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Año XIII, 14 de abril de 2021

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Francisca Morales (Unicef Chile): “Cuando se habla de volver a la normalidad, hay que considerar que nunca fue buena para muchos NNA”

Enfocarse en los aprendizajes que sí se obtuvieron, reforzar la comunicación con las familias y aumentar los esfuerzos para implementar un sistema híbrido de educación a partir de marzo, son las recomendaciones de la experta. "Hay que visibilizar lo importante que es la presencialidad y el efecto negativo que puede tener para muchos niños el ir quedando rezagados en el aprendizaje, porque eso va a pasar la cuenta años después”, asegura.

Claudia Carvajal G.

  Sábado 19 de diciembre 2020 16:19 hrs. 
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Luego del anuncio de la llegada de la vacuna de Pfizer a Chile y el inicio de una campaña de vacunación para 2021, vuelve a surgir la discusión sobre el retorno presencial a los establecimientos educacionales a partir de marzo. Francisca Morales, oficial de Educación de Unicef Chile, analizó lo sucedido en materia educativa este 2020 y proyectó el próximo año para las comunidades escolares en conversación con nuestro medio.

“Lo que ocurrió este año no sorprendió a todos y nos estresó, en el sentido de tener que desafiarnos a hacer de manera distinta lo que hacíamos antes”, parte diciendo.

Cuando, el 16 de marzo el Ministerio de Educación decretó el cierre de los establecimientos educacionales como medida preventiva ante el arribo de la pandemia a Chile, no existía claridad de por cuánto tiempo se extendería esa medida, incluso se adelantaron las vacaciones de invierno, pues se creyó que en ese lapso la situación podría resolverse, sin embargo, no fue así. La psicóloga y oficial de Educación de Unicef Chile relevó el trabajo que en tales condiciones realizaron los miembros de las comunidades escolares.

“Profesores, educadores, asistentes de la educación y los mismos directivos tuvieron que enfrentar una experiencia para la que no estábamos preparados y no sabíamos que transformaría la vida de esta manera. Eso es algo que es importante de reconocer. Por otro lado, la pandemia dejó en evidencia las falencias que tenemos y, cuando se habla de volver a la normalidad, hay que considerar que esa normalidad nunca fue buena para muchos niños, niñas y adolescentes. Desde antes, como país, teníamos falencias en términos del aprendizaje y de la brecha educacional entre los niños que van a colegios privados o públicos. Esa brecha, con la pandemia se profundiza y amplía porque ahora además abarca al ámbito digital, si las cifras de las encuestas pre pandemia no eran tan malas en cuanto al acceso a computador o internet, el problema se presentó cuando hubo que empezar a compartir computadores o el mismo internet, cuando los tenían. La mayoría de los NNA se conectaban a través de planes de datos de los celulares y esa no es una buena manera de recibir el aprendizaje”.

 

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“Por otro lado, los profesores no estaban sólidamente formados para hacer clases a distancia, porque es distinto estar en una sala de clases en que se puede interactuar rápido con los estudiantes. En un espacio virtual en que en algunos casos ves caras y en otros no ves nada porque el estudiante tiene la cámara apagada, es muy difícil generar la interacción de saber en qué está el otro. Y a todo eso se agregan contextos familiares alterados, ya sea por pérdida de trabajo o por estar con teletrabajo, por lo tanto, eso mantiene la concentración en sus labores y con dificultades para apoyar el aprendizaje y hay factores de desarrollo de los niños que ayudan o dificultan la concentración. Así, los niños más pequeños tienen menos capacidad de autoregularse y necesitan la figura del tutor para que acompañe y encauce el aprendizaje”.

Para los adolescentes también es complejo, por la falta de contacto de los pares y la compañía de los amigos, por eso muchas veces hicieron manifestaciones sintomáticas en términos de depresión, angustia o ansiedad”, añadió.

Francisca Morales también se refirió al aprendizaje que lograron alcanzar los NNA en este año curricular y aunque es evidente que hubo una disminución en cuanto a los contenidos que alcanzaron a revisar, la oficial de Educación relevó el aprendizaje de otras cosas.

“Aprendieron a convivir con los hermanos, a ser más autónomos en su trabajo educativo, aprendieron que existe una pandemia y lo que eso significa. En ese sentido, desde Unicef desde el inicio estuvimos enviando ese mensaje a las familias de manera que no sintamos que lo único que hicimos este año fue perder, sino que también había cosas que se podía ganar”.

Consultada respecto de los conocimientos específicos que los niños, niñas y adolescentes dejaron de adquirir por causa de la pandemia y la educación a distancia, Francisca Morales señaló que el próximo año será complejo en ese sentido.

Lo que viene es un desafío y los profesores ya tienen una orientación para evaluar las situaciones de aprendizaje y ver qué se debe reforzar. Pero no se trata de que en marzo se pongan a hacer dos cursos en uno, sino más bien que haya un apoyo y reforzamiento de lo esencial para poder avanzar en la medida de lo que ellos necesitan”.

“En cuanto a aquellos estudiantes que tienen necesidades educativas especiales o condiciones de riesgo de desertar del sistema, es muy importante que el sistema educacional se haga cargo de ellos, es decir, que haya programas especiales, acompañamientos o tutorías para los alumnos que manifiestan mayor rezago. Ese acompañamiento debe ser integral, socioemocional y ojalá con inclusión de medidas de protección social para los jóvenes con riesgo de desertar, porque no deben quedar atrás y hay que priorizar a esos jóvenes de familias más vulnerables”, puntualizó.

 

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En ese ámbito, y consultada al respecto, Morales manifestó su inquietud respecto de las escuelas que trabajan con niños con necesidades especiales no tienen acceso a la subvención escolar preferencial, que es aquella que entrega mayores recursos para las medidas adicionales que se deben implementar ante los casos de mayor vulnerabilidad.

En esas escuelas, los profesores han tenido que hacer un triple esfuerzo porque la no presencialidad en los niños con necesidades educativas especiales tiene un impacto mucho mayor”.

Una de las críticas que más se escuchó de parte del Colegio de Profesores y del gremio de los Asistentes de la Educación fue que los colegios y escuelas chilenos no cuentan con la infraestructura necesaria para cumplir con las medidas sanitarias preventivas en el marco de un posible retorno presencial.

“Hoy en día nadie duda que para un estudiante lo mejor es estar en la sala de clases, ni el Colegio de Profesores, ni el Ministro ni las comunidades educativas, pero hay que supeditar el derecho a la educación al derecho a la vida y la salud de las comunidades. Entonces el asunto a resolver es cómo se logran intersectar estos dos derechos y parece ser que la conversación hoy en día es absoluta: que todos vuelvan o nadie vuelva, pero la realidad hoy en día es gris. No puede haber absolutos, porque no es posible que toda la comunidad escolar esté al mismo tiempo en la escuela. Entonces, organizar este asunto requiere un esfuerzo de coordinación de los equipos para estructurar horarios, niveles, recurso docente y combinar el modelo híbrido en que los estudiantes puedan ir 2 o 3 veces a la semana, pero que vayan y que establecimiento educacional sepa aprovechar el tiempo que están ahí para algo productivo y entendiendo que se va a tener que mantener la autonomía de aprendizaje priorizando la presencialidad en aquellos alumnos que muestran mayores dificultades”.

“Lo que dicen los estudios en relación a la pandemia es que el contagio no se da entre niños pequeños o entre niños a adultos tanto como entre adultos, por lo tanto son los adultos del sistema los que deben auto-protegerse. Pero en la medida que la comunidad educativa logra armar una propuesta de presencialidad que nunca será del 100 por ciento ni de tiempo ni de la comunidad, eso agrega valor al aprendizaje. De hecho, las experiencias que hemos estado monitoreando en cuanto a reaperturas siempre son parciales, la mayoría de los más de mil establecimientos que reabrieron no lo hicieron completamente. Ese es el desafío, más que necesariamente modificar la infraestructura, más allá de que aquellos establecimientos que requieran mejorar su capacidad tecnológica y de internet porque esto igual va a llevar un componente a distancia”.

Otro de los temas a los que se refirió la representante de Unicef Chile fue a los miedos de los padres al contagio por el hecho de que los niños vuelvan a los establecimientos, la oficial de Educación de Unicef explicó que justamente la labor de comunicación y educación a los padres ha sido uno de los centros de trabajo del organismo.

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“Estamos acostumbrados a un sistema educativo vertical: lo que el Ministerio dice es lo que se hace, pero en estos casos el Mineduc ha dado lineamientos para que se adapten a cada realidad, pero esa fase ha sido muy compleja. Uno de los componentes esenciales de eso es la participación de toda la comunidad escolar desde el inicio, por eso, es fundamental que los directivos se comuniquen tanto con los equipos de trabajo como con las familias, para preguntarles qué les da miedo, qué les preocupa y qué medidas les ayudarían a disminuir el miedo a los contagios. Levantar información para que las respuestas que se diseñen sean atingentes a la preocupación de las familias.

Otro punto es que cuando las medidas estén tomadas, se comuniquen de manera efectiva y las familias puedan ir a ver cómo se implementarán. Finalmente, hay que asumir que el proceso será gradual y que habrá familias que participarán desde el principio y otras que se irán sumando a medida que la confianza vaya aumentando.

Hay que visibilizar lo importante que es la presencialidad y el efecto negativo que puede tener para muchos niños el ir quedando rezagados en el aprendizaje, porque eso va a pasar la cuenta años después”.

En ese sentido, Morales recomendó que las primeras actividades presenciales se orienten más bien a un reencuentro social que a una entrega de contenidos educativos, debido a la importancia que tiene la socialización en los procesos educativos.

Consultada por los aprendizajes de este 2020 en materia de educación y la posibilidad que ello lleve a reorientar los objetivos de ésta hacia un nuevo modelo centrado en la educación emocional, la nueva oficial de Unicef aseguró que lo peor que podría pasarnos es que una vez vacunados todos, se vuelva a las cosas tal como eran antes de la pandemia.

“En un país como el nuestro, ad portas de un Proceso Constituyente, es importante reflexionar cuál es el lugar que tiene la educación dentro de nuestra Carta Fundamental, cómo se garantiza, no solo el acceso sino la calidad e inclusión de todos los niños, niñas y adolescentes. Es un momento en que tenemos que detenernos y pensar si la Educación que se estaba entregando es la que requerimos para este siglo, para las futuras generaciones”.

“Parte de lo que nos dejó la pandemia, según mi opinión, es que es más importante formar capacidad y competencias que entregar contenidos, porque esos están todos en internet y se puede acceder a ellos fácilmente, pero la capacidad de resolver problemas, la creatividad, la auto-regulación y organización de los tiempos, incluso la capacidad de saber distinguir una buena información de una mala, hoy no se enseña y tenemos que aprenderlo. Esto es un aprendizaje en cadena, porque si queremos eso para los estudiantes, entonces hay que pensarlo también para quienes los forman”, reflexionó la psicóloga a modo de conclusión.

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