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Año XI, 13 de diciembre de 2019

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Gary González

Impuestos verdes: menos de impuesto y más de verde

Gary González | Miércoles 27 de noviembre 2019 13:56 hrs.

En el marco del estallido social que vive el país, parte de la discusión lleva a analizar la modernización tributaria que requiere el país. Ante ello, no podemos sino remarcar la importancia que tiene uno de los gravámenes del que poco se escucha: el impuesto verde.

En septiembre del 2014, como parte de la reforma tributaria del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet, nace en nuestro país el impuesto verde a fuentes fijas, introduciendo de esta forma un instrumento económico para apoyar la gestión ambiental cuyo objetivo es contribuir en la reducción de la contaminación local y global. El impuesto verde, según la Ley 20.780, grava las emisiones al aire de Material Particulado (MP), Óxido de Nitrógeno (NOx), Dióxido de Azufre (SO2) y Dióxido de Carbono (CO2), producidas por calderas o turbinas que sumen una potencia térmica mayor o igual a 50 MWt (megavatios térmicos).

Si bien se especuló bastante sobre cuál sería el monto total de recaudación, en abril de 2018 ingresó por primera vez a las arcas fiscales un total de US$ 181 millones provenientes de este impuesto. De ese monto, el 95% del total fue pagado por centrales termoeléctricas, de las cuales el 68% provino de centrales térmicas a carbón, lo que por una parte refleja lo importante que sigue siendo este tipo de generación para nuestra matriz eléctrica y también lo contaminante que es. La termoelectricidad a carbón produce el 91% de las emisiones totales de Dióxido de Carbono (CO2) del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), el 88% del Material Particulado (MP), el 97% de las emisiones de Dióxido de Azufre (SO2) y el 91% de las emisiones totales de Óxido de Nitrógeno (NOx). Estas emisiones no solo inciden en el calentamiento global, sino que afectan gravemente a la salud de la población y de los ecosistemas circundantes, tal como sucede en las denominadas “zonas de sacrificio”.

Es importante mencionar que un gravamen como el impuesto verde debería cumplir dos objetivos: el de recaudar, por un lado, y también el de corregir una externalidad negativa, por otro. En otras palabras, como instrumento económico usado para contribuir a la gestión ambiental, tiene como propósito valorizar económicamente las externalidades ambientales negativas que un individuo o empresa pueda realizar, como sería en este caso la contaminación del aire. Una vez que las empresas contaminantes han asumido el daño o deterioro que le producen a la sociedad, deben decidir si prefieren pagar el impuesto en vez de reducir las emisiones o reducir sus emisiones y disminuir el impuesto a pagar. Por ello es importante que el monto del impuesto a pagar sea significativamente alto y de esa forma incentive la reducción de emisiones, y por consiguiente la reducción o el no pago de este impuesto, con ello se podría cumplir el objetivo y este pasaría realmente a ser un impuesto verde, pues estimularía la protección del medio ambiente y la salud de las personas como, asimismo, estimular el uso de tecnologías más limpias.

Justamente lo anterior ha sido una de las principales críticas locales al impuesto verde, ya que, así como el sistema de despacho compra la electricidad disponible desde la más barata a la más cara, se cuestiona que no se adicione este gravamen al cálculo, ya que en la práctica es parte de los costos. No hacerlo puede generar que una unidad a carbón ingrese primero al sistema que una a gas o una proveniente de ERNC, porque sin la consideración del impuesto, en el cálculo es más barata. Si bien los impuestos en términos económicos siempre se aplican una vez ocurrida la externalidad y no antes, desde el punto de vista de la operación del sistema eléctrico, actualmente no se les resta competitividad a las centrales contaminantes, y como consecuencia, no existe una reducción efectiva de las emisiones. Es decir, el mercado eléctrico no se está haciendo cargo del costo que la emisión tiene para la sociedad y los ecosistemas.

Dado que el cronograma de descarbonización presentado por el gobierno ha sido poco ambicioso, desde Fundación Terram nos preocupa además, considerando la actual agitación social que atraviesa el país, que por parte del gobierno se le esté dando demasiada urgencia a lograr acuerdos en materia de modernización tributaria y que, sin embargo, no se le preste la suficiente atención que el impuesto verde necesita, lo que refleja el poco entendimiento de la importancia que este gravamen tiene en la lucha contra el cambio climático, pues será este el que acelerará cada vez más los cambios sociales. Sabemos que las centrales termoeléctricas a carbón son las que concentran el pago del impuesto verde al ser las más contaminantes, por lo que, junto con incrementarlo, es necesario realizar las modificaciones necesarias para que finalmente tecnologías sucias como el carbón dejen de ser rentables y podamos limpiar, de una vez por todas, la matriz eléctrica de nuestro país.

 

El autor es Economista de Fundación Terram.