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Año XII, 26 de noviembre de 2020

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Tatiana Pérez

Colombia: el tortuoso camino hacia la paz

Tatiana Pérez | Jueves 1 de octubre 2020 12:55 hrs.

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En un escenario de guerra inimaginable. Así llega Colombia a su cuarto año de la histórica firma del acuerdo de paz entre el Estado y la entonces Guerrilla de las Farc (Fuerza Armada Revolucionaria de Colombia).

Inimaginable porque a esta altura del camino, el país transitaría por la  implementación del posacuerdo, teniendo como brújula el plan de compromisos discutido y negociado entre gobierno e insurgencia en la Habana, Cuba por más de cuatro años.

Pero la realidad es diametralmente distinta. El sueño de paz se tiñe de sangre, día a día, por el asesinato sistemático de líderes sociales, ex combatientes de las Farc y sus familiares. Y como si fuera poco, volvieron las masacres de civiles, tal como se registraban a principios de este siglo. Así mismo retornaron los desplazamientos forzados y las desapariciones.

Este fin de semana, mientras se recordaba el momento exacto de la impronta del acuerdo, dos grupos armados ilegales ingresaron al resguardo indígena Inda Sabaleta del pueblo Awá, en el departamento de Nariño, al sur de Colombia.

Allí mataron a cinco integrantes de la comunidad, además de secuestrar a 40 personas. La organización Nacional Indígena, ONIC, hizo un llamado de auxilio mundial ante la gravedad de lo sucedido y la pasividad del gobierno del Presidente Iván Duque; al mismo tiempo exigieron de nuevo que los territorios ancestrales no sean objeto de la guerra interna.

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Sin embargo este escenario no es nuevo en este 2020. Una organización que lleva el conteo diario de este luto nacional es el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, INDEPAZ.

Según sus detallados registros, desde inicios de este año a la fecha, han sido silenciadas las vidas de 215 líderes sociales, campesinos, indígenas o afrocolombianos. En cuanto a firmantes del acuerdo de paz o ex combatientes de las Farc, han sido asesinados 43.

(http://www.indepaz.org.co/lideres/)

Los crímenes se han cometido en casi todo el país, como da cuenta el siguiente mapa:

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Fuente: INDEPAZ.

El porqué de estas muertes es una pregunta recurrente en Colombia. Gloria Cuartas, defensora de derechos humanos y ex alcaldesa del municipio de Apartadó en Antioquia, cree que asesinar a los líderes locales es herir en lo más profundo la organización social y comunal, ya que muchas de ellas están inmersas en planes de restitución de tierras, sustitución de cultivos de uso ilícito por programas productivos legales o en otros proceso de desarrollo incómodos para los amos de la guerra. En conclusión, agrega, son parte de tejido que anhela la paz para su territorio.

Esta “tarde gris” para Colombia la completan las masacres. Según INDEPAZ en este 2020 se han producido 61, los meses más violentos han sido agosto y septiembre, con una masacre cada 24 horas.

Entre los perpetradores de esta barbarie se encuentran paramilitares herederos de las Autodefensas Unidas de Colombia; viejas y nuevas estructuras insurgentes, algunas aparecieron después de los acuerdos de paz; y grupos criminales al servicio del narcotráfico. Además, en algunas regiones del país, líderes sociales denuncian que existe connivencia de las fuerzas del estado, ya sean ejército o policía, como en el Departamento del Cauca, al suroccidente del país.

Pese a esta cruda actualidad y a la limitada voluntad política del ejecutivo de Iván Duque para detener los sistemáticos asesinatos, millones de personas mantienen la esperanza en que se podrá superar más de cinco décadas de conflicto armado interno.

Se trata sin duda de una obstinada esperanza que une a políticos de oposición al partido de gobierno, académicos, defensores de derechos humanos, ex integrantes de las FARC, movimientos sociales, de jóvenes, afros, campesinos, estudiantes y colombianos de a pie.

Entre ellos destaca, por su permanente apuesta para que Colombia salga del oscurantismo y transite por una civilidad desmarcada de la muerte, el Senador Iván Cepeda Castro, quien fue facilitador de los diálogos sostenidos en la Habana hasta alcanzar el acuerdo final.

A él le pregunté:

Hoy son muchos quienes piensan y expresan que el proceso de paz fracasó, pero usted no. ¿Por qué?

Su respuesta fue la siguiente: “este baño de sangre no se debe a que haya fracasado el proceso de paz, sino porque precisamente hay proceso de paz, porque se lucha por la implementación de las reformas: la rural, la política, así como por el cambio de estrategia en materia de narcotráfico y la verdad y la justicia. Y los crímenes cometidos son el intento por acabar con el acuerdo de paz. Quienes son asesinados son los que defienden el proceso, esa conquista, y para evitar que ese proceso se fortalezca, es que se dan todas estas acciones violentas”.

Es una visión compartida por millones dentro y fuera del país, pese a lo tortuoso del camino y a que muchos lo han abandonado. Es mucho lo que está en juego, es nada más y nada menos que el derecho a una Colombia en PAZ.

*La autora es periodista y presentadora de TeleSur