que nos puede enseñar a vivir a todos juntos, siendo distintos, es la conciencia de formar parte de una historia común.

¿Qué le gustaría dejar al fin de su periodo como directora?

Me gustaría dejar un museo nuevo. Estoy recién partiendo, contenta y aprendiendo, pero me encantaría terminar el guion, verlo museográficamente y dejar este museo funcionando, renovado. También soy consciente de que este es un cargo bien político, que no está comprado por tres años, y hay que hacerlo bien. Mi idea es hacerlo lo mejor posible, con el museo y con el equipo.

Foto: Universidad Católica.