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Verónika Mendoza por crisis política peruana: “Más allá de cambiar de gobierno en 2021, necesitamos cambiar las reglas de juego”

El congreso peruano escogió esta tarde a Francisco Sagasti como el nuevo presidente de transición con miras a las elecciones de abril del siguiente año. Al respecto, la líder de la izquierda peruana agrupada en la coalición Juntos por el Perú, Verónika Mendoza, conversó con nuestro medio y entregó las algunas claves para entender la coyuntura política del vecino país en la última semana.

Eduardo Andrade

  Lunes 16 de noviembre 2020 20:19 hrs. 
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Pasaron más de 24 horas para que el congreso peruano eligiera de una vez por todas a quien será el nuevo presidente de transición, el integrante de la centroderecha, Francisco Sagasti. La tarde del domingo, sin embargo, después de la renuncia de Manuel Merino y de una agitada noche para las movilizaciones sociales, la abogada y periodista Rocío Silva, era la primera opción para asumir el puesto. No obstante, los votos comprometidos por algunos parlamentarios no llegaron a concretarse.

Silva-Santiesteban, de la coalición de la izquierda peruana del Frente Amplio, fue tildada de “roja”, “terruca”, en redes sociales, dejando ver que en el país vecino persiste aun cierto recelo ante la posibilidad de un gobierno de izquierda, aun siendo éste de mera transición.

¿Cuál es la mirada entonces de la izquierda peruana ante la crisis política y social desatada allí aparentemente durante la semana pasada? Para explicarlo, nuestro medio conversó con la exlíder del Frente Amplio y hoy precandidata a la presidencia de Juntos Por el Perú, Verónika Mendoza.

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Cuzqueña, el rostro más visible en la actualidad de las izquierdas en Perú, Mendoza estuvo a solo dos puntos porcentuales de meterse en segunda vuelta para las elecciones presidenciales de 2016. Hoy, con un nuevo proyecto político en marcha, analiza la coyuntura actual de su país, la salida de Merino y, según dice, la inminente necesidad de que la movilización social sea el puntapié inicial para un proceso constituyente.

¿Cómo vivió las movilizaciones de Perú en la última semana?

Como ciudadana he podido participar de varias, compartiendo la indignación, la preocupación de quienes salíamos a la calle, pero también con expectativa y esperanza porque se ha visto una amplia participación juvenil a lo largo y ancho del país, lo cual nos habla de una generación que ya no está dispuesta a soportar la traición, las prebendas, los negociazos de una clase política.

Creo que si hay algo que es necesario resaltar, es que esta crisis no empieza con la vacancia, la crisis política la venimos arrastrando hace varios años. Para ejemplo de ello, todos nuestros expresidentes elegidos en democracia, después de la dictadura fujimorista, están procesados por corrupción. Uno fugado en el extranjero, el otro se suicidó para eludir la justicia, y son numerosos los gobernadores regionales, magistrados del poder judicial que también están procesados por corrupción o por vínculos con el narcotráfico y toda suerte de mafias. Esto sumado al hecho de que la pandemia develó con mucha crudeza hasta qué punto nuestro Estado estaba decrépito, incapaz de garantizar los mínimos de salud, de educación, de pensiones dignas para la gente, cada vez más el pueblo peruano fue tomando consciencia de que no se trata solamente de cambiar de personas, sino que se necesitan cambios de fondo.

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El saldo de esta manifestación, sin embargo, resultó ser el peor en años. Recuerdo que un periodista, Beto Ortiz, dijo sobre esta revuelta que “hay sectores a los que le caería bien un muertito”. ¿Cuál es su balance al respeto?

Hace muchísimo tiempo que no veíamos en el Perú tal nivel de represión y de abuso policial. Quizás se podría comparar episodios similares en otras regiones del país vinculadas a conflictos socioambientales contra grandes proyectos mineros que contaminaban o que no respetaban los derechos de la población local, pero en Lima no habíamos visto este nivel de violencia arbitraria, con un alto costo de dos valiosas vidas humanas, dos jóvenes de 24 y 22 años, cerca de noventa y tantos heridos, 60 de ellos estuvieron hospitalizados.

Por supuesto, sobre el particular. estamos exigiendo por un lado que el Estado garantice la cobertura de salud y la indemnización a las familias de las víctimas, pero también que se investigue y se sancione a los responsables directos y políticos por esta barbarie que realmente es inaceptable.

Hace poco vivimos episodios similares en Chile. Alguien podría decir aquí, tuvimos 36 muertos y Sebastián Piñera sigue en el poder, ¿qué es entonces lo que termina siendo trascendental para la renuncia de Merino?

Las movilizaciones ciudadanas se desataron en el minuto en el que se produjo la vacancia y se nombró al señor Merino presidente ilegítimo. La ciudadanía no ha dado tregua, pero además, cada una de las decisiones que fue tomando el Gobierno ilegítimo abonó en el descontento, así como nombrar también a un gabinete no de ancha base, como él había anunciado y como en última instancia hubiera sido lo pertinente, sino un gabinete completamente de ultraderecha, conservador y racista. Este gabinete, además, fue avalado por una organización de empresarios llamada CONFIEP, configurándose entonces uno no solamente ilegítimo sino completamente de espaldas a los intereses y a las preocupaciones de la ciudadanía. Entonces, cada una de las decisiones ilegítimas, pero además burdas y torpes del gobierno ilegitimo del señor Merino reforzaron la movilización ciudadana y confirmaron la idea de que la vacancia de ninguna manera se había dado en defensa a la democracia o por luchar contra la corrupción, sino claramente por defender intereses particulares.

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Al día siguiente de la vacancia pretendieron incluso nombrar y por lo tanto cooptar el Tribunal Constitucional, pretendieron hacer modificaciones a la ley universitaria para favorecer los negocios educativos de dos de las principales bancadas del Parlamento. Todo esto contribuyó a confirmarle a la ciudadanía que tocaba movilizarse e impedir que ese Gobierno ilegítimo se consolidara. Ahora, es lamentable, sin embargo, que el señor Merino haya esperado tanto tiempo, tantas movilizaciones, tantos heridos, tanta represión, para recién decidirse a renunciar.

¿Le llamó la atención que el gabinete empiece a retirarse la madrugada del sábado, dejando a no más de 6 ministros en el juego?

No, en realidad era bastante previsible porque, por un lado, el factor más importante ha sido la solidez y la persistencia de la movilización ciudadana que hay que resaltarlo se produjo en todas las regiones del país como nunca antes habíamos visto, que creo que esta clase política y quienes acompañaron al señor Merino en sus pretensiones de Gobierno, no habían calculado y no esperaban. Pero además porque no hay una cohesión política entre quienes se encontraron en este gabinete, sino que confluyeron coyunturalmente a partir de sus intereses particulares, pero sin tener tampoco un proyecto político claro.

Esto, evidentemente, parece no terminar aquí. ¿Qué otras demandas se están levantando?

Muchos de quienes se están movilizando tienen plena consciencia de que la crisis no se resuelve reemplazando a Merino. Primero por un tema muy concreto, y es que la mayoría parlamentaria mafiosa que vacó a Vizcarra de manera cínica va a seguir ahí, los 68 congresistas procesados por corrupción, 68 de 130, y van a pretender seguir haciendo de las suyas. Por lo tanto, si realmente queremos un Gobierno de transición, con una agenda acotada, que nos garantice elecciones libres, separación de poderes, investigación por la represión policial de estos últimos días, y salvaguardar la vida de la gente en el marco de la pandemia, la ciudadanía va a tener que seguir movilizada y vigilante.

Además, empieza a entrar en la escena política la necesidad de empezar a organizarse y a generar espacios de diálogo y de debate desde la ciudadanía para discutir la posibilidad de un proceso constituyente. Al respecto, nosotros hemos planteado en ese marco que este 11 de abril, junto a las elecciones generales, presidenciales y parlamentarias, se incluya una segunda urna en la que se pueda consultar al pueblo peruano si quiere o no una nueva Constitución, para que democráticamente sea el pueblo soberano el que defina este tema. Pero creemos que este proceso tiene que empezar desde ya, me refiero al proceso de diálogo, de debate, sobre lo que tendría que contener eventualmente esta nueva Constitución.

Usted dijo a inicios de noviembre que “Perú necesita una nueva reforma agraria”, un concepto que despierta mucha polarización en el país. ¿Cómo empalma esto con la nueva Constitución?, ¿por qué sería necesario este proceso?

Primero hay que señalar que el sector agrario es un sector estratégico para el desarrollo del Perú. En promedio, 25 por ciento de la población económicamente activa se dedica a este sector productivo. En regiones como la mía, Cuzco, esta actividad comprende al 40 o incluso al 60 por ciento de la población. Tenemos además una tierra rica y una enorme biodiversidad, lo cual hace de este sector uno con enorme potencial, que sin embargo a estado completamente abandonado en los últimos años y durante la pandemia en particular, a pesar de que el 60 por ciento de lo que consumimos los peruanos viene de la agricultura familiar, y eso porque nuestra Constitución actual ata de manos y pies al estado para poder promover y apoyar como debería ser a este sector. Promueve, por ejemplo, la no intervención estatal, lo cual ha devenido en un ministerio de Agricultura que está completamente pintado en la pared, incapaz de por lo menos ayudar a planificar el desarrollo agropecuario, ayudar a proveer crédito barato, capacitación a quienes se dedican a esta actividad. Por eso plantemos la necesidad de una segunda reforma agraria, en el sentido de reformar la institucionalidad para que pueda impulsar a este sector como corresponde, sin dejar de recordar que la Constitución que tenemos fue impuesta en dictadura, en medio de un golpe con militares en las calles, con medios de comunicación cerrados, con gente reprimida y desaparecida.

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Cómo se ve el futuro cercano de los futuros gobernantes de Perú. Con ese artículo de la incapacidad moral usado por un Congreso con mayoría opuesta al plan de Gobierno, ¿podría volver a usarse?

El Tribunal Constitucional probablemente en estos días se pronuncie precisando y acotando esta figura de la vacancia por incapacidad moral, que planteada así se presta a cualquier tipo de interpretación y por lo tanto de uso y de abuso en función de intereses políticos. Por supuesto, ninguna figura presidencial se podría sostener si es que se sigue usando la figura de la vacancia presidencial con cualquier pretexto para derrocar un presidente. Sin embargo, el hecho de que todos nuestros expresidentes, incluido ahora el señor Vizcarra, estén investigados o procesados por corrupción, nos demuestra una vez más que más allá de cambiar de Gobierno en abril del 2021, necesitamos un cambio de reglas de juego.

En ese sentido, ¿cómo llega su proyecto político a las elecciones del otro año?

La mayoría de quienes nos agrupamos en 2016 en la coalición del Frente Amplio, junto a movimiento regionales, organizaciones sociales, colectivos juveniles, nos estamos agrupando ahora en una amplia plataforma que se llama Juntos por el Perú, que precisamente plantea la necesidad de un cambio de fondo, de un cambio de reglas de juego, plantea la necesidad de recuperar el Estado para ponerlo al servicio de la gente, fortalecerlo para que pueda garantizar los mínimos de salud, de educación, pensiones dignas. Estamos en este esfuerzo de articulación, comprometidos a trabajar sostenidamente para impulsar además de este proceso constituyente para ojalá tener el voto de confianza de la ciudadanía el 11 de abril.

¿Cómo hacer para que la ciudadanía vuelva a entregarle un voto de confianza a la izquierda peruana?

Creo que la clave está en reafirmar la política no como ejercicio de algunos sujetos o individuos que están por encima de la gente, sino como un ejercicio colectivo y solidario por el bien común de la gente. Por eso yo espero que no solamente la gente vote, sino que participe activamente como lo está haciendo ahora en estas amplias movilizaciones ciudadanas, que poco a poco también empiezan a generar espacios de organización, de debate y de reflexión. Es decir, empiezan a hacer política de la buena, de la genuina, de la que necesita el país, y de la que se necesita para renovar la política y recuperar el Estado para ponerlo al servicio de la gente. Nuestro mensaje no es confíen y voten por nosotros, es más bien confíen en ustedes mismos, hagamos política juntas y juntos.