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Año XII, 24 de octubre de 2020

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Miguel Lawner y monumento a Baquedano: “No tenemos derecho de juzgar una rebeldía que proviene de demasiados años de marginación total”

El premio Nacional de Arquitectura 2019 aseguró que el movimiento social en Chile no podrá ser acallado y criticó el actuar del Ejecutivo. "Esa manifestación legítima de protesta no es comprendida o se niegan a aceptarla, tanto desde el Gobierno como de muchas organizaciones políticas", manifestó en entrevista con nuestro medio.

Claudia Carvajal G.

  Sábado 17 de octubre 2020 15:18 hrs. 
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Este viernes, un grupo de jóvenes pintó de rojo el Monumento al General Baquedano en la plaza que lleva el mismo nombre y que ha sido rebautizada popularmente como Dignidad. La acción, completada con una ofrenda floral con la leyenda Por los caídos, provocó la indignación del oficialismo, del Gobierno y del Ejército de Chile. La mañana de este sábado, la estatua amaneció repintada con sus colores originales en un procedimiento realizado por una empresa contratada por la Intendencia, según confirmara en horas de la tarde el propio Intendente Felipe Guevara.

Para analizar lo sucedido, nuestro medio se contactó con el  Premio Nacional de Arquitectura 2019, Miguel Lawner, quien fuera además director ejecutivo de la Corporación de Mejoramiento Urbano (CORMU) durante el gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende.

Usted es un estudioso de la ciudad ¿Cómo evalúa lo sucedido entre el viernes y sábado en la Plaza Baquedano?

Nosotros estamos viviendo desde octubre del año pasado una verdadera insurrección popular. No me gusta la palabra estallido, porque en mi opinión esto fue una insurrección popular de una población que por tantos años de aplicación de un modelo económico excluyente a niveles increíbles, determinó una ciudad segregada socialmente como jamás conocimos en la historia de Chile.

Esta rebelión da motivo a expresiones de toda naturaleza, pues el pueblo que ha sufrido situaciones de marginación terribles busca cualquier forma de expresar su ira, su rabia, por tantos años de privación. El mejor ejemplo de eso es el Anthony, el muchacho arrojado al río Mapocho que nació y vivió los 16 años de su vida en Bajos de Mena en Puente Alto, que es el peor programa de vivienda pública jamás realizado en la historia de Chile. Es un asentamiento ignominioso, con densidades absolutamente inaceptables, sin ningún equipamiento ni espacios libres, con departamentos menores a 40 metros cuadrado. En consecuencia, eso genera reacciones de todo tipo. Así, que hayan pintado de rojo la estatua del general Baquedano responde a esta situación.

Pero, desde la perspectiva patrimonial hay un daño, tanto en la pintura roja como en la nueva pintura…

Naturalmente, los profesionales respetuosos del patrimonio no podemos aceptar semejante situación, sin embargo, hay que entenderla. Por otra parte, hay que tener presente que siempre que ocurren movimientos populares de esta magnitud, quienes han detentado el poder por tantos años sienten verdaderamente amenazados sus intereses y utilizan el mecanismo de la provocación como forma de deslegitimar a los movimientos populares. Un ejemplo de esto lo acaba de dar el conocimiento de un carabinero infiltrado en Lo Hermida. No tengo la menor duda que elementos de esta naturaleza, durante octubre pasado, fueron quienes incendiaron la iglesia de la Veracruz en la calle Lastarria, en momentos en que no había ninguna movilización en el lugar. No tengo la menor duda que fueron elementos análogos los que incendiaron dos veces el museo Violeta Parra en Vicuña Mackena, porque eso está lejos de obedecer a los deseos de manifestación popular genuina en rechazo de este modelo que los ha marginado de esta forma.

En consecuencia, es una mezcla de todo. No tenemos el derecho de juzgar una rebeldía que proviene de demasiados años de marginación total y absoluta. Las fuerzas populares tienen la obligación de encauzar este rebeldía, de lo contrario no se llegará a ningún puerto.

 ¿Cómo observa el movimiento popular que ha surgido desde octubre pasado?

Estamos sufriendo la descomposición de las organizaciones políticas populares cooptadas por el modelo durante los últimos 40 años y, en consecuencia, la ciudadanía se expresa en contra de este modelo que ha generado tanta desigualdad social y tantas situaciones injustas, como las pensiones que reciben los jubilados, con una salud pública por el suelo y una educación pública desvalijada. La ciudadanía se expresa en estas modalidades, que en algunos casos son absolutamente caóticas e inconducentes y, en algunas ocasiones, perjudiciales porque están generadas por elementos infiltrados conscientes que ése es el mejor mecanismo para deslegitimarlos.

Volviendo a lo de la estatua del general Baquedano, no puedo juzgar con criterio ecuánime el hecho que se haya pintado. ¿Cómo me va a gustar si yo respeto y defiendo nuestro patrimonio, justamente por mi profesión? Pero tengo que entender lo que ocurre en Chile y lo que pasa es que el Gobierno, la única respuesta que tiene para Chile es deslegitimar las manifestaciones. Parece que no tuvo conciencia que el 25 de octubre del año pasado desfilaron pacíficamente 1.2 millones de personas en Santiago y otro número semejante en el resto del país. Esa manifestación legítima de protesta no es comprendida o se niegan a aceptarla, tanto desde el Gobierno como de muchas organizaciones políticas, sobre todo de derecha.

Todo lo pretenden deslegitimar con este concepto de violencia, que efectivamente existe, surge y tiene su origen en esta ira acumulada por años por un sector absolutamente marginado, pero que en no poca medida está generada por elementos infiltrados, justamente para justificar la represión.

Esta mañana, el monumento apareció repintado con colores similares a los que tenía antes de octubre pasado. ¿A qué responde esta acción tan veloz?

El intendente anda muy preocupado de pintar todo de blanco, como lo hizo durante un largo periodo de la pandemia con los murales y expresiones de ira que se acumularon en las calles de Santiago a raíz de la insurrección popular de octubre. Esta es una pelea infantil, es como vender el sofá de don Otto y negarse a ver la raíz del problema. Estamos enfrentando una insurrección popular que está contenida por la pandemia, pero que no hay vuelta que darle, no la va a poder aplastar nadie. Además ha puesto los ojos de la Humanidad entera en este país, porque no hay otro que haya generado una movilización auténtica contra el modelo que ha sojuzgado al mundo entero en los últimos 40 años. No hay otro ejemplo análogo a lo ocurrido en Chile a partir de octubre del año pasado.

Así como nosotros fuimos los conejillos de Indias de la horrible represión desatada por la dictadura y que impuso a partir de 1976 el modelo neoliberal con los Chicago Boys y los consejos de Milton Friedman y otros líderes del neoliberalismo, anda a saber tú si no seremos los primeros de todo el planeta en acabar de verdad con este modelo tan perverso.

Usted ha vivido numerosos procesos de cambios sociopolíticos en Chile. ¿Cuál es su proyección para el Plebiscito?

Yo creo que el 25 de octubre va a pasar lo mismo de ahora, porque estamos carentes de una conducción política capaz de entender la magnitud de la movilización generada el año pasado. Los políticos, por cierto de la derecha, pero también un sector importante de la oposición, acordaron convocar este plebiscito lleno de astucias y artimañas en el que el mecanismo de los dos tercios puede simplemente impedir que se exprese la ciudadanía.

Tengo la impresión que el resultado va ser avasallador y que lo mismo tendrá que ocurrir con la elección de los constituyentes, con el objeto de acabar con esta barbaridad que no se expresen las mayorías. Históricamente en el país, desde el restablecimiento de las elecciones con la caída de la dictadura, los sectores de la derecha saben que nunca van a obtener menos de un tercio de los votos, en consecuencia, con una picardía típica de ellos y la complicidad de sectores de la ex Concertación, han admitido un mecanismo que perfectamente puede sustituir el anhelo popular de cambios de verdad.

Tengo la esperanza que la movilización sea de tal magnitud que el Plebiscito tenga un resultado arrollador y que la elección de los constituyentes permita acabar con este mecanismo perverso de que solo un tercio pase por encima de la voluntad soberana de todo un  pueblo.