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Ignacio Molina y el trap chileno: “Es más social de lo que podría ser el rap”

“Historia del trap en Chile” es el debut editorial del periodista nacido en Curicó, y que resume en más de 60 entrevistas y 32 páginas de fotografías, la historia de lo que dice “es hoy el movimiento contracultural más fuerte que existe”.

Eduardo Andrade

  Sábado 4 de abril 2020 18:33 hrs. 
Productores y beatmakers por Patricio Miranda.



“Tirar pa’ arriba” es una frase que Ignacio Molina repite a menudo, una constante de fondo y forma en su primera apuesta editorial y un mensaje oculto incluso en el epígrafe que intenta resumirlo.

“Toma riesgo y prospera”, le dijo una vez el productor y beatmaker chileno, Young J Star. “Take risk and prosper”, la frase que abre “Historia del trap en Chile” y que nada tiene que envidiarle a la máxima del punk en el mundo, “do it yourself”.

—Está presente de una forma postmodernizada —repite Molina en una conversación a través del teléfono celular. Ya no hay baquetas agitadas ni acordes en quintas, pero sí minuciosos productores que exploran en doble o triple tempo y voces que se parten bajo el efecto del autotune, y que son la representación estética de una generación que, empoderada o narcisista, va por todo y no por menos.

Ignacio Molina por Paulo Peña.

Ignacio Molina por Paulo Peña.

Aunque el aporte histórico cultural de este libro es innegable, lejos de mimetizarse en la escena, con distancia periodística, Molina deja hablar a sus personajes y recibe de vuelta confesiones tan brutales como la historia detrás del hit de Gianluca, Siempre triste, o incluso la vez en que Pablo Chill-e y Fran C rescataron de un audio de WhatsApp del fallecido Kevin Martes 13, el estribillo de su éxito Shishigang.

Sobre esto conversó con nuestro medio el autor natal de Curicó quien, en perfecto acorde con la “filosofía trap”, asegura que su libro es un trabajo colaborativo que contiene, además de 60 entrevistas y un glosario, 32 páginas de fotografías de Francisco Farías, Loretta Castelleto, Rocío Aguirre, entre otros fotógrafos, bajo la curatoría de Daniela Beltrán.

Cualquiera podría decir que, en rango etario, estás lejos de la generación que más consume trap. ¿De dónde nació tu interés?

Creo que tiene que ver con el hip hop. Es cierto que hay una diferencia de edad de una o dos generaciones con algunos exponentes de trap, pero tuve la suerte de crecer con Notorious Big, Big Poppa, 2Pac y Nas. Hay un estilo precedente al trap del cual no se habla mucho: el grime. Era un estilo de rap del sur de Londres, que tenía una base electrónica y de ahí salieron exponentes como Dizzee Rascal, Kano, Skepta. Siempre estuvo en mi vida el hip hop y sus derivados. Cuando empecé a escuchar trap nunca hice separaciones.

Princesa Alba por Francisco Farías.

Princesa Alba por Francisco Farías.

¿Y cómo se pasa de eso a la investigación para un libro?

Hace dos o tres años atrás estaba cubriendo mucho la escena de trap chilena con artistas como Young Cister o Pablo Chill-e, jóvenes que estaban surgiendo. Las notas de prensa que tenían eran de blogs, muy under y de nicho. Quizás había revistas como Joia o alguna publicación de Sábado, donde había cierto prejuicio hacia lo que ellos hacían y un tono casi burlesco. Yo quería demostrar que en los barrios existían jóvenes haciendo música y armando una escena sin que nadie supiera. Mientras estaba reporteando, vi como en un festival como Upgrade, en 2018, todo estalló.

Da la impresión de que estalló cuando llegó a las élites, ¿es tanto así?

Después del trap callejero -el de pistolas, tráfico y prostitutas- viene una especie de post trap con exponentes como Gianluca o Paloma Mami, que empezaron a adaptar sus estilos al sonido post trap. Como todos los movimientos urbanos potentes, llega un momento cuando empiezan a sonar en zonas donde antes no eran bienvenidos No es que el trap explota cuando suena en la élite, sino que cuando pasa a ser un movimiento cultural, se apodera de espacios que antes se les estaban cerrando. Hoy, como digo en el libro, es el movimiento contracultural más fuerte que existe, en la música al menos.

Es inevitable la relación con el rap, pero en Chile gran parte del rap es social, ¿empalman estos dos conceptos?

En el primer capítulo del libro, los exponentes más antiguos de la escena trap chilena cuentan que cuando ellos partieron tuvieron ciertos roces con raperos chilenos muy cerrados. Pero ponerle exigencias a la música, que se haga cargo de cosas que no tendría por qué es ponerle barreras al arte. El trap aun así es mucho más social de lo que podría ser el rap. Lo que hace es representar lo que ocurre en las poblaciones, lo que no se ve, lo que tapan los diarios. Si bien sus letras no son tan explícitas como en el rap, está presente una idea de que las cosas no están funcionando y que hay desigualdad. Lo que hacen estos chicos es quitarles las marcas a los ricos -apropiarse de marcas como Gucci o Ferragamo– y decirles yo también puedo andar ficha por la calle, si yo me las busco.

Pablo Chill-E por Francisco Farías.

Pablo Chill-E por Francisco Farías.

¿Crees que los medios han logrado transmitir bien eso?

Creo que los medios no colaboraron en la explosión del trap. Este movimiento lo sacaron los mismos cabros, los fotógrafos, los beatmakers, los cantantes, los diseñadores, los directores de vídeo, ellos sacaron el movimiento pa’ arriba y, cuando explotó, cuando Pablo Chill-e llegó a Lollapalooza y Young Cister con Polimá llenaron el Movistar Arena, recién ahí empezaron a fijarse. Antes existieron un par de notas, pero los medios, al contrario, invisibilizaron al movimiento.


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Cabros, no juzguen a un libro por su portada. Hay mucho esfuerzo y cariño puesto en esto. Al leerlo se darán cuenta. Y la portada la decide la editorial, no el periodista ni los fotógrafos, porque no es un libro independiente. La primera página, si se fijan, es un tributo a los productores. Y así página a página irán descubriendo el contenido, que sí decidí yo. Busquen online su copia de “Historia del trap en Chile” en Buscalibre (link en la bio), @treinoficial o @leakedcl Lo van a pasar bien leyendo en cuarentena. Un abrazo grande para los que están apoyando: @breezelasalsa @vhprodmusic @fuckr3hm @lizzlov3 @julito.yao @berrydope @200dragossg @magicenelbeat @cuare666 @eterdrink @pablitopesadilla @escupelosusana @ceaese @benweapons @tytokush @pol_lion @jayferragamotbm @firebo1 @nfx.oficial @papijoseo @nachomski @melou.d @sebaechava @demonshawtyboy @clapsmusic Y también para @arroyoguido @pulazo y @nacdenacho, que ayudaron a sacar esto adelante. #trap #trapchileno #skrrt

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Algunos críticos culturales afirman que más bien se trata de una moda con tendencia a la desaparición, ¿estás de acuerdo?

Cuando surge un movimiento tan potente -musical y culturalmente- siempre va a molestar a las generaciones mayores, incluso a generaciones como la mía, de 30 a 35 años. Lo nuevo siempre causa resquemores, le pasó al punk, al reggaetón, a la música electrónica. Las personas viven en zonas de confort, sobre todo en el arte donde hay mucha competencia.

Como seguidor, consumidor de música y periodista, tengo la impresión de que esto no va a acabar porque veo mucho talento y jóvenes que aún están en el under. Hay unos chicos que se llaman Yao Skuad y no están fichados, o Kid Poison, que grabó con Duki. En Antofagasta, en Concepción, hay varias escenas de trap paralelas a Santiago que no han sido descubiertas por los periodistas. Le falta mucho que mostrar al trap.