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El arte de la fuga o el dejá vou saigonés

Cuando el 30 de abril de 1975 el rápido avance del Vietcong colapsó las posiciones survietnamitas tomando por sorpresa a los occidentales que residían en Saigón, tuvo lugar una de las más desesperadas evacuaciones que se recuerden. Masivamente, diplomáticos y personal de apoyo de las embajadas de Estados Unidos y sus aliados, amén de extranjeros de distintas nacionalidades y sus colaboradores vietnamitas se hacinaron en las legaciones para huir de los comunistas. Hoy, en Kabul, Afganistán, la escena se repite: ahora se trata de escapar de los talibanes.

Luis Hernán Schwaner

  Sábado 14 de agosto 2021 10:14 hrs. 
Talibanes


Escapar fue la consigna de los estadounidenses y de sus aliados occidentales en Vietnam. Buena parte de ellos buscaba por cualquier medio abandonar la ciudad antes que ésta cayera. Y muchos vietnamitas, en especial aquellos ligados al gobierno de Estados Unidos o al de Vietnam del Sur, también anhelaban huir. 7000 personas escaparon por esos días de Saigón en helicópteros, incluyendo a 3 mil huérfanos vietnamitas durante la “Operación Babylift”.

También funcionaba a toda escala la corrupción, algo no infrecuente en la capitalista Saigón. Los pagos ilegales por un valorado pasaporte falsificado o una preciada visa de salida se sextuplicaron y los precios de los pasajes de barco se triplicaron. Pese a ello, una gran cantidad de refugiados quedaron varados en el edificio de la embajada estadounidense aquel 30 de abril de 1975, incluyendo muchos vietnamitas. Otros tantos cientos de civiles vietnamitas y surcoreanos rodearon el complejo de edificios que componían la embajada de Washington en Saigón e, incluso, hubo muchos que  hasta escalaron sus muros para intentar deslizarse en territorio estadounidense con la esperanza de recibir el estatus de refugiados.

Finalmente, un total de 978 ciudadanos  estadounidenses y unos 1100 vietnamitas lograron ser evacuados en helicópteros desde su embajada. Los infantes de marina que custodiaban el edificio principal fueron recogidos al amanecer, despegando el último aparato a las 07:53 del 30 de abril de 1975. Cuatrocientos veinte vietnamitas y surcoreanos fueron dejados en el complejo de la embajada, más otra multitud aguardando en la calle. La bandera de las barras y estrellas quedó flotando, renegrida, en lo alto del edificio: no hubo tiempo para arriarla.

La Guerra de Vietnam había terminado.

Muy pronto, no obstante, el mundo podría volver contemplar escenas de pánico y desesperación similares. Estas  podrían ser protagonizadas por ciudadanos de países occidentales y sus colaboradores nativos al no poder abandonar un país en llamas, donde por ningún motivo están dispuestos a enfrentar una situación altamente bélica y, algo no menor, religiosamente prejuiciada, donde los elementos más extremos ya han prometido que aquel que no se someta públicamente al Islam simplemente morirá. Aunque aquello pudiera parecer exagerado, probablemente no haya ciudadanos europeos o estadounidenses que quisieran correr el riesgo de comprobarlo. Intuyen, por lo demás, que en medio del fragor de la lucha armada y de la embriaguez por la victoria, la vida de un ciudadano occidental podría no valer nada.

De hecho, Dinamarca ya propuso el jueves evacuar a sus ciudadanos y permitir que, ante posibles represalias de los talibanes, aquellos afganos que colaboraron con ellos puedan ser también evacuados hacia su territorio. “Tenemos la responsabilidad común de ayudar a los afganos que están amenazados por haber colaborado con Dinamarca en Afganistán”, declaró el ministro danés de Asuntos Exteriores, Jeppe Kofod. Serían unas 45 personas a las que se otorgará residencia por dos años.

Por su parte, el ministro finlandés de Asuntos Exteriores, Pekka Haavisto, declaró el miércoles que su gobierno estudiaba cómo evacuar “a decenas” de afganos que trabajaron con ellos, una promesa que también hizo su vecino, Suecia. Y en Alemania, el ministro de Exteriores, Heiko Maas, anunció este viernes que el país europeo reducirá “a mínimos absolutos” el personal de su embajada en Afganistán. La medida se hará efectiva en los próximos días y la evacuación de los diplomáticos germanos y colaboradores afganos se realizará a través de vuelos chárter. Algo similar anunció Noruega: cerrará temporalmente su legación diplomática en Kabul y evacuará a todo su personal.

Por su parte, el Pentágono dispuso que tres mil soldados vuelvan a Afganistán para asegurar la evacuación de casi todo el personal de la embajada en Kabul, sumándose a los 650 que todavía quedan allí. Además, Washington enviará otros 1.000 soldados a Qatar para asegurar los trámites de asilo para inmigrantes afganos que sean llevados a ese país, mientras que unos 4.000 efectivos más se desplazarán a Kuwait, en caso de que la situación de sus compatriotas en Afganistán necesite refuerzo.

Finalmente se informaba este viernes que Canadá desplegará varias unidades, incluido el grupo Joint Task Force 2 (JTF2), especializado en la lucha antiterrorista y el rescate de personas, mientras un grupo de afganos que ha trabajado para Canadá en los últimos años se refugió en esa embajada en Kabul, con la esperanza de ser rescatados junto con los ciudadanos canadienses.

(Imagen: Talibán monta guardia en la entrada del capturado cuartel general de la policía en Ghazni, el 12 de agosto de 2021. RFI-AFP)

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