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La belleza de lo cotidiano: Llegan a Chile más de 100 imágenes del fotógrafo Robert Doisneau

La exposición se presentará hasta el 8 de diciembre en el Centro Cultural Las Condes. Nacido en 1912 en Gentilly, cerca de París, Doisneau es uno de los fotógrafos más relevantes de la segunda mitad del siglo XX.

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  Miércoles 9 de octubre 2019 11:10 hrs. 
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El beso del Hotel de Ville, de 1950, es una de las fotografías más populares de la historia y un ícono por excelencia de la ciudad de París. Aunque ha sido motivo de investigaciones y polémicas, y hasta hoy se discute la manera en que fue captada, es sin duda  un símbolo de la posguerra europea.

Esta famosa imagen en blanco y negro integra la gran exposición de Robert Doisneau (1912-1994) que la Corporación Cultural de Las Condes trae a Chile, con la gestión de Verónica Besnier y el apoyo del Instituto Francés de Chile y la Cámara Franco Chilena, presenta en el país. 

La muestra Robert Doisneau. La belleza de lo cotidiano, que se exhibe en las salas del Centro Cultural Las Condes entre el 8 de octubre y 8 de diciembre,  reúne varias de las obras más emblemáticas del artista y otras muy poco vistas que descubrirán una faceta inesperada y desconocida.

El conjunto de más de cien fotografías realizadas entre 1929 y 1973, ha sido preparado especialmente por su hija Francine Deroudille, con los fondos de la colección Atelier Robert Doisneau, y contempla dos series, La belleza de lo cotidiano y Palm Springs, que demuestran su versatilidad y ayudan a conocer mejor la obra de una de las figuras cumbre de la fotografía francesa, quien se empeñaba en mostrar la vida no como es, sino como a él le hubiera gustado que fuera.

El reloj de la escuela, Paris, 1956

La primera parte de la exposición, La belleza de lo cotidiano comprende 80 fotografías en blanco y negro, gran parte de ellas originales de la época e incluso copiadas por el propio autor. Se exhiben las emblemáticas El beso del Hotel de VilleMademoiselle AnitaEl ingeniero en un gasómetroLa familia del lavandero o Los panes de Picasso y otras hasta hoy nunca vistas por el público o muy poco difundidas.

Son imágenes esenciales que resumen su obra fotográfica, como los retratos de la periferia gris, las fábricas, algunos niños solitarios o rebeldes, la guerra en el flanco de la Resistencia, el trabajo o las fiestas de un pequeño pueblo parisino, las escapadas a la campiña francesa, el reencuentro fugaz entre artistas, la gente del espectáculo, el mundo de la moda.

A su vez, Palm Springs es una sorprendente e irónica producción realizada en 1960, que incorpora el color y un lenguaje cercano al pop y que fue recuperada por la familia Doisneau recién hace una década. Se trata de un reportaje, solicitado por la revista Fortune, a la construcción de campos de golf en Palm Springs, refugio de jubilados americanos adinerados en el desierto de Colorado, que sirvió al autor para inmortalizar de forma divertida un “planeta artificial repintado de suaves colores”. Una mirada satírica a la sociedad del lujo.

Autorretrato con Rolleiflex, 1947

El fotógrafo

Nacido en 1912 en Gentilly, cerca de París, Doisneau se formó inicialmente como litógrafo y grabador. Su carrera como fotógrafo comenzó a principios de los años 30 de la mano del artista André Vigneau, a quien asistía en su taller de pintura, escultura y fotografía.

Desde 1934 hasta 1939 trabajó como fotógrafo profesional para la empresa Renault en Billancourt. En 1939 tomó la decisión de tomar sus imágenes de manera independiente y dedicarse al fotoperiodismo incorporándose a Rapho. Fue el año que estalló la Segunda Guerra Mundial, por lo que tuvo que abandonar su sueño y alistarse en el ejército francés. Estuvo allí hasta el final de la guerra, colaborando en el bando de la Resistencia.

Su primer libro, un proyecto conjunto con Blaise Cendrars, La Banlieu de Paris (Las afueras de París), se publicó en 1949, al mismo tiempo que iniciaba su trabajo como freelance para la revista Vogue. El éxito fue inmediato, sus fotos se hicieron famosas en todo el mundo y Doisneau se convirtió, quizás sin ni siquiera desearlo, en el “retratista” de una ciudad, París, y de un mundo, en parte real y en parte inventado por él, en el que sería hermoso vivir.