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Año XII, 2 de junio de 2020

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Comunidad haitiana en Chile: “El Estado está encubriendo a abusadores de niños de otro país”

El caso de los 256 niños y niñas nacidos en Haití, como resultado de violaciones a mujeres por parte de soldados de trece nacionalidades al servicio de Naciones Unidas, mantiene la indignación y las críticas hacia las autoridades, haitianas y chilenas. La razón es la falta de investigaciones, responsabilidades y reparaciones de las víctimas.

Fernando Seymour D.

  Lunes 13 de enero 2020 20:07 hrs. 
Casco azul chileno en Haití





Las denuncias por abusos sexuales que integrantes de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas (Minustah) cometieron contra mujeres en Haití, no son nuevas. Desde hace varios años que distintas organizaciones han denunciado los abusos y el posterior abandono que sufren las víctimas.

En un contexto en el que el principal objetivo es asegurar la paz y ayudar a quienes viven complejas situaciones socioeconómicas, los al menos 256 niños y niñas nacidos en Haití como consecuencia de violaciones de los llamados “cascos azules” de Naciones Unidas –revelado por un estudio de académicas de la Universidad de Birmingham, Inglaterra, y de la Universidad de Queen, Canadá– han generado rabia e indignación entre la comunidad internacional, especialmente por parte de los propios haitianos que han debido migrar a distintos países.

Denuncias, investigaciones y querellas parecieran no ser suficientes para que el daño causado por los soldados chilenos involucrados -que se suman a los de otras doce nacionalidades, según arroja el estudio en cuestión- dé paso a reparaciones y soluciones concretas, tal como lo expresa la socióloga María Emilia Tijoux, coordinadora académica de la Cátedra Racismos y Migraciones Contemporáneas de la Universidad de Chile.

Sus inquietudes apuntan a lo que considera un lamentable trato hacia personas de primer, segundo o tercer nivel. Por ello la importancia de demostrar que esto es aún más profundo y preocupante, como lo planteó en entrevista con Radio y Diario Universidad de Chile.

Cascos azules chilenos

Un estudio arrojó que al menos 256 niños y niñas nacieron en Haití como resultado de violaciones a mujeres, adultas y niñas, por parte de soldados de trece nacionalidades al servicio de la ONU.

“Aquí existe una cuestión que, fundamentalmente, tiene que ver con el racismo que se ha generado contra comunidades afrodescendientes y también al interior de Chile”, aseveró la socióloga, añadiendo que “no debemos olvidar que en este país y en este momento se violan los derechos de las y los migrantes, especialmente de la comunidad haitiana”.

Además explicó que es importante “no ubicar siempre a Haití en un lugar terrible, como un país pobre, pues la pobreza de Haití es el resultado de lo que han hecho los Estados con el país, de lo que han hecho sus gobernantes”.

Investigaciones y reparaciones

Desde la comunidad haitiana radicada en Chile adviertieron que ambos países adscribieron a la Convención sobre los Derechos del Niño, aprobada en 1989, lo que les obliga a investigar en casos como los denunciados.

Como activo integrante de dicha comunidad, Jean Claude Pierre Paul, junto con destacar que distintas organizaciones haitianas están realizando procesos similares en otros países, como Canadá, Brasil y Uruguay, sostuvo que también dentro de Haití están presionando al gobierno para que denuncie los casos ante algún tribunal internacional, exigiendo investigaciones y reparaciones.

En consecuencia, consideró muy relevante “reconocer los abusos e identificar a los agresores, además de que estos niños nacidos, que hoy en día llaman ‘los hijos de la Minustah’, tengan una identificación”, junto con manifestar su sentir sobre que “el Estado de Chile ha tratado de alejar y de tapar la realidad. Chile está encubriendo a abusadores de menores de otro país”.

En ese sentido, aseguró que “se trata de tener voluntad y poder hacer justicia en un país que, entre paréntesis, dicen que es pobre, entonces no se puede abusar de un pobre”.

Representantes de la comunidad haitiana en Chile junto a la socióloga María Emilia Tijoux, analizando la situación ocurrida en Haití con las violaciones por parte de soldados de la ONU.

Representantes de la comunidad haitiana en Chile junto a la socióloga María Emilia Tijoux, analizando la situación ocurrida en Haití con las violaciones por parte de soldados de la ONU.

Pero las preocupaciones no sólo se instalan respecto de las necesarias investigaciones y reparaciones a partir de lo ocurrido. También en cuanto a las urgentes medidas que deben aplicarse para evitar que el daño causado se traduzca en un aumento de la miseria que afecta al país centroamericano.

El análisis de Angeline Thosmy, también de la comunidad haitiana radicada en Chile, es estremecedor, al enfocarse en el peligro de seguir replicando círculos viciosos en torno a la delincuencia y la prostitución, a propósito de tantas mujeres que fueron engañadas y amenazadas por soldados armados.

“Haití tiene un problema de inseguridad y a cualquier país que le ocurra eso dará luz a una pobreza, y quién va a invertir en un país así”, advierttó.

“Lamentablemente esos ‘cascos azules’, que llegaron para detener esa inseguridad, finalmente la aumentaron. Entonces, esos hijos sin padres, qué van a hacer. Seguirán viviendo con muchas miserias”, agregó.

Por ello, fue categórica en afirmar que “es un tema que hay que investigar y tratar de detener, con la decisión que tienen que tomar para esos hijos chilenos que están en Haití, porque claramente son chilenos”.

Después de tantas experiencias vividas en el país, tanto para Angeline como para Jean Claude, “Chile no puede darse el lujo de olvidar a estos niños y niñas”, deslizando, además, el deseo de conocer la postura de Unicef.

Igualmente es imposible para ellos no recordar los casos de Joane Florvil, “maltratada y abusada acá, en Chile, y que todavía no se aclara su causa de muerte”, así como la doctora Rebeca Pierre, “dada de alta con problemas cardiacos y que luego falleció en un paradero de buses”.

Por todo ello, reconocen con resignación que “la vida del negro en Chile no vale nada y el Estado lo ha demostrado”, concluyendo que, respecto de las niñas y niños nacidos como consecuencias de las violaciones de soldados de la ONU, “lo más probable es que el Estado se hará el desentendido, igual como ocurre con el estallido social”.