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Año XII, 19 de octubre de 2020

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Crece en Antofagasta la pandemia de campamentos: Altamira se suma a los ya existentes

El campamento tiene apenas tres meses de vida, y surgió producto de la pandemia. Cuenta con 120 casas y un promedio de cinco habitantes por cada una de ellas. Radio y Diario Universidad de Chile dialogó con Gissela Martínez, quien es dirigenta de la toma.

Camilo Villa J.

  Sábado 1 de agosto 2020 14:51 hrs. 
Campamentos-Antofagasta





La crisis sanitaria, además, ha evidenciado y agudizado problemas sociales de arrastre en el país.

Cientos de miles son las familias que han perdido o han visto disminuidos sus ingresos, afectando, incluso, el pago del arriendo o dividendo de sus viviendas. Ésta una constante que se ha visto en gran parte del territorio nacional, pero en la ciudad de Antofagasta ha alcanzado un nivel dramático.

Esta urbe del norte de Chile tiene el triste récord de ser la ciudad con más campamentos, los cuales aumentaron producto de la pandemia. Actualmente se contabilizan 79 campamentos, donde habitan más de siete mil familias. Uno de aquellos tiene apenas tres meses de vida, su nombre es Campamento Altamira, cuenta con 120 casas y un promedio de cinco habitantes por cada una de ellas.

Radio y Diario Universidad de Chile dialogó con Gissela Martínez, dirigenta del nuevo emplazamiento. Según dijo, la toma surgió luego de declarada la cuarentena en la ciudad, pues muchos se quedaron sin su fuente laboral y, por ende, sin ingreso para mantener sus viviendas.

“Todo empezó a raíz de la cuarentena decretada en Antofagasta. Hay gente que es comerciante, que trabaja de manera independiente, quienes no cuentan con un contrato fijo para que puedan seguir trabajando o para que tenga un respaldo. Muchos, producto de la cuarentena, quedaron sin ingresos, y por ende no pudieron seguir pagando arriendos”.

 

cmpamento

 

Martínez explicó que la ciudad es demasiado cara, obligando a una porción de sus habitantes a tomar medidas tan extremas como una toma de terreno.

“En Antofagasta es todo caro, un arriendo acá cuesta más de 200 mil pesos por lo bajo, una casa arriba de 400 mil pesos, sin contar la garantía, entonces la gente optó por esto. Como no hay manera de pagar, optó por tomarse este terreno para poder vivir”.

Son muchas las ayudas que ha recibido la gente el campamento: ollas comunes, agua, gas, incluso, una biblioteca para la comunidad, sin embargo, estas ayudas son de organizaciones sociales y particulares.

Las autoridades, por el contrario, han llegado para amenazar a los vecinos, según narró la dirigenta.

“La Gobernadora vino para amenazar con un desalojo, pero sin solución. Ella vino y dijo que nos teníamos que ir porque ésta es una zona que no nos podíamos tomar, y el discurso de siempre: que si no nos íbamos ella podía ponernos una orden judicial. Pero la gente no bajó los brazos, la gente sigue acá, porque estamos luchando porque lo necesitamos, no es porque estamos jugando”.

Muy por el contrario, nada más serio que no tener ningún respaldo ni ayuda. Así lo dijo Gissela Martínez, quien emplazó al Gobierno a brindar reales ayudas y para todos, pues si al comienzo hubiera sido así, la necesidad de tomas no hubiese existido, explicó.

“Nosotros no tenemos ayuda, no tenemos quién nos respalde. Si nosotros recibiéramos una ayuda y nos dijeran ‘tú no estás con trabajo, pero nosotros podemos pagarte la mitad de tu arriendo’, ahí yo creo que se trata de una solución buena. Hay gente que tiene familia, que tiene niños pequeños, y ninguna solución ha llegado. Ellos hablan del bono y del bono, pero resulta que tampoco les llega a todos. Si ellos se comprometieran más con la gente, sobre todo aquella que tanto le afecta la cuarentena, no estaríamos tomándonos este terreno”.

Terreno que los vecinos del campamento no piensan soltar, pues la vivienda es un derecho y si se lo niegan, se lo toman -afirman.

Por eso se proyectan, sueñan con tener casas sólidas, con espacios privados, y en función de aquello están. Todos ponen de su parte, chilenos y extranjeros -que representan un cuarto de los vecinos de la toma-, porque aquí no hay países distintos, todos pertenecen a la misma comunidad, al Campamento Altamira, concluyó Gissela Martínez.