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Disputas internas y una curatoría “embellecida”: el otro incendio del Museo Violeta Parra

El viernes 28 de febrero, 19 compañías de bomberos acudieron al Museo Violeta Parra para contener el tercer incendio que afectó a las instalaciones en menos de un mes. Luego del siniestro, quedaron a la vista una serie de críticas respecto de la administración de la entidad, cuya reconstrucción hoy surge como un escenario improbable.

Abril Becerra

  Jueves 5 de marzo 2020 8:13 hrs. 
Museo Violeta Parra 2





Una barricada se eleva a pasos del Museo Violeta Parra. Los manifestantes avivan el fuego, hasta extenderlo a lo largo de la avenida Vicuña Mackenna. No hay control policial y, desde los pocos locales que hay abiertos, miran expectantes cómo seguirá el curso de la escena que, ininterrumpidamente, se ha repetido en el sector desde el 18 de octubre de 2019.

De pronto, alguien avisa que Carabineros está a sólo unas cuadras, pero nadie se inquieta mucho: el fuego crece y los escombros se acumulan. Hay cánticos, turistas curiosos, familias enteras que llegar para sumarse a la protesta.

No obstante, luego de unos minutos, el carro lanzaguas alcanza la zona, aplacando la fogata y disipando a los manifestantes. Hay quienes optan por el enfrentamiento, pero también, hay quienes se refugian al interior del Museo Violeta Parra que, a simple vista, parece un gran elefante blanco.

Allí, a diferencia de otros centros culturales ubicados en la llamada “zona cero” de las movilizaciones, no hay ni equipos de primeros auxilios ni observadores de derechos humanos. Lo único que queda a la vista es una estructura calcinada y abandonada. Nadie podría imaginar que ahí funcionaba uno de los espacios más importantes del eje cultural que comenzaba a levantarse en el sector de Plaza Baquedano.

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En la imagen, el Museo Violeta Parra.

Museo, revuelta y crisis interna  

Luego del 18 de octubre, el Museo Violeta Parra enfrentó tres incendios en menos de un mes. El más grave se registró el viernes 28 de febrero, cuando 19 compañías de bomberos llegaron para aplacar el siniestro. Aun así, toda la primera planta fue consumida por las llamas. Anteriormente, ya había sido destruido por el fuego el auditorio Antar. 

Pero esta no fue la única catástrofe. Paralelo a ello, comenzaron a surgir una serie de críticas en contra de la actual directora de la entidad, Cecilia García Huidobro. En específico, Isabel Parra, vicepresidenta y fundadora del Museo, advertía que el espacio cultural no se había puesto en sintonía con el movimiento social y que el diálogo estaba fragmentado al interior de la institución: “El Museo Violeta Parra vive su propia crisis”, decía en entrevista con La Tercera.

Para quienes vieron cómo el Museo se desarrolló luego del 18 de octubre, esta crítica pública sólo evidenció el quiebre interno que se arrastraba desde hace meses. Esta rencilla tenía que ver con las diferencias existentes entre la Fundación Museo Violeta Parra, entidad encargada del ámbito administrativo, y la Fundación Violeta Parra, cuyo propósito tiene que ver con el resguardo patrimonial de la obra de la artista.

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En la imagen, el Museo Violeta Parra previo al 18 de octubre. Foto @Abril Becerra.

“Ambas (Cecilia e Isabel) tienen una visión muy distinta de cómo se manejó el Museo después de la crisis social de octubre. Ahí predominó la visión del directorio encabezado por Cecilia García Huidobro, que es un directorio muy institucional y de derecha. Es decir, se dio algo distinto a lo que esperaba la Fundación Violeta Parra, que querían que la artista, de cierta forma, tuviera voz dentro de la crisis social, lo que se bloqueó desde el directorio”, comentan.

“La Fundación Violeta Parra quería que el Museo se transformara en un espacio más de ayuda, de reflexión, que hubiese un lugar para la Cruz Roja. Que al menos tuvieran una visión más social, con actividades con los pueblos originarios, de saberes ancestrales, pero no hubo esa disposición”, señalan fuentes internas.

A ello se sumó un ambiente laboral repleto de tensiones: si por un lado el directorio negaba las actividades propuestas por Isabel Parra, argumentando que era necesario resguardar la seguridad del público, por otro, el personal continuaba realizando sus labores en condiciones de completo riesgo, incluso bajo llave para impedir el ingreso de los manifestantes. Sólo hace unas semanas el equipo se trasladó a una oficina del Centro Cultural La Moneda.

De paso, se instaló la crítica respecto de que la figura de Violeta Parra se había despolitizado y que el Museo había entrado en una fase de estancamiento. “Se presentó la imagen amable de Violeta. Su relación con el amor, las plantas, los viajes. Nunca se trataba a Violeta y la desigualdad; Violeta y la injusticia. Eso quedó en evidencia luego del 18 de octubre”, dicen quienes vieron de cerca el deterioro de la institución.

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En la imagen, Violeta Parra en la Carpa de La Reina. 1965. Fuente: Fundación Violeta Parra.

¿Una curatoría “embellecida”?

Para la investigadora Paula Miranda, quien ha seguido de cerca la obra de la autora de Gracias a la Vida, esta crítica es válida, sobre todo al considerar el pensamiento museográfico que la misma Violeta Parra asumió a la hora de crear, por ejemplo, el Museo Nacional del Arte Folclórico Chileno de Concepción a finales de los años 50.

“Violeta Parra buscaba la difusión masiva del arte popular. Ese espíritu de recolección de objetos, de investigación minuciosa, de instrumentos y cantos podría respetarse, porque hoy el Museo Violeta Parra no refleja ese espíritu”, reflexiona.

“O sea, ese espíritu de reivindicar la cultura popular, en medio de una cultura oficial que la niega permanentemente, está un poco debilitado. También hay algo que tiene que ver con elitizar una figura demasiado popular. Como que todo lo popular está embellecido y eso no le hace bien ni a Violeta ni a la cultura popular que ella representa”, añade.

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En la imagen, la académica Paula Miranda.

La investigadora también señala que es preciso avanzar hacia un espacio donde valore más la obra patrimonial de la artista, exponiendo manuscritos, fotografías y relatos sobre las muchas vidas que experimentó, rememorando su paso por Europa y su labor como recopiladora.

“Tiene que llegar a un público no solamente turístico. Que su curatoría refleje su espíritu artístico, de investigadora, académica”, advierte Paula Miranda.

Paula Miranda, además, señala que, al interpretar las causas de los incendios, es importante separar el Museo de la figura de la artista.

“En este contexto, el Museo está expuesto al igual que otras instituciones. Sería absurdo que quienes están del lado del estallido social estuvieran en contra del legado de Violeta, pero al calor de cómo suceden las cosas, tal vez el Museo, al igual que otros centros que están en la Alameda, son redefinidos por la misma gente. Además, separo el legado y la obra de Violeta Parra y a ella como persona y figura histórica de una institución, porque los museos siempre van a estar al debe con los grandes artistas, porque los grandes artistas superan cualquier institucionalización”, afirma.

Una reconstrucción improbable

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En la imagen, frontis del Museo Violeta Parra.

Actualmente, el futuro del Museo Violeta Parra es incierto. Incluso, la reconstrucción es una opción improbable para el equipo de la institución por los costos involucrados y porque las voluntades se vislumbran mermadas al interior de la dirección.

“No tenemos una bola de cristal para saber qué va a pasar en Chile, que va a pasar en esa esquina. Si se va a poder volver ahí. Felizmente las cosas están resguardadas y nadie está herido”, dice Carmen Luisa Letelier, presidenta del directorio del Museo.

En esa línea, se espera que la próxima semana, cuando se reúna el directorio, se resuelva el rumbo que adoptará la entidad inaugurada, luego de años de espera, en 2015. ¿Cuáles son las opciones que podrían estar sobre la mesa?  Dejar de lado la idea del rescate arquitectónico, el traslado del inmueble e incluso, la solicitud de renuncia de la actual directora.

Sin embargo, la evaluación general apunta a que el Museo debe redefinir su rol y volver a mirar hacia Violeta: ella debe ser el punto de inicio y termino, con su carga política y popular. ¿Si Violeta le cantaba a los estudiantes movilizados, a los más desfavorecidos, increpando a la Iglesia y al mismo Estado, por qué diluir esa crítica ahora?