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A los cien años fallece el compositor Juan Orrego Salas

El músico, ganador del Premio Nacional en 1992, se formó en el Conservatorio Nacional y se estableció en la década de los ‘60 en Estados Unidos. "Es uno de los más completos que ha habido en Chile", dicen los especialistas.

Rodrigo Alarcón L.

  Lunes 25 de noviembre 2019 18:23 hrs. 
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Este lunes se dio a conocer el fallecimiento del compositor chileno Juan Orrego Salas, ocurrido el pasado domingo en Bloomington, Indiana (Estados Unidos), la ciudad en la que se estableció desde comienzos de los ‘60.

El músico, ganador del Premio Nacional de Artes en 1992, había cumplido cien años el pasado 18 de enero, lo que había motivado diversas celebraciones. La Orquesta Sinfónica Nacional interpretó su Obertura festiva en uno de sus conciertos, la Sinfónica Nacional Juvenil abordó la misma obra en su gira europea y el Departamento de Música de nuestra casa de estudios incluyó un tributo en su propia temporada.

Según detalla la Universidad de Chile, Juan Orrego Salas estudió entre 1936 y 1943 en el Conservatorio Nacional, adscrito a la Facultad de Bellas Artes. Viajó a Estados Unidos becado por las fundaciones Rockefeller y Guggenheim entre 1944 y 1946 y estudió en las universidades de Columbia y Princeton.

Luego, en 1942, inició su carrera como docente en la Universidad de Chile. En 1949 se convirtió en el editor de la Revista Musical Chilena, cargo que desempeñó hasta 1953, y también fue crítico musical del diario El Mercurio, entre 1950 y 1961.

Entre 1957 y 1959 fue director del Instituto de Extensión Musical y del Departamento de Música de la Pontificia Universidad Católica (1959-1961).

En 1961 se radicó en Estados Unidos para desempeñarse como profesor en la Universidad de Indiana. Gracias al financiamiento de la Fundación Rockefeller creó el Centro Latinoamericano de Música de esa universidad y en 1975 pasó a ser director del Departamento de Composición.

Su catálogo comprende más de un centenar de composiciones, además de una vasta contribución de artículos musicales para diarios, revistas y estudios musicológicos.

Completo e internacional

“Es uno de los compositores más completos que ha habido en Chile”, señala el musicólogo Luis Merino. “Escribió música de cámara, sinfónica, instrumental, coral, canciones, música vocal con orquesta, ópera, música para piano, para ballet. Fue un compositor muy completo y hay obras que marcaron hitos importantes en su creación, como la Misa en tiempos de discordia, el Oratorio en los días de Dios, las tres primeras sinfonías, las Canciones castellanas y muchas otras que marcaron hitos importantes en la creación musical chilena”.

El académico de la Universidad de Chile considera que Orrego Salas desarrolló una “dirección cultural musical” que tuvo particular relevancia en el centro académico que fundó en Indiana: “Lo que hizo fue preservar una colección muy amplia de música de concierto de América Latina y darla a conocer. Realizó varios festivales que permitieron apreciar la música desde una perspectiva más continental, además de encuentros musicológicos. En síntesis, proyectó la cultura musical de América Latina a los Estados Unidos y también a Europa, en una época en que no había internet. Ni siquiera existían los cassettes”, explica. 

En un momento dado, si uno quería tener una obra de Ecuador, de Brasil, de donde fuera, había que dirigirse a Bloomington, porque ahí estaban las partituras”, valora por su parte el director Juan Pablo Izquierdo, quien lo tuvo como uno de sus primeros maestros. “Era un hombre muy amplio y tenía perfecta comprensión de distintos estilos y aproximaciones a la composición”. 

Según Izquierdo, Orrego Salas debe ser el autor chileno más interpretado en el circuito internacional: “Sobre todo en una cierta época de su producción, estaba constantemente siendo ejecutado en Estados Unidos y Europa, además de Chile. Aquí hizo su base, se tocó muchísimo su música”, recuerda.

Incluso tendió un puente hacia la música popular. En 1982, Quilapayún publicó el disco La revolución y las estrellas, en el que incluyó su obra “Un canto para Bolívar”, con versos de Pablo Neruda.

La pieza se creó entre cartas y cintas que circularon por correo entre Indiana y París, donde el grupo estaba exiliado. “Nunca nos encontramos, pero siempre nos escribimos”, recuerda Eduardo Carrasco. “Hubo que hacer un trabajo muy fino, sobre todo con las voces. De todas las obras que ha interpretado Quilapayún, la de Juan Orrego es la más exigente desde ese punto de vista, porque responde absolutamente a los criterios de la música clásica. Él manejaba muy bien los coros, entonces esas partes eran bien exigentes. Creo que esa grabación fue un gran logro para nosotros”.

A través de Ediciones Radio Universidad de Chile, Juan Orrego Salas había publicado en 1992 el libro autobiográfico Testimonios y fantasías. Improvisaciones en mi computador. 

*Artículo actualizado con reacciones a la muerte de Juan Orrego Salas. 
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