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Tesoros Humanos Vivos: el drama de los cultores que resisten a la pandemia

En 2009 el Estado chileno reconoció, por primera vez, a los cultores que se han encargado de proteger los saberes más profundos de nuestro territorio. Sin embargo, en la práctica y en el marco de la crisis sanitaria, la distinción ha pesado muy poco a la hora de proteger a aquellos guardianes del patrimonio inmaterial.

Abril Becerra

  Sábado 26 de septiembre 2020 11:27 hrs. 
patrimonio inmaterial





Los datos se confunden en la memoria de Sergio “Tito” Guzmán (85). Han pasado muchísimos años desde que irrumpió en las artes escénicas con su primera compañía o su primer muñeco. Por lo mismo, lamenta no haber escrito una bitácora con cada uno de los hechos que marcaron su carrera como su trabajo teatral en las poblaciones durante la Unidad Popular o las anécdotas dadas al calor del programa “Los Bochincheros”. 

No obstante, bien recuerda cuando, en 2016, fue nombrado como Tesoro Humano Vivo por su labor como titiritero “primero lo tomé con humor, porque siempre fui de bajo perfil. Después empezamos a pensar que era por la entrega al público con los espectáculos. Siempre voy a decir nosotros, porque mi familia es lo fundamental”. 

“Siempre me gustó mucho el teatro y estuve en grupos de teatro obrero y ganamos muchos premios. Cuando fui nombrado como Tesoro Humano Vivo le dije a los colegas, ahora me van a contratar, pero no. Aunque siempre ha sido así, siempre he sido mi propio representante, un buscador de espacios para trabajar y crear”, dice el cultor.

Durante los días de pandemia Sergio Guzmán se ha mantenido en su hogar junto a su familia. De vez en cuando recibe una llamada en búsqueda de recomendaciones y él, bondadoso, siempre está atento para guiar a las nuevas generaciones que se han interesado por la confección de títeres. 

Aún así, señala que ha sido difícil unificar al gremio y lamenta que este conocimiento se encuentre a la deriva y sin mayores incentivos. “Siempre ha sido un sueño tener un apoyo más firme del Gobierno. Todos los colegas son trabajadores, pero tienen que luchar por su lado. Nos queremos, nos ayudamos, pero ha sido difícil unificarse”. 

“Siempre hemos sido buscadores independientes, tratando de surgir de una manera u otra”, reconoce, agregando que en este contexto también ha debido volcarse a la virtualidad para continuar difundiendo su trabajo.

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En la imagen, Sergio “Tito” Guzmán, Tesoro Humano Vivo 2016.

“A veces cuesta hasta para comprar cuerdas”

Las palabras de Sergio “Tito” Guzmán bien coinciden con el relato del cantor popular Juan Domingo Pérez,  quien fue reconocido como Tesoro Humano Vivo en 2018. Ambos cultores no se conocen, pertenecen a gremios diferentes, pero durante toda su vida han intentado sobrevivir protegiendo y difundiendo un conocimiento heredado. En ese camino han enfrentado dificultades y, sobre todo, un panorama carente de incentivos. Todas las gestiones han sido a pulso, lo que en pandemia también cobra otro sentido. 

Juan Domingo Pérez (66) se inició en el canto popular siendo muy pequeño y aprendió de los mejores: Osvaldo “Chosto” Ulloa y Santos Rubios. Entre el campo, los consejos genuinos de sus maestros y guiado por su fe, el cultor se transformó en una de las voces reconocidas de Pirque, siendo escogido, a fines de los ‘80, para cantarle al Papa Juan Pablo II en su visita a Chile.

Sin embargo, pese a los reconocimientos, advierte que ha sido difícil sobrevivir siendo cultor: “Pido perdón por lo que voy a decir, pero la vida del campesino es muy sacrificada. A veces cuesta hasta para comprar cuerdas. Entonces, uno tiene que trabajar en otras cosas. Felizmente, estoy jubilado, pero usted sabe cómo son las pensiones en Chile. ¿Qué hace usted con 170 mil pesos? Nada”.

“Si uno crece en el mundo del arte, también es justo que pueda recibir un poco más porque uno se dedica a esto. A veces uno deja de hacer cosas en la casa para poder tener otra entrada. Antes de la pandemia había varias personas que querían que trabajara en algunos proyectos, pero no se pudo. Entonces, hay que arar con los bueyes que hay. El Gobierno debería ponerse la mano en el corazón y ayudarnos un poco más, porque cuesta mucho y más ahora que ya estamos jubilados. Uno necesita de ese apoyo”, sostiene. 

Juan Domingo Pérez también dice que, para él, no todo ha sido negativo. Su campo le ha permitido recrearse y mantenerse activo, aunque reconoce que siempre hay preocupación. Durante esta etapa, también ha podido realizar talleres virtuales de la mano del Ministerio de las Culturas, lo que agradece, sabiendo que ése es un privilegio al que no todos tienen acceso. 

Para él ese trabajo es esperanzador, ya que en él ve cómo las nuevas generaciones han podido recoger el saber que por tantos años ha conservado: “Esto es pura pasión y devoción. Hay que tratar de entender que quienes han transmitido esto tienen su motivo y ese motivo me gustaría que los jóvenes lo entendieran y lo analizaran”, afirma. 

“Todo el joven que quiera aprender este arte, no se va a arrepentir nunca, porque éste es un mundo nuevo, algo que la gente no ha indagado. Esto que hacemos tiene más años que la misma patria”, subraya. 

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En la imagen, Juan Domingo Pérez, Tesoro Humano Vivo 2018.

Ser Tesoro Humano en Chile 

En Chile, la categoría de Tesoro Humano Vivo entró en vigencia en 2009 y, a la fecha, ha sido otorgada a más de 50 personalidades y colectivos encargados de conservar y difundir el patrimonio inmaterial del país. Siguiendo un programa de la Unesco, el reconocimiento “busca fortalecer la identidad local de las comunidades” y conservar aquellos saberes enraizados en nuestro territorio.  

Pero, ¿en qué medida este reconocimiento ha significado una protección real de los cultores? El subdirector del área de Patrimonio Cultural Inmaterial del Servicio Nacional del Patrimonio, Rodrigo Aravena, señala que desde el organismo se han levantado distintos programas con el objetivo de mantener vivo el conocimiento de los cultores considerados como Tesoros Humanos Vivos. Entre estas acciones destacan publicaciones, documentales, planes articulados con las comunidades y una línea de trabajo vinculada a la educación en la que los cultores han tenido la posibilidad de enseñar su trabajo.

Sin embargo, el profesional afirma que la ejecución de este cronograma ha sido difícil en pandemia, principalmente, por dos aspectos: la brecha tecnológica y el analfabetismo digital de ciertos cultores que pertenecen a la tercera edad.

“Ha sido súper difícil con la crisis y esto a nivel de toda Latinoamérica. Todos los colegas están con las mismas dificultades. Uno, porque las comunidades priorizan la subsistencia más que trabajos de sensibilización o difusión del patrimonio inmaterial. El foco está puesto en conseguir alimentos, acceder a salud. Otro eje es que muchas de las cosas que quisiéramos hacer, podríamos hacerlas a distancia, por medios tecnológicos, pero en Chile hay mucha brecha de conectividad. Hay regiones y comunas que no tienen ni siquiera un uno por ciento de conexión a Internet. Eso dificulta la conexiones con las comunidades”, explica.

“La pandemia afecta principalmente a los adultos mayores. Entonces, eso nos ha impedido tomar contacto con ellos. En todos los países están suspendidos los trabajos en terreno y no los hemos podido visitar. Una vez a la semana nos juntamos virtualmente con algunas artesanas, porque van al pueblo más cercano y llaman a la encargada regional y le cuentan cómo están. Así vamos monitoreando. Pero está súper difícil”, agrega el especialista.

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En 2013, la Corporación Cultural de Organilleros fue reconocida como Tesoro Humano Vivo. Recientemente, el gremio lanzó una campaña para conseguir recursos en el marco de la crisis.

Ante las críticas sobre la relación del Estado con la protección de los Tesoros Humanos, Rodrigo Aravena señala que no puede sino “coincidir con ellos”. Para él las críticas son válidas y demuestran una realidad que muchas veces cuesta asumir: el reconocimiento no lo es todo. También es preciso avanzar, según dice, hacia otro tipo de relaciones.

“Lo que pasa es que, finalmente, la cultura y el patrimonio cultural inmaterial es reflejo de la sociedad en la que está inserta y en Chile tenemos distintas dificultades económicas, sociales, políticas, del modelo de desarrollo, que hacen súper difícil mantener vivas algunas tradiciones que son de muy baja escala. Por ejemplo, una comunidad alfarera de 80 personas en un sector rural, empobrecido. Es difícil que cambiemos solo con una herramienta, que sería, en este caso, el Tesoro Humano Vivo”, subraya. 

“Tenemos que hacer un trabajo intersectorial, interministerial incluso, mucho más potente para poder llegar no solo de cultura, sino que en términos de educación, medioambiente, premios nacionales, agricultura. Eso significa que exista cierto replanteamiento de parte del propio Estado sobre los objetivos que quiere desarrollar. Entiendo las críticas de las comunidades. Son efectivas”, cerró.

La salvaguarda de los Tesoros Humanos Vivos es un tema pendiente. Más que un reconocimiento, el diagnóstico habla sobre la necesidad de crear un programa capaz de promover, de forma activa y real, los conocimientos de los cultores. Aquí el reto es crear un trabajo que permita, a largo plazo, mantener vivo el patrimonio más profundo de nuestro país.