Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 2 de julio de 2022

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Jaime Mañalich, a un año de la pandemia: “Hay una suerte de ausencia de conocimiento que hizo que las cosas fueran muy difíciles”

En entrevista con nuestro medio, el ex secretario de Estado abordó los obstáculos y aciertos de su gestión al mando de la cartera de Salud. "Fue un error grave de diseño nuestro que el ministro sostuviera la vocería todos los días", admitió.

Tomás González F.

  Miércoles 3 de marzo 2021 20:36 hrs. 
Desde el arribo de la pandemia del coronavirus a nuestro país, el ministro de Salud, Jaime Mañalich, ha sido el portavoz oficial del Gobierno en las medidas contra el COVID-19. Foto: Cristóbal Escobar / Agencia UNO.

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Un día como hoy, 3 de marzo, pero del año pasado, las autoridades anunciaron que en la ciudad de Talca se había confirmado el primer caso de Covid-19 en Chile. Así, la pandemia del coronavirus arribó a nuestro país dejando, en un año, un lamentable saldo de 27 mil chilenas y chilenos fallecidos, siendo la primera causa de muerte durante 2020.

A un año de la confirmación del primer caso de coronavirus en el país, el exministro de Salud, Jaime Mañalich, conversó con Diario y Radio Universidad de Chile sobre su balance de lo que ha sido este año de pandemia. Para el ex secretario de Estado, lo primero que se debe entender es que “estamos frente a un fenómeno médico, social, económico y político que no tiene precedentes en la conciencia de la gran mayoría de las personas que hoy están vivas”.

“Todo lo que ha ocurrido es nuevo para todo el mundo y, por supuesto, nuevo para nosotros. Ha sido un aprendizaje duro, donde afortunadamente nuestro país ha podido actuar con una salud pública muy sólida y estar en cierta ventaja sobre otros países que no han tenido esa tradición o esa historia de salud pública como la que hemos tenido en Chile”, asegura.

¿Qué elemento destacaría de la respuesta de nuestro país frente a la pandemia?

Pienso que lo que ha revelado con fuerza esta pandemia es la fortaleza de nuestro sistema de salud pública. Su tradición, la dedicación de sus profesionales, sus trabajadores. Nunca hubo un problema en el sentido de que trabajadores de la salud se restaran de concurrir o asistir a las personas porque tenían temor a ellos padecer la enfermedad, y de hecho ocurrió que un número importante de personas, trabajadores de la salud, enfermaron y muchos fallecieron. Creo que esa es la fortaleza fundamental, que pone en relevancia y genera una pregunta, respecto a qué salud pública queremos para el futuro, cómo mantener esa fortaleza y no permitir que se debilite.

¿Qué elemento cree que se podría mejorar de cara a lo que viene?

Yo pienso que también esta pandemia hace ver que nosotros padecemos de una profunda falta de educación para la salud, en la población general quiero decir, no en la gente que trabaja o los profesionales de la salud; sino que hay una suerte de ausencia de conocimiento que hizo que las cosas fueran muy difíciles, sobre todo al principio.

Hoy nosotros hablamos de conceptos como inmunidad, variantes o mutación del virus, PCR, RNA, o sea, palabras que son bastante sofisticadas, y que, insisto, ponerlas en un entendimiento ciudadano costó demasiado esfuerzo. Es por eso que creo que, lo que UNESCO llama ‘alfabetización sanitaria’, un nombre que a mi no me gusta mucho, llamémoslo educación para la salud de la comunidad, es algo en lo que estamos francamente en deuda y que, insisto, creo que es un desafío muy relevante.

05 de Abril de 2020/SANTIAGO El ministro de Salud, Jaime Mañalich, se retira del Palacio de La Moneda, tras realizar el balance de contagiados y fallecidos por Covid-19. FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

El exministro de Salud, Jaime Mañalich, se retira del Palacio de La Moneda, tras realizar el balance de contagiados y fallecidos por Covid-19. Foto: Cristóbal Escobar/ Agencia UNO.

¿Hacia dónde debiese apuntar esa educación para la salud?

El nivel de educación o de formación en salud a nivel de las escuelas, por ejemplo, en la educación preuniversitaria, creo que requiere una perfección mucho más profunda. Porque al final no solo frente al Covid, sino que en el manejo de una hipertensión o diabetes, también significan decisiones que las personas tienen que tomar cada día, para hacer una dieta, para hacerse los exámenes o para el uso de mascarilla, en el caso del Covid.

Creo que esta suerte de paternalismo sanitario, es decir, yo médico agente de salud sé y tú eres paciente por lo tanto yo te digo lo que tienes que hacer, requiere un cambio radical en relación a la autonomía de las personas. Que las cosas que hay que hacer provengan fundamentalmente no de mandatos externos de coerción, como una multa, sino que provengan de decir, si me enfermo yo o se enferma un joven, mis adultos mayores van a estar en mucho peligro y, por lo tanto, yo tengo la decisión de ser responsable y no producir un riesgo enorme a los adultos mayores que son los que más enferman y eventualmente mueren producto de esta enfermedad.

Justamente una de las críticas a las que se enfrentó el Gobierno y su cartera tuvo relación con la comunicación de riesgo. Pero usted ha dicho que, en términos comunicacionales, en un principio la pandemia tendió a politizarse. ¿A qué se refiere?

Los primeros casos informados desde China al mundo ocurrieron el 31 de diciembre de 2019 y en ese momento nosotros estábamos en una contingencia político-social extraordinariamente dura. La agenda política era vuelve marzo, van a reaparecer fenómenos como el estallido social, qué nivel va a tener la violencia, si el Presidente de la República va a poder terminar su mandato; es decir, era un momento de extraordinaria agitación política, en la cual habían algunas esperanzas puestas en la Convención Constituyente.

En ese contexto aparece, en forma, por supuesto, totalmente inesperada, el riesgo de esta enfermedad que al principio generó mucha resistencia. O sea, la interpretación inicial de esta amenaza fue una interpretación esencialmente política. Vale decir, ‘aquí se está asustando innecesariamente a la ciudadanía para poner orden’, se decía, a propósito de la discusión que tenemos hoy día de la eventual renovación del Estado de Excepción Constitucional, que mediante este mecanismo ‘se quiere controlar a la opinión pública e impedir que la gente se reúna’, que ‘el ministro Mañalich está exagerando con objetos espurios’.

¿Cree que esto afectó al desarrollo de la pandemia?

Instalar, en un momento de desconfianza en la gestión del Estado como el que vivíamos, una conciencia que permitiera una suerte de pacto social para enfrentar esta pandemia, fue algo muy duro y muy difícil. Fue algo a lo que tuvimos que dedicar mucho más esfuerzos, me parece a mí retrospectivamente, de lo necesario. No habría sido así si, uno, hubiésemos estado en otro momento histórico o en otro clima, y dos, si en algunos momentos no se hubiera transformado la discusión de la pandemia en un arma arrojadiza para decir que el gobierno lo estaba haciendo mal o que estaba exagerando.

Lo vemos de nuevo ahora cuando estamos discutiendo una medida como es la renovación del Estado de Excepción y de nuevo aparece que no, que esto es una manera de coartar las libertades de las personas. O sea, volvemos a tener una discusión no sanitaria y de bien común, sino una discusión donde, fundamentalmente, lo que pesa es la valoración política de los actos de quien señala ‘vamos por este camino’ o ‘vamos por este otro’.

El exministro de Salud, Jaime Mañalich, se vio enfrentado a una acusación constitucional en su contra que, sin embargo, no prosperó en la Cámara de Diputadas y Diputados. Foto: Agencia UNO.

El exministro de Salud, Jaime Mañalich, se vio enfrentado a una acusación constitucional en su contra que, sin embargo, no prosperó en la Cámara de Diputadas y Diputados. Foto: Agencia UNO.

¿Es la oposición la responsable de que eso haya sucedido?

No, yo no quiero exagerar. Yo creo que, después de una instalación difícil, recuerdo la discusión respecto de las mascarillas o de por qué traíamos tantos respiradores, en fin, yo creo que hubo un consenso, estoy hablando de fines de marzo, de que en realidad este era ‘un monstruo grande que iba a pisar muy fuerte’, parafraseando la canción de Gieco, y en ese contexto me parece que se llegó a un acuerdo funcional.

Voy a poner un ejemplo concreto. Yo señalé a fines de marzo que tenía dudas de la posibilidad de poder hacer el plebiscito de abril; bueno, eso significó una respuesta muy violenta, política, respecto a que esto era una manipulación para evitar la manifestación popular. Pero, por ejemplo, la misma presidenta del Colegio Médico, que adquirió gran protagonismo en toda esta evolución de la pandemia, cuando ella señaló que creía que había que posponer el plebiscito se logró un acuerdo y apareció como razonable posponer el plebiscito, como ocurrió, y se pudo realizar algunos meses después en completa tranquilidad y con los resultados que conocemos.

¿Pasa lo mismo con el retorno a clases?

El mundo político en general tiende a ser binario, sí o no. En ese contexto, y tal vez la comunicación tampoco ha sido ha adecuada, la vuelta a clases es un proceso. No es, en mi opinión, ‘el 1 de marzo todos los niños de Chile vuelven a clases’, como algunos actores han transmitido. No es así, es un proceso, en el cual van a entrar algunos niños, un día sí, un día no, se va a evaluar de acuerdo a las condiciones epidemiológicas. Y no puede ser una receta única para todo el país, creo que ha habido una discusión, de nuevo, que ha tenido una cierta politización, respecto a este tema del regreso a clases que es la urgencia fundamental desde la perspectiva de cierta normalización del acceso de niños y niñas más vulnerables a sus salas de clases, al contacto con sus compañeros y recibir formación educativa, porque si no la brecha social y económica, que ya es tan dolorosa en Chile, va a aumentar en una forma vertiginosa. O sea, es un riesgo para una generación entera.

En términos personales, ¿cuál es el balance que hace de este año? Habiendo tenido un rol protagónico, y polémico a la vez, en el inicio de la pandemia y hoy viéndolo desde otra vitrina…

Yo asumí en el Ministerio de Salud el 13 de junio de 2019 y, a petición del Presidente, para tratar de apurar y empujar la reforma a la salud. Apareció después el 18 de octubre, que cambió completamente la agenda política… cambió la historia de Chile, para ser correctos. Después en enero empezamos a trabajar para montar la técnica de examen PCR, en traer respiradores y en generar el plan Covid; otro cambio muy violento en la agenda.

En ese contexto, la experiencia del manejo de la pandemia con el equipo del Ministerio de Salud y los trabajadores de la salud para mí fue muy emocionante y muy satisfactoria. Muy desgastante también, yo creo que fue un error grave de diseño nuestro que el ministro sostuviera la vocería todos los días de esta situación, porque limitaba enormemente mi trabajo diario y creo que podría haberlo hecho mejor otras personas, la vocería. Yo creo que eso fue un error de diseño y produjo un gran desgaste que me llevó a pedirle al Presidente que aceptara mi renuncia en el mes de mayo, la que se materializó en definitiva el 13 de junio.

Creo que el doctor Paris ha hecho un trabajo extraordinario, es el ministro mejor valorado del gabinete en forma permanente, estamos con esta luz de esperanza en las vacunas ahora. Pero esto requiere un tiempo largo para poder ser evaluado retrospectivamente y poder analizar qué hicimos bien o qué no hicimos bien. Entendiendo también que es una reflexión a nivel mundial porque esto va a quedar, probablemente y ojalá, así como la gripe española del siglo XX, como la única gran peste del siglo XXI.

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