Diario y Radio Universidad Chile

Escritorio MENÚ

2019: El año en que Latinoamérica dijo no al neoliberalismo

Fue, Latinoamérica, el actor principal en el escenario internacional, pues la calma de la que algunos presumían se desvaneció para dar paso a conflictos nacionales en donde la población cuestionó y enfrentó el orden establecido. Tres analistas internacionales dan su visión al respecto.

Camilo Villa J.

  Martes 31 de diciembre 2019 10:25 hrs. 
rgrgre

2019, un año inolvidable para Latinoamérica. Seis elecciones presidenciales, giros en los gobiernos, la economía estancada, presidentes auto-proclamados e, incluso, un golpe de Estado en Bolivia, en tiempos que creíamos que aquellas prácticas ya eran cosas del pasado.

Todo esto en un solo año que no se quedó tan solo allí, sino que terminó con la ciudadanía y los movimientos sociales como protagonistas. Casos emblemáticos son Ecuador y Chile, este último país suma un ingrediente a su haber: era considerado el modelo económico y político de la región, imagen que se destruyó con tan solo una pequeña alza del Metro.

Fue, Latinoamérica, el actor principal en el escenario internacional, pues la calma de la que algunos presumían se desvaneció para dar paso a conflictos nacionales en donde la población cuestionó y enfrentó el orden establecido.

Es evidente una crisis, misma que llega como consecuencia directa de un proceso democratizador de años y que ayudó a empoderar a la gente respecto de la realidad en la que vive. Así lo cree Pamela Figueroa, analista internacional y académica de la Universidad de Santiago, quien afirmó que tanto la democracia como la economía implementada en la región no fueron capaces de tomar las demandas ciudadanas y dar soluciones a estas. Al contrario, se hicieron parte del problema.

“La gente está más organizada y eso es consecuencia del proceso democratizador, del proceso en que América Latina tuvo democracia estable por más de 30 años y con una economía abierta. Pero la economía abierta no logró resolver la desigualdad, por tanto, hoy se requiere transitar hacia una economía que tenga mucho más foco en derechos. A la vez, la democracia no fue capaz de canalizar todas las demandas ciudadanas, por tanto, se requiere una democracia que tenga más mecanismos de participación y de deliberación democrática, y no solamente como democracia representativa”.

efwfewwefwfe

En ese sentido, la especialista aseguró que hay un desajuste entre las demandas sociales y los sistemas políticos, problema que cada una de las naciones de la región ha ido resolviendo de manera diferente.

“Muchos procesos sociales y políticos de la región tendieron a cristalizarse y a buscar salidas, algunas salidas más institucionales que otras. Todo esto debido a que existe una sociedad civil bastante más explosiva en términos de ir expresando demandas que venían desde hace bastante tiempo y que en lo que más se notó fue en el desajuste del cambio social con el sistema político que se configuró en la región. Un sistema político de democracia liberal que se acompañó con una economía capitalista, situación que generó tensión y los distintos países la han ido resolviendo de distintas maneras”.

A opinión de Guillermo Holzmann, analista internacional y académico de la Universidad de Valparaíso, el 2019 latinoamericano fue un año especialmente complejo.

Para él, la guerra comercial entre Estados Unidos y China influyó drásticamente en el estancamiento económico del continente y, en cuanto a lo político, la falta de instancias regionales (CELAC, UNASUR, Alianza del Pacífico, etc.) también ha mermado la coordinación multilateral y la política interna de las distintas naciones.

Lo anterior, junto a factores de precarización y marginación política y económica de la población, explican, en gran medida, los cuestionamientos al modelo neoliberal implementado en América Latina, cuestionamientos que plantean, necesariamente, un nuevo modelo que, para Holzmann, debiese tener una mayor participación de los Estados.

“A todas luces, dado el comportamiento de la situación a nivel mundial, ese modelo debiera ser una nueva ecuación entre Estado y mercado, con un Estado con mayor responsabilidad en el sentido de proteger al ciudadano, darle mejor calidad de vida en el ámbito de la educación, pensión, salud, seguridad, evitar la corrupción estatal donde quienes están dentro de la estructura del poder han olvidado al ciudadano”.

En esta perspectiva, y según el analista, la región se encuentra en un proceso de revolución política.

“En esta perspectiva, efectivamente, estamos en un proceso de revolución política que va a requerir una adecuada respuesta de la élite y pasa a ser el gran desafío del 2020 y probablemente de varios años más”.

yyereyreyr

Para el analista internacional y doctor en Ciencia Política, Mladen Yopo, la interpelación al sistema económico imperante es evidente, y constituye motivo mayor del descontento social que afecta a Latinoamérica.

“Hay una interpelación fuerte a lo que fue el consenso de Washington, que generó regímenes completamente mercantilistas, con pocas posibilidades de que el Estado tuviera algún nivel de control o fiscalización de lo que es el uso de los recursos públicos o los bienes nacionales y, en esa perspectiva, hay una interpelación a lo que es el neoliberalismo general en la región. Lo vimos en Ecuador, en Colombia, en Chile, y tiene que ver con demandas sociales que, de alguna forma, fueron generadas por un mercado no regulado”.

Un punto sumamente preocupante de la actual crisis que afecta a la región es la salida de los militares a la calle y su participación en política. Tal situación se ha evidenciado en países como Bolivia, Ecuador y Chile. Para Yopo es un tema sensible y represente un retroceso que se debe superar.

Para eso se requiere mayor participación ciudadana en las decisiones nacionales y una mejor distribución de la riqueza. Poco y nada han hecho los partidos políticos –recordó Yopo-, y es la población la que está llamada a cambiar el rumbo de las cosas.

En venidero año 2020 será clave para el devenir de la región, la ciudadanía exige cambios estructurales y las autoridades tienen solo dos caminos: escuchar al pueblo, o hacerlo callar.