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Año XII, 7 de julio de 2020

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#GuatonesConHambre, la ignorancia de un hashtag: obesos y pobres tienen mucho más riesgo de morir por Covid-19

El problema alimentario se atribuye a una situación multifactorial, que escapa de la toma de decisiones individuales.

María Luisa Cisternas

  Martes 26 de mayo 2020 8:41 hrs. 
malnutricion





“El estallido del hambre”. Así se denominó a la manifestación popular que se levantó el lunes 18 de mayo en la comuna de El Bosque, ante la escasez de alimentos que se abre paso en el marco de la crisis sanitaria y que afecta, no solo a la comuna en cuestión, sino a gran parte de las zonas periféricas de la región Metropolitana y, extendidamente, a los sectores populares del país.

La paralización de los servicios y actividades no esenciales para el sistema de respuesta ante el Covid-19 y la adopción de las medidas de cuarentena, que en el caso de la RM, pasó de ser segmentada a total, ha repercutido severamente en la economía de las familias más vulnerables del país, quienes derechamente han sido desvinculados por parte de sus empleadores, han tenido una reducción considerable de sus jornadas laborales, o bien se han visto imposibilitados de echar a andar las principales fuentes de sus ingresos. Como consecuencia directa e inevitable, esto se ha asociado a una incapacidad de mantener abastecidas las despensas.

Paralelamente a esto, y como un fenómeno colateral a la crisis alimentaria que materializó la revuelta ciudadana, se dio a conocer la burla de un sector que, a través de sus redes sociales, difundió las imágenes de personas en situación de obesidad protestando bajo la consigna del hambre. Una situación que se dio a conocer peyorativamente con el hashtag #GuatonesConHambre”.

Lo ocurrido es una evidencia de la incomprensión ante las dimensiones que guarda el concepto de “hambre” en una sociedad como la nuestra, y en la que la a diferencia con otras regiones del mundo no se relaciona necesariamente con inanición o déficit calórico, sino con una idea más amplia: la de malnutrición.

“Parece una paradoja” señaló la representante en Chile de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, en sus siglas en inglés), Eve Crowley, a esto que personas obesas puedan padecer hambre, “pero lo cierto es que es una nueva cara de la malnutrición”.

Para desmitificar, Crowley aseguró que alimentarse de forma adecuada y permanente es una necesidad que debe ser saciada, independientemente de la condición de los individuos.

“¿Cómo uno puede tener calorías en exceso y sufrir de hambre? Una persona obesa o no, si no come todos los días, va a pasar momentos muy graves. Cada persona requiere comer algo todos los días, entonces una persona obesa que no tiene ingresos, que no puede comprar algo para comer, sí va a tener problemas de hambre. Esa persona tiene que poder comer”, manifestó.

Hambre de nutrientes

La diputada integrante del Frente Parlamentario contra el Hambre, Cristina Girardi, señaló de este modo a la problemática alimentaria que tiene una afectación mayoritaria en los sectores populares del país.

La FAO define el hambre como también la malnutrición, hambre de nutrientes, entonces la gente que tiene obesidad claramente está ingiriendo una alimentación que no es la correcta. El exceso de carbohidratos, de comida chatarra, es tan nociva como la desnutrición. Ese hashtag es de una ignorancia brutal porque las personas que son obesas, sobretodo en sectores populares, claramente tienen que ver con una mala ingesta de nutrientes y no están comiendo lo correcto.”

Para esclarecer este concepto, la representante de la FAO explicó que la mala nutrición se manifiesta de formas diferentes. Una de ellas, se asocia al consumo de calorías por exceso.

“Hay la parte que es un déficit calórico, que se manifiesta a través de inanición y a otras formas de hambre que vemos en las fotos internacionales. Hay otra malnutrición asociada con la deficiencia de micronutrientes, por ejemplo, en aquellas mujeres que les falta hierro y que les puede generar problemas de mortalidad durante el parto. También otro que está asociado con el Covid que es la falta de Vitamina D, por no estar expuestos al sol y, por último, hay otra dimensión asociada a las calorías por exceso, que es algo que impacta en la obesidad”.

En Chile existe una guía alimentaria que posee consensos y similitudes con las establecidas en otros países del mundo y en la cual se determina el consumo apropiado de alimentos, entre las que se cuenta una ingesta permanente de frutas y verduras, la reducción de hidratos de carbono y el consumo de proteína animal durante algunos días de la semana. No obstante aquello, afirmó Crowley, en Chile la práctica dista de lo recomendado.

El 95 por ciento de los chilenos no sigue esta guía. Solamente un 15 por ciento come las frutas y verduras al nivel indicado, uno de cada diez come el pescado adecuadamente y uno de cada cuatro las legumbres. Un 50 de los chilenos toma gaseosas todos los días. La mitad no toma agua y ése no es un tema de costos, porque el agua es gratuita y transferible, pero pocos consumen la consumen, que no tiene calorías. Un 98 por ciento consume demasiada sal, casi toda la población. Un 88 por ciento es sedentario y dos tercios de la población no tiene ninguna actividad física. Todos son factores que explican que aquí, el fenómeno de malnutrición se exprese en forma de obesidad y sobrepeso, y que es más agudo en las personas pobres”, detalló.

En ese sentido, el profesor titular y ex director del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos de la Universidad de Chile (INTA), Fernando Vio, afirmó que la mala nutrición es una práctica que se encuentra arraigada en la construcción de los malos hábitos de alimentación.

“El desayuno en Chile prácticamente no existe, es decir, es comerse un pedazo de pan y tomar una taza de té o café muy rápido. Después en la mañana, como se comió poco al desayuno, da hambre y empieza a haber el picoteo de cosas envasadas, tipo galletas, chocolates, cualquier cosa que se encuentre a la mano y a la pasada”.

Si bien el almuerzo esta instituido en Chile, el experto explicó que generalmente las personas suelen ingerir alimentos “a la rápida” con bajos aportes nutricionales.

“Se ha ido logrando que se dé una hora para almorzar, un lugar, hay empresas que dan almuerzo y ahí se pueden comer un plato de comida, pero muchos no alcanzan a hacerlo bien y se comen una empanada, un completo, unas papas fritas, pizzas y es clásico, por ejemplo, en el caso de las universidades, almorzar un completo y una bebida gaseosa azucarada”, señaló.

Como un hecho singular en el mundo, el académico del INTA puntualizó en el mal hábito de los chilenos de sistematizar la “once” en reemplazo de una cena, que da lugar al consumo exacerbado de pan, en lugar de un plato rico en macronutrientes.

“La gente sigue medio con hambre, porque no ha comido bien ni al desayuno, ni al almuerzo y llega a la casa, desde las seis o siete de la tarde en adelante y en Chile existe algo que es único en el mundo. No hay ningún país en el mundo que haya cambiado la cena de un plato de comida en la noche, por la once, que es pan en grandes cantidades, con agregados muy poco saludables, como margarina, mantequilla, queso, mortadela o cecina en general, además de mermelada y manjar”.