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Año XIV, 5 de julio de 2022

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Entrar a la universidad en pandemia. ¿Cómo apoyar la transición y persistencia de la generación 2021?

Columna de opinión por Gonzalo Gallardo
Domingo 7 de marzo 2021 23:36 hrs.


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El sector educativo ha sido uno de los más afectados por la catástrofe humanitaria en curso. Desde que la OMS declaró la pandemia por COVID-19, en marzo del año pasado, la respuesta global y nacional fue el cierre físico de escuelas e instituciones de educación superior, y la migración en emergencia a la docencia online, develando en el proceso brechas sociales y materiales que dificultan la participación y el aprendizaje en condiciones de igualdad.

Aun cuando se ha planeado para este año la reapertura progresiva y voluntaria del espacio físico de las escuelas, no se proyecta lo mismo para la educación superior, donde el regreso sostenido a los campus resulta aún incierto. Según el documento “Universidades: modalidad actividades académicas primer semestre 2021”, de la Subsecretaría de Educación Superior del MINEDUC, solo 5 de las 43 instituciones participantes del Sistema de Acceso han planificado realizar clases presenciales. El resto de las universidades han declarado que durante el primer semestre solo realizarán algunas actividades académicas prácticas de modo presencial, que implementarán formas híbridas o mixtas de enseñanza, o bien que ofrecerán docencia 100% a distancia.

En este marco, haciendo eco del llamado de la UNESCO y el IESALC del año 2020, resulta fundamental que cada institución educacional aspire a asegurar el derecho a la educación superior de sus estudiantes, en un marco de igualdad de oportunidades y de no-discriminación, velando por no dejar a nadie atrás. Sea cual sea la modalidad de enseñanza ofrecida, es importante que cada institución identifique formas de acción que logren favorecer el aprendizaje, la presencia y la participación de cada estudiante, afrontando activamente toda barrera que limite la equidad respecto a los objetivos de formación.

En este desafío, que implica considerar seriamente las trayectorias y necesidades de todas y todos los estudiantes, es prioritario fijar la atención en la generación de jóvenes que se encuentran en transición desde la secundaria a la universidad. Las instituciones están a tiempo de planificar y orientar proactivamente su acogida.

Para cada joven, el período de transición colegio-universidad es un proceso de aprendizaje y adaptación a un nuevo rol y ambiente de desarrollo que, típicamente, se extiende hasta el segundo año de formación. Por su carácter de ruptura y cambio en la trayectoria vital, supone un período de vulnerabilidad e incertidumbre para cada estudiante, que les demanda autonomía, energía y motivación por conectar con una cultura académica desconocida y con un nuevo grupo de pares, cambiando y sosteniendo la propia identidad en el proceso.

En este ajuste, resultan fundamentales para los estudiantes las acciones de los docentes universitarios y de los profesionales de Asuntos Estudiantiles, así como la existencia de condiciones laborales adecuadas para quienes se vinculan directamente con el estudiantado. Son estos actores los primeros rostros visibles que dan la bienvenida a cada estudiante a la vida universitaria.

En conversatorios y talleres de formación desarrollados el año pasado desde el Observatorio de las Juventudes Universitarias, estudiantes de primer año y tutores pares de la generación 2020 de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Alberto Hurtado indicaron tensiones experimentadas en su transición a la universidad: señalaron haber enfrentado importantes barreras para interactuar con sus compañeros de carrera en los primeros meses de clases (especialmente si al llegar a la universidad lo hacían sin conocer previamente a sus pares), percibieron distancia respecto a sus profesores, frustración por no contar con una experiencia universitaria tal cual como la habían imaginado, incomodidad de hacer de sus hogares un espacio para el aprendizaje y problemas para equilibrar la vida personal y académica.

En torno a estas dificultades, los docentes universitarios de primer año pueden actuar en 2021, ajustando sus programaciones curriculares, poniendo foco en la inducción a la vida universitaria,  asumiendo que en sus clases no solo ofrecen contenidos, sino que abren las puertas de la comunidad académica a la cual se integran los nuevos estudiantes.

Nadie sabe qué implica ser estudiante universitario al inicio de su formación. Este oficio se aprende en las relaciones cotidianas con docentes y pares. ¿Cómo facilitar este aprendizaje desde una docencia a distancia? Explicitando lo más posible todo aquello que, después de años en la academia y en una carrera concreta, se ha vuelto transparente y obvio para los profesores.

Además, dado que las generaciones de primer año están constituidas por estudiantes que no necesariamente se conocen desde su vida escolar pasada, resulta útil considerar el espacio de clases (aun en formato virtual) como una instancia donde favorecer el encuentro entre estudiantes, multiplicando las oportunidades de trabajo grupal en aula, formando grupos de diálogo aleatorios durante las primeras clases (al modo de los breakout groups de ZOOM o TEAMS, por ejemplo), donde en grupos pequeños cada estudiante se pueda presentar y conocer a sus pares.

Por otro lado, es vital asumir que el vínculo profesor-alumno cumple un rol clave en el aprendizaje universitario. Esta relación es típicamente asimétrica y en los primeros años los estudiantes perciben mayor lejanía respecto a sus docentes. La distancia puede ser reducida mediante actitudes de respeto y buen trato desde la docencia, manifestando apertura genuina al diálogo, no forzando la exposición (no hay razón que justifique exigir abrir las cámaras en formatos remotos), ofreciendo reconocimiento a cada estudiante, evitando toda forma de menoscabo o maltrato, tolerando los silencios y buscando activamente conectar con el grupo humano de estudiantes.

Desde los profesionales de Asuntos Estudiantiles o desde roles equivalentes a nivel de carreras, preocupados del seguimiento, orientación y acompañamiento a las trayectorias de aprendizaje de cada cohorte, es posible ofrecer acciones concretas de soporte para la generación estudiantil 2021.

Junto con brindar apoyo al bienestar y atención sostenida a las necesidades de apoyo psicosocial de cada generación, resulta importante instalar acciones permanentes de levantamiento de información, considerando que las emociones, el bienestar percibido y las necesidades sentidas no son elementos estáticos a lo largo del semestre. Políticas de puertas abiertas y canales de comunicación conocidos, trabajo coordinado con tutores pares y diálogo con ayudantes de cátedra pueden aportar en este sentido.

La instalación de este tipo de estrategias, capaces de brindar información sobre las características generales de cada cohorte estudiantil, así como de identificar condiciones específicas y casos de estudiantes afectados por la pandemia (duelos, enfermedad de parientes, contagios, problemas de salud mental), puede permitir a cada institución brindar atención oportuna a grupos y personas en mayor riesgo de desengancharse de la actividad educativa, permitiendo el desarrollo de espacios de escucha y acompañamiento.

Además, contar con este tipo de información podría permitir la sensibilización del cuerpo docente respecto a las tensiones globales y particulares experimentadas por el estudiantado, favoreciendo el ajuste de carga o la instalación de adecuaciones curriculares no significativas, que permitan sostener el aprendizaje este 2021, dando prioridad a la contención y a la permanencia estudiantil, en un escenario general de emergencia socio sanitaria.

En las instituciones universitarias, así como en cada nivel educativo, la experiencia humana de aprendizaje 2020 logró sostenerse en base al trabajo delicado y respetuoso de profesionales y docentes, a través de vínculos de enseñanza y cuidado mediante relaciones cara a cara -aun a través de plataformas- donde cada quien se sintió en algún momento valorado y no anónimo entre pantallas.

El aprendizaje de lo logrado en la etapa inicial de la pandemia debiera impulsar la actividad de este nuevo año académico, velando por ofrecer reconocimiento y lazos para el encuentro a cada estudiante, así como también espacios de contención y acogida para cada profesional y docente.

El autor es coordinador del Observatorio de las Juventudes Universitarias de la Dirección de Asuntos Estudiantiles UC, profesor en la Escuela de Psicología UC y en la Facultad de Psicología de la Universidad Alberto Hurtado.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.