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Jorge Egger Roa

Ingeniería ecológica al servicio de una Nueva Constitución

Jorge Egger Roa | Martes 1 de diciembre 2020 12:39 hrs.


Un estudio publicado en la revista Hydro-Spam (noviembre 2020) y realizado por los ingenieros de la Universidad de Chile, Felipe Galaz y Gonzalo Parada, analiza y desarrolla la demanda antrópica y la oferta hídrica del conflicto de agua en la Provincia de Petorca, provocado principalmente por la extracción ilegal de aguas por empresas agrícolas para mantener y/o incrementar su producción.

El estudio se realizó para el periodo entre mayo de 2019 y abril de 2020, con la finalidad de evaluar el impacto de la explotación hídrica en la cuenca. Se concluyó que la demanda antrópica alcanza su máximo a fines de primavera, mientras que gran parte de la oferta hídrica se genera entre fines de otoño y comienzos de invierno, lo que conlleva a evaluar la reducción de la superficie cultivada en la cuenca del rio Petorca, junto con la construcción de obras de acumulación que almacenen el recurso hídrico en meses con superávit hídrico.

El caso de Petorca es uno de los tantos en Chile que genera preocupación ecológica y sociopolítica, así como lo que sucede en las ciudades de Quinteros o Puchuncaví, y que este tipo de abusos también son parte del malestar que generó la revuelta social de octubre del 2019.

El derecho a vivir en un medio ambiente libre de contaminación, citando a la Constitución de 1980, parece no ser suficiente para mitigar este tipo de problemáticas desde el punto de vista jurídico, ni desde el punto de vida ingenieril, por lo que la pregunta es ¿Qué hacemos? Pues la solución recae en una oportunidad única que tendremos las y los chilenos de redactar una Nueva Constitución con una base sustentable y ecológica.

Este piso ecosocial parte desde varios puntos de vista absolutamente necesarios de abordar. El primer punto es desarrollar un nuevo modelo sostenible en Chile, que no solo se base en la matriz extractivista de recursos naturales con costos sociales irreparables, sino que también asegure los derechos humanos de las y los habitantes en el territorio. En este punto la ingeniería ecológica se debe basar en el diseño de servicios sociales que benefician a la población y la naturaleza, con el fin de tener sistemas sostenibles para nuestro país. Con este último punto en relación a un nuevo sistema basado en el diseño, se debe mencionar que es conocida la falta de preocupación ecológica en muchos lugares del territorio, donde solo las comunas con mayor índice de calidad de vida poseen planificaciones básicas de reciclaje o de reducción de residuos, y que por la falta de financiamiento para esta problemática, la gente debe optar por la opción más barata.

El segundo punto es dejar de caricaturizar la problemática medioambiental, donde cada vez que se habla de esta coyuntura, el tema solo se relaciona con “cuidar los bosques”, “reciclar plástico”, etc. Este punto se debe soslayar desarrollando un cuerpo institucional con Justicia Ambiental, con economía ecológica, con economía del cuidado, con la regulación de la contaminación para un medioambiente sano, donde si un contaminante está normado, hay regularización, pero si no hay norma, no hay contaminación. Estos temas no solo se plasman desde las luchas que han realizado activistas por años, sino que también son parte de una carencia de ingeniería ecológica que debe ser revisada y desarrollada de la mano con las problemáticas contingentes del Siglo XXI, y es en estas circunstancias donde recae el desafío de formular un diseño y una estructuración sustentable al servicio de la población.

El tercer punto y el más trascendental en este momento, es que debe haber una exigencia a las y los dirigentes medioambientales, junto a profesionales sustentables, y a todos los sujetos de derecho, de participar de los procesos de elaboración de políticas y de planes a largo plazo, con el fin de poder representar esta problemática en el nuevo cuerpo constituyente. Desde esta perspectiva, no se puede dejar atrás a los jóvenes, ya que nuestra generación será la que deba asumir los costos políticos que este tipo de crisis están generando en la actualidad.

Las y los ingenieros tenemos una responsabilidad social y multidisciplinaria, que no basta solo con calcular cosas u optimizar procesos o ingresos en la oficina, sino que debemos concientizar sobre estos temas socioambientales en todos los espacios de discusión, sin dejar de lado en que las universidades incluyan programas de sustentabilidad como parte de la formación. La ingeniería ecológica debe ser parte de nuestro desarrollo como profesionales y debe ir de la mano con nuestra toma de decisiones para el desarrollo de Chile, donde el papel protagónico de la Nueva Constitución debe realmente asegurar un ambiente libre de contaminación para todas y todos los chilenos.

 

El autor es Ingeniero Civil, Mención Estructuras y Construcción, Universidad de Chile.