Diario y Radio U Chile

Año XI, 22 de mayo de 2019

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Patricio López

Preguntas salmoneras para la región de Magallanes y los reyes de Noruega

Patricio López | Jueves 28 de marzo 2019 10:32 hrs.

Las visitas diplomáticas nunca son meramente diplomáticas. A veces es en los asientos traseros de los aviones y en las reuniones laterales de las comitivas presidenciales donde están las respuestas a las preguntas más importantes.

Es lo que ocurre con el arribo de los reyes de Noruega -Harald V y Sonja- quienes llegaron al país en el contexto de una visita de Estado que cursó el presidente Sebastián Piñera, con quien se reunieron este miércoles. Pero luego de ello es donde probablemente viene lo fundamental: se apersonarán en Puerto Williams, acompañados de alrededor de 60 empresarios de ese país.

La revisión de la agenda de la visita y de la delegación oficial nos permite concluir que, más que una visita de los reyes al país, se trata de una visita de empresarios salmoneros encabezada por los reyes. En principio no tiene nada de malo, si no fuera porque esta industria, cuya existencia en Chile tiene capitales mayoritariamente noruegos, ha construido a estas alturas un historial de desastres medioambientales y sociales sin que nuestro país se haya permitido la pregunta de si quiere continuar por el mismo camino.

Desde hace dos décadas las organizaciones medioambientales vienen denunciando el doble estándar: las empresas noruegas trabajan en Noruega con estándares completamente distintos a los de Chile. No es seguramente culpa de ellas, pues acá hacen lo que la autoridad y la ley les permiten. Debido a que aquí los sueldos y los estándares medioambientales son más bajos, unidos a las extraordinarias condiciones geográficas y climáticas, hacen que el negocio sea muy conveniente en este lado del mundo.

Hace dos décadas, cuando empezaron las primeras denuncias por parte de centros de estudios de la sociedad civil, la industria salmonera respondía con desdén que era inocua, pero esa afirmación es a estas alturas una evidente falacia. Ya se sabe que está construida sobre la desaparición de los puestos de trabajo de la pesca artesanal, con condiciones de trabajo donde, desde entonces y hasta el día de hoy, se denuncian las bajas temperaturas y la imposibilidad de ir al baño, a la par que se produce la destrucción de los ecosistemas lacustres y costeros.

Esto, cuando explotan problemas, se expresa en una devastación absoluta. La crisis del virus ISA, a mediados de la década pasada, se tradujo en la eliminación de miles de puestos de trabajo, dando lugar a un batallón de cesantes que empezaron a deambular por Puerto Montt y otras ciudades aledañas. A esas alturas y luego de que la zona no pudiera rendir más para los inversionistas, ya se había iniciado el traslado hacia Chiloé, donde posteriormente se produjo una grave crisis social y medioambiental, de la cual también se responsabilizó a la industria salmonera. El último capítulo es que la industria crece y crece hacia el sur hasta llegar a Magallanes, sin que se haya sacado una lección sobre los graves episodios anteriores, más al norte.

En los meses precedentes, hemos visto cómo la llegada al extremo sur de nuestro país, como por ejemplo en el Canal del Beagle, ha producido manifestaciones a ambos lados de la frontera. En marzo de 2018, el gobierno de Mauricio Macri ya había suscrito un acuerdo con su par noruego para entregar concesiones al sur de ese país. Pero allá, empezó de inmediato una movilización de organizaciones medioambientales, sociales y chefs del país en contra de esta política, sacando incluso el salmón noruego de los restaurantes y usando en común una idea fuerza que debería resonar muy fuerte acá: “no queremos ser como Chile”.

         Y así como en Argentina no quieren ser como Chile, la región de Magallanes y en particular el Cabo de Hornos ¿Quiere ser como Puerto Montt? ¿Como Chiloé? ¿Qué es lo que dice el Gobierno al respecto? Y, si no fuera una insolencia ¿Qué opinan sus altezas al respecto?

 

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