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“Fratelli Tutti”: Las claves de la encíclica social del Papa Francisco

La encíclica, presentada durante este domingo, es considerada como un documento social, orientado a una mejor vida entre nosotros.

Diario Uchile

  Lunes 5 de octubre 2020 10:15 hrs. 
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Es su tercera encíclica, en Fratelli Tutti, conocida como la encíclica social, el sumo pontífice del catolicismo plantea a la fraternidad y amistad social como las vías indicadas para construir un mundo más justo, pacífico y mejor.

En su desarrollo, Francisco busca responder una pregunta: ¿Cuáles son los grandes ideales, pero también los caminos concretos a recorrer para quienes quieren construir un mundo más justo y fraterno en sus relaciones cotidianas, en la vida social, en la política y en las instituciones?

“La Encíclica pretende promover una aspiración mundial a la fraternidad y la amistad social. A partir de una pertenencia común a la familia humana, del hecho de reconocernos como hermanos porque somos hijos de un solo Creador, todos en la misma barca y por tanto necesitados de tomar conciencia de que en un mundo globalizado e interconectado sólo podemos salvarnos juntos. Un motivo inspirador citado varias veces es el Documento sobre la Fraternidad humana firmado por Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar en febrero de 2019”, dice Isabella Piro, para VaticanNews.

Así, promueve la fraternidad con hechos que se concreten en “la mejor política”, aquella orientada al servicio común, capaz de poner el centro la dignidad de cada ser humano y asegura el trabajo para todos, donde cada uno puede desarrollar sus propias capacidades. Al mismo tiempo, el Papa, en la Encíclica, promueve la paz y la reconcialización productiva, apuntando al diálogo como clave en la construcción del mundo.

Dividida en ocho capítulos, que son antecedidos por una breve introducción, se trata, por ejemplo, “Las sombras de un mundo cerrado”, documento que se centra en nuestra época y sus distorciones, tales como la manipulación y la deformación de conceptos como democracia, libertad o justicia; la pérdida del sentido de lo social y de la historia; el egoísmo y la falta de interés por el bien común; la prevalencia de una lógica de mercado basada en el lucro y la cultura del descarte; el desempleo, el racismo, la pobreza; la desigualdad de derechos y sus aberraciones, como la esclavitud, la trata, las mujeres sometidas y luego obligadas a abortar, y el tráfico de órganos, etc.

“Un extraño en el camino” es el título del segundo capítulo, en el que, tal como la lectura de El Buen Samaritano, todos, dice Francisco, estamos llamados a estar cerca del desposeído. El amor construye puentes y estamos “hechos para el amor” (88), añade el Papa, exhortando en particular a los cristianos reconocer a Cristo en el rostro de todos los excluidos.

Así, también plantea la universalidad de los derechos, poniendo en el centro la ética en las relaciones sociales, ver la migración como “un corazón abierto al mundo entero”, como se aborda en los capítulos 2 y 4. Hay que evitar migraciones no necesarias, afirma el Pontífice, creando en los países de origen posibilidades concretas de vivir con dignidad. Pero al mismo tiempo, el derecho a buscar una vida mejor en otro lugar debe ser respetado. En los países de destino, el equilibrio adecuado será aquel entre la protección de los derechos de los ciudadanos y la garantía de acogida y asistencia a los migrantes.

“La mejor política” es el título del quinto capítulo, donde pone al ejercicio de la política como una de las formas “más preciosas de la caridad”, porque está al servicio del bien común, y conoce la importancia del pueblo, entendido como una categoría abierta, disponible para la confrontación y el diálogo.

El Papa hace, además, un llamado a la reforma de la ONU: frente al predominio de la dimensión económica que anula el poder del Estado individual, de hecho, la tarea de las Naciones Unidas será la de dar sustancia al concepto de “familia de las naciones” trabajando por el bien común, la erradicación de la pobreza y la protección de los derechos humanos. Recurriendo incansablemente a “la negociación, a los buenos oficios y al arbitraje” – afirma el documento pontificio – la ONU debe promover la fuerza del derecho sobre el derecho de la fuerza, favoreciendo los acuerdos multilaterales que mejor protejan incluso a los Estados más débiles.

En los otros capítulos del mismo, valora la bondad, el arte de la paz y la importancia del perdón, dice NUNCA MÁS a la guerra, también se opone a la pena de muerte, garantizar la libertad religiosas como un derecho humano fundamental y concluye con la memoria de Martin Luther King, Desmond Tutu, Mahatma Gandhi y sobre todo, el Beato Carlos de Foucald, modelo para todos de lo que significa identificarse con los últimos para convertirse en “el hermano universal”.