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Alicia Villalobos y Roxana Lara

Las personas mayores durante la pandemia en la Atención Primaria de Salud, una realidad invisibilizada

Alicia Villalobos y Roxana Lara | Miércoles 21 de abril 2021 11:41 hrs.


La pandemia Covid -19 ha tenido graves efectos en la vida cotidiana de todas las personas en sus distintas edades, no obstante, para el caso de las Personas Mayores (PM), ésta ha conllevado consecuencias inmensurables, que van mucho más allá del sólo riesgo que el contagio por COVID puede producir en su salud, consecuencias que van a muy largo plazo.

Es reconocido que el mejor indicador de salud en este grupo etario es la “Funcionalidad”, entendida como la capacidad de realizar actividades básicas de la vida diaria que le permiten su subsistencia y actividades instrumentales y avanzadas, que los habilita para desarrollar tareas de mayor complejidad, como lo son hacer compras, trabajar, visitar a sus familiares y amigos, entre otras, todo en miras de mantener su autonomía y retrasar el mayor tiempo posible cualquier grado de dependencia.

Vinculado a lo presentado y desde la mirada de la Atención Primaria de Salud (APS), durante las últimas décadas, se han generado distintas estrategias que tienen por objetivo mantener o mejorar la funcionalidad y prevenir la dependencia de las PM. Es posible mencionar algunas de éstas como lo es el Examen de Medicina Preventiva del Adulto Mayor, que detecta factores de riesgo de perder la funcionalidad, pudiendo dar paso a la fragilidad y dependencia. El Programa de Salud Cardiovascular, que tiene como objetivo prevenir enfermedades cardiovasculares como el Accidente Cerebrovascular y el Infarto Agudo del Miocardio, primeras causas de muerte y dependencia en Chile. Asimismo, se dispone de prestaciones como atención odontálgica integral, Programa de enfermedades respiratorias crónicas, Plan de Alimentación Complementario. Y, por último, entre otros, el Programa de dependencia severa, con visitas domiciliarias integrales de distintos profesionales de APS, que busca retrasar el avance de la dependencia y otorgar el tratamiento, rehabilitación y un cuidado digno necesario.

Ahora, a la luz de la pandemia y las estrategias implementadas para responder a ésta:

¿Qué ocurre con las medidas de confinamiento extremo para las PM, que impiden su socialización y potenciar su autonomía?

¿Qué ocurre con la rehabilitación tras una hospitalización, que en la mayoría de los casos ha llevado a personas autovalentes a total dependencia?

¿Qué ocurre con las personas con dependencia severa, quienes ya no reciben visitas domiciliarias o éstas se desarrollan en casos extremos por la priorización de tareas en APS?

¿Qué ocurre con los controles de salud preventivos, orientados a pesquisar factores de riesgo y actuar oportunamente?

¿Qué ocurre con las PM con enfermedades crónicas, quienes con pluripatología y polifarmacia no pueden acceder a sus controles de manera regular?

¿Qué ocurre con la salud mental de las PM, solas, sin apoyo y cercanía de sus seres queridos y sin poder acudir a atenciones de salud?

Múltiples preguntas surgen de las reflexiones y conversaciones con profesionales de enfermería de APS de todo Chile, y al plantear la interrogante ¿Cómo se traduce esto finalmente en la salud de las personas mayores?, todos concuerdan en lo mismo: deterioro progresivo del estado de salud de las personas mayores, traducido en pérdida de autonomía y avance exponencial de la dependencia.

Es así como los equipos de APS están viviendo tiempos sustancialmente críticos, desde el cansancio extremo ante las múltiples adaptaciones y ajustes para responder a nuevas necesidades como trazabilidad, campañas de vacunación, reconversión en tiempo record a atención por telesalud o priorizando sólo un número específico de actividades y postergando muchas otras. También es conocido el colapso de los equipos de salud asociado al contagio del personal con Covid-19, licencias médicas, cuarentenas, estrés y frustración ante situaciones límites que se traducen en trastornos de salud mental.

Todo lo anterior ha obstaculizado el mantener las distintas prestaciones a las PM y familia, que, en tiempos previos a la pandemia, incluían al equipo de salud completo, con trabajo interdisciplinario. Se suman los problemas de infraestructura, que según los aforos definidos no han permitido atenciones presenciales, llegando a limitarse solo a atenciones domiciliarias en caso de complicaciones y entrega de fármacos a domicilio, disminuyendo a lo mínimo cualquier estrategia promocional o preventiva.

Una realidad invisible en los actuales lineamientos de salud del gobierno, los cuales en su mayoría se centran en la atención terciaria, invisible en los actuales análisis de priorización de estrategias de cómo afrontar esta pandemia, en resumen, sigue siendo escasamente valorado el impacto que siempre tendrá en la salud de las personas, familias y colectivos de personas la Atención Primaria de Salud.

A modo de cierre, es posible aventurar que la detención total o parcial por más de un año de los programas dirigidos a las PM en APS, se traducirá en la descompensación de enfermedades crónicas, fragilidad, dependencia y aumento de la mortalidad prevenible. Esta grave situación, que en algunos casos ya es irreversible, nos exhorta como país a generar estrategias que respondan a estas consecuencias, que en su invisibilización, en el mediano y largo plazo se traducirán en impacto familiar, económico, social, cultural y de salud, que bajo una gran impotencia, finalmente vulnera de manera principal, a los grupos de PM más desprotegidas, que al no contar con las redes de apoyo y recursos económicos necesarios, deben seguir esperando, sin ser vistos como prioridad, que se reanude lo que es un imperativo, el derecho a una salud digna.

Alicia Villalobos Courtin
Roxana Lara Jaque
Académicas, Departamento de Enfermería
Universidad de Chile