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Año XIII, 24 de julio de 2021

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Hambre, frío y esperanza antes de ingresar a Chile: relatos de migrantes en un viaje hacia Colchane

Miles de personas se han expuesto a condiciones extremas en los últimos años para llegar al país, varios de forma irregular. Sin embargo, estos riesgos, aseguran, valen la pena ante la esperanza en encontrar un lugar donde vivir con la seguridad que en sus países de origen no tienen.

Andrea Bustos C.

  Domingo 14 de febrero 2021 9:53 hrs. 
migracion desierto


Frío intenso, calor agobiante, desierto, mafias, enfermedades, hambre y un futuro incierto. Estas son sólo parte de algunas de las dificultades y riesgos que deben enfrentar los miles de migrantes que durante el último tiempo y día a día han decidido atravesar la región para venir a Chile.

Si bien la crisis venezolana ha generado una mediática diáspora, lo cierto es que los migrantes que llegan a Chile provienen desde diferentes naciones. Todos ellos con el objetivo común de encontrar un destino. Uno bueno.

La situación revelada durante las últimas semanas en Colchane, Región de Tarapacá, ha evidenciado estos riesgos, pero también muestra lo que las personas están dispuestas a vivir con tal de encontrar un mejor lugar.

Radio Universidad de Chile conversó con dos personas que viajaron al país de forma irregular e ingresaron a través de Colchane. Pese a que sus relatos tiene diferencias de tiempo y lugar de procedencia, ambos concuerdan en lo difícil del viaje, y en que el riesgo vale la pena por un futuro mejor.

Fabiola, Venezuela: “Nosotros salimos sin nada y no queremos volver igual”

Doce meses fueron los que Fabiola pasó rotando por toda Latinoamérica. Pero su viaje en ningún caso fue de turismo o de placer, fueron 365 días en los que buscó cualquier método para llegar a Chile.

“Muchos comentan que los venezolanos debemos luchar. Desde mi punto de vista dimos lo que pudimos, ninguno quiso abandonar a su familia, su hogar, sus profesiones, sueños o metas, nosotros al salir extrañamos y añoramos nuestra tierra (…) Muchos decidimos abandonarlos, dejarlos allá y que apenas uno se pueda estabilizar esperamos apoyarlos, mandarles dinero y que ellos allá puedan resolver y al menos comer”, menciona al recordar por qué dejó su país, y en él a su hermana, sobrina y abuela.

Colchane

Al partir desde Venezuela el dinero no le alcanzaba para llegar hasta Chile, por lo que debió trabajar algunas semanas en Colombia para continuar el viaje, y repitió lo mismo en Perú. También pasó por Ecuador y Bolivia. La prioridad, dice, era no solo tener comida o productos de higiene, sino también lograr continuar sin ser devuelta a Venezuela por alguna autoridad.

“Nosotros salimos sin nada y no queremos volver igual”, dice la ingeniera en contaduría pública.

“Me tocó muchas veces dormir en gasolineras, muchas personas me dieron comida porque eran muchos kilómetros. De ese año trabajé solo tres meses, el resto fue viajando, caminando”, explica. Algunos choferes de carga pesada, quienes con todo y la pandemia tenían los permisos para trasladarse por las carreteras de Latinoamérica, fueron clave en este recorrido.

En su viaje, recuerda, incluso se topó en Ecuador con una misión de la ONU, quienes les proporcionaron un kit de cuidado para el viaje y que guardó como un recuerdo.

“A muchos nos dicen que aquí podemos sacar nuestro pasaporte, y en un tiempo determinado podemos tener un contrato de trabajo y establecernos bien, en otros países eso no pasa, nunca nos dan permisos de trabajo. Chile es como el Estados Unidos de Latinoamérica”, comenta Fabiola.

Su entrada fue por Colchane, la localidad nortina que hoy es el epicentro de la crisis migratoria. En sus días por el desierto, Fabiola aprendió a lidiar contra un frío intenso, el que debió enfrentar durante la madrugada en que en el paso fronterizo esperaba el momento de poder entrar a Chile. Los militares fueron claros en decir que no había posibilidad de ingresar, recuerda, sin embargo, junto a un grupo de personas esperaron el momento adecuado para cruzar. Y lo lograron.

migración

Ya en Colchane, varios hombres bolivianos ofrecían viajes a diferentes lugares de Chile, hasta por 150 mil pesos, dinero que Fabiola no podría pagar, por lo que debió buscar otras vías. Se autodenunció, hizo cuarentena en Iquique y luego emprendió el viaje a la capital.

Sin papeles la situación era difícil, pagó en total 80 mil pesos por dos traslados, uno de ellos en bus, nuevamente apelando a que los conductores aceptarán incluirla en su traslado.

Hoy ya lleva tres semanas radicada en Santiago, con un primo, esperanzada en que el trabajo que consiguió en una tienda de electrodomésticos en una céntrica comuna de la capital le permita arreglar su documentación y, lo más importante, juntar dinero para enviar a su familia.

Sobre la irregularidad, Fabiola aclara que en Venezuela ya no se están tramitando ni pasaportes ni otros documentos a menos que pagues en dólares. Dicho de otro modo, un imposible para los ciudadanos de clase media baja, lo que los obliga a viajar indocumentados.

Desde su trabajo, al teléfono, comenta como mensaje a chilenos y chilenas que, aunque suene trillado, no todos los migrantes son iguales, que si bien reconoce algunos de ellos pueden cometer acciones cuestionables, la gran mayoría no quiere hacer daño, sino todo lo contrario, ser parte de una comunidad a la que no quieren exigirle nada, sino solo buscan trabajar.

Colchane

Finalmente, sobre la situación migratoria de las últimas semanas y las expulsiones efectuadas por el Gobierno, comenta sus impresiones: “Lo que me da es miedo. Yo no siento rabia, siento miedo porque realmente para yo llegar aquí fue un viaje de un año prácticamente y muy fuerte, muy duro. Y estando sola, gracias a Dios, nunca me pasó nada, pero sí sentí por muchas noches mucho miedo de que algo me pasara o no volver a ver nunca mi familia, o, peor aún no poder ayudarlos. Ese es el miedo con el que despierto todos los días, pensando que saliendo de mi trabajo los policías me pueden pedir identificación y yo no sepa qué responder y tenga que dejar todo ese esfuerzo en vano”.

“Esto es algo donde no tienes opción y quisiera que vieran ese punto de vista. O mueres o ves a los tuyos morir o haces algo: trabajas, los ayudas, así sea desde fuera, así sea no los vuelvas a ver más”, agrega sobre el proceso de migrar.

Joan, Cuba: “Expulsar a todo el mundo es como ponerles una soga en el cuello y mandarlos a morir a sus países”

Joan Manduley es médico cubano. Llegó a Chile en enero de 2018, y aunque su viaje fue tres años antes de la crisis que hoy se muestra en Colchane, su entrada al país por dicha localidad no dista mucho de la realidad actual.

Hoy se desarrolla como médico voluntario en la Cruz Roja, donde dice busca ayudar al país que se ha convertido “en una segunda casa”.

“Antes de Chile estudié donde venir, a pesar de que algo ya conocía. Buscaba la libertad que en mi país no existe y nos vemos en la obligación de migrar por un problema social y en Latinoamérica Chile era el país con mejor democracia, más libre, económicamente mejor también, y que se mantiene así con respecto a los demás países. Era importantísimo también el idioma, hablan castellano”, comenta sobre la elección de su destino.

Luego de salir de Cuba a Guayana de forma regular, hasta acá llegó mediante lo que define como “medios inescrupulosos”, personas que se dedican a ofrecer viajes por toda la región a cambio de importantes sumas de dinero, es decir, un negocio a costa de la necesidad ajena. País a país van cambiando los transportistas, pero el modus operandi es el mismo: pedir dinero por ofrecer un viaje a través de diferentes medios de transporte.

Colchane

“Son delincuentes que te van transportando de forma ilegal por varios países, no solo a Chile (…) Obviamente entras ilegal a Chile porque su objetivo es cobrar su dinero y adiós, la suerte tuya no es su problema”, explica.

Y añade: “Cuando llegas a la frontera en Chile ellos no te informan nada, te dicen ‘cojan por ahí’, y tú preguntas dónde estás, cómo llego y nada. Nunca te dicen nada. Son personas que traen armas, traen cosas que para quienes no somos delincuentes, sino personas normales con mucho miedo hacemos caso, y seguimos por donde dicen. Y cuando te das cuenta ya estás dentro de Chile y estás incumpliendo las normas de un país”.

El viaje de Joan duró siete días, período en que se encontró con viajantes de diversas naciones, sin embargo, contrario a la tendencia migratoria, no se topó con venezolanos. Dicho periodo es calificado por el médico como “terrible”, por lo que no se lo recomendaría a nadie: “Mi consejo es que por esa vía, no. Es muy tortuosa y se paga mucho dinero, te extorsionan muchísimo”, dice.

Al igual que Fabiola, Joan recuerda el desierto frio y hostil, el que cruzó luego de ser abandonado por los transportistas. Allí, una vez en suelo chileno fue orientado por funcionarios policiales.

“Nos dijeron caminen y no paren y cuando nos vinimos a dar cuenta ya vimos a los Carabineros y los militares, ya estábamos en Chile. Yo venía con un primo y le preguntamos, me explicó que era carabinero, y le dijimos que buscábamos Chile, que queríamos pedir refugio, que éramos médicos, que estamos huyendo. Y él dijo llevan en Chile más de media hora, paró un bus y nos dijo móntense en este bus, y habló con el chofer y le dijo que nos llevara hasta Iquique y allá se autodenuncian”, recuerda.

Finalmente, Joan y el primo con el que viajaba decidieron seguir hasta Santiago y ahí autodenunciarse. En la capital, ya con apoyo de algunos amigos comenzó su trámite de regularización, en el que logró una visa de refugio hasta marzo de 2020. Durante ese tiempo pudo reunificar a su familia, trayendo a su esposa a Chile.

Colchane

“Chile para mi es un país fenomenal, tiene democracia, que es lo más importante. Hay cosas que cambiar sí, hay cosas que se pueden mejorar, cosas que los mismos chilenos ven que están mal y quieren mejorar o buscar soluciones, pero Chile es un país bueno, he logrado en tres años en Chile lo que mis padres en 60 no han podido hacer Cuba. Acá he tenido esperanzas que es lo más importante”, reflexiona.

Sin embargo, durante el último año los trámites se han complicado. Con el vencimiento de su RUT no le renovaron el refugio, le aconsejaron pedir una visa profesional y se le negó por haber entrado de forma irregular: “Nos están atando de manos y pies a todos los que entramos de forma ilegal, aunque estemos cumpliendo con las normas después, yo sé que incumplimos algo grave pero deberían revisarse los casos”.

Actualmente se encuentra tramitando su situación, esperando poder revertirla. Mientras tanto, es consciente de que arriesga la expulsión, la que define como “el temor más grande”, no solo porque no quiere regresar a Cuba, sino también porque allá por haber estado 24 meses fuera, dada las leyes locales, tendría que iniciar un proceso prácticamente de repatriación, tramitar todo como si nuevamente fuese un migrante.

“Yo no soy afín con el gobierno cubano, tendría que repatriarme y rebajarme a un gobierno, decirle mentiras como que los he querido siempre, que el mundo exterior es malo y que allá las cosas son buenas para repatriarme y volver”.

En tanto, sobre lo que se está viviendo hoy en día con la migración, específicamente con las expulsiones y la crisis en Colchane, Joan asegura lamentarlo y que lo ve como incorrecto, puesto que no se comprende la necesidad que hay detrás de cada viaje.

“Lo veo mal, bastante inhumano, porque sé que en la migración como tal hay muchas personas que vienen a delinquir y en ese caso hay que buscar medidas y cada país es dueño de sus actos porque es su tierra, pero hay muchas personas que vienen que son profesionales, que vienen por el simple hecho de una necesidad mayor (…) Y expulsar a todo el mundo es como ponerles una soga en el cuello y mandarlos a morir a sus países prácticamente. Además de que es terrible lo que se pasa en Colchane, es muy duro estar ahí, no es fácil y para quienes llevan 7, 12, 14 días caminando, cruzando fronteras, caminando, con hambre es muy difícil”, dice.

Finalmente, agrega que, sin embargo, vale la pena correr el riesgo: “Por muy mal que está actuando el gobierno ahora mismo, los sueños de esperanza y democracia que te brinda Chile no son comparables con nada. Es preferible mil veces a que quedarse atrás o agonizar en tu país. Es difícil, hay que vivirlo, hay que estar en un país donde no tengas nada para saber que es preferible dar tu vida”, concluye.

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