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Año XIII, 29 de noviembre de 2021

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El impacto de las jornadas laborales extensas en la calidad de vida de trabajadores y trabajadoras del Comercio

Razones de seguridad, protección, transporte y calidad de la vida familiar son parte de la interpelación que trabajadores(as) del Comercio han realizado a empresarios del sector para comenzar a cerrar locales desde las 19 horas.

Carolina Escobar - FACSO

  Lunes 23 de agosto 2021 12:18 hrs. 
trabajadores


Representantes de los(as) trabajadores(as) del país -específicamente de la Alianza del Comercio, que agrupa a 15 organizaciones sindicales– interpelaron a los empresarios el pasado 5 de Agosto para cerrar el comercio a las 19 horas. La petición fue sustentada en temas de seguridad, protección y, en definitiva, mejores condiciones de cuidado, especialmente a sus funcionarias.

A eso se suma la escasa locomoción que hay en Santiago y las restricciones por motivos sanitarios, como el toque de queda, considerando además que a muchos(as) trabajadores(as) les toma dos horas promedio el traslado a sus casas. Esto no solo genera desprotección, sino que también afecta la calidad de la vida familiar, planteó Patricio Venegas, subsecretario de la Ramal de Comercio de la CUT y representante del sindicato de Walmart en la Alianza del Comercio.

La precariedad en las condiciones laborales, particularmente en el comercio, y su impacto más específicamente en las mujeres, no es nueva, pero con la Pandemia se ha intensificado. Claudia Campillo, académica del Departamento de Trabajo Social de la Universidad de Chile, recuerda que -según diferentes estudios- en el 2020 la pérdida de empleos en el sector comercio impactó de forma particular a las mujeres, ya que es precisamente en ese sector donde se encuentran las más altas tasas de ocupación femenina.

Los últimos estudios (ENADEL; INE) muestran una recuperación paulatina del empleo en el comercio, pero las tasas de recuperación son menores para las mujeres que para los hombres (-2.9 versus 0.9 por ciento, respectivamente) para el primer trimestre de 2021. Lo anterior propició la aparición de un creciente número de personas con esquemas de contratación temporal (12 por ciento) y de subcontratación (9 por ciento). Esto, sin considerar el promedio de 20 por ciento de la fuerza laboral dedicada a actividades informales (INE, 2021).

Impacto en la vida de los hogares

El desempleo o la calidad del empleo y sus efectos en los hogares ha sido gravitante, contemplando que además de la pérdida de empleos, los ingresos percibidos por los(as) trabajadores(as) en ese sector son menores en comparación con otros grupos. En este contexto, la relación entre trabajo y familia se ve mermada, pues el tiempo disponible para las actividades de convivencia y reproducción social disminuye debido a las largas jornadas laborales en el país. Por otra parte, el debate en torno a la modificación de las horas de trabajo, para reducir las actuales 45 horas establecidas por el Código del Trabajo a 40, no han logrado los acuerdos necesarios.

“Los principales argumentos en torno a las posibilidades de la reducción de la jornada laboral están sustentadas en la relación ingreso-productividad y sus eventuales efectos en el crecimiento y desarrollo de la economía nacional”, critica Claudia Campillo. Sin embargo, agrega que es necesario introducir en el debate las formas en que el actual sistema económico nacional concibe las fuentes de la productividad, tema que complejiza la discusión porque habría que introducir elementos tales como las formas de organización y distribución de las actividades productivas y el desarrollo de una cultura laboral distinta a la actual.

Además de la revisión de la duración de las jornadas laborales, es necesario -a su juicio- repensar el modelo de crecimiento, adecuarlo a las nuevas condiciones en que se ha desarrollado el mercado laboral, con una demanda creciente de mujeres que se han incorporado a actividades productivas y las condiciones en que se realiza esta inserción.

¿Sirve de algo el cierre anticipado del comercio?

Respecto a la petición sobre cerrar el comercio desde las 19 horas o una disminución de horas en la jornada laboral, Claudia Campillo piensa que podría ayudar especialmente a aquellas mujeres con responsabilidades de cuidados en los hogares. Pese a ello, se requiere un análisis profundo que impulse la generación de un nuevo modelo de organización del trabajo que permita a las personas no solo conciliar su vida familiar con la vida laboral, sino que impulse el desarrollo de una organización del trabajo para este sector.

“El consenso internacional en torno a la consideración del bienestar de los(as) trabajadores(as) como un elemento fundamental de las políticas de empleo está instaurado en los convenios y protocolos de la Organización Internacional del Trabajo, por tanto, resulta imprescindible que se inicie un proceso de modernización de este sector productivo”, apela Campillo.

Gloria Zavala, académica del Departamento de Psicología de la U. de Chile, comenta que el debate debe considerar que cerrar el comercio a las 19 horas no implica necesariamente que los trabajadores y las trabajadores van a salir de su trabajo en ese horario, ya que muchos(as) de ellos(as) deben realizar labores posteriores al cierre de los negocios, para poder abrir sin problemas al día siguiente. De esta manera, el cierre real del comercio a las 20 horas significa que muchos trabajadores y trabajadoras salen de su trabajo con rumbo a sus hogares a lo menos 20 minutos más tarde que dicho cierre.

El poder contar con tiempo para la vida personal y familiar es “altamente relevante, considerando las dificultades en torno a la salud mental de las y los chilenos que se han acrecentado durante la pandemia, unidas a la mayor necesidad de cuidados, en términos tanto afectivos como relacionados con el Coronavirus hacia los miembros del grupo familiar. Lo anterior dice relación con la permanencia de los(as) hijos(as) en los hogares, y el trabajo de cuidado y doméstico que se lleve debe llevar a cabo (que implica también, por ejemplo, el caso de adultos mayores en situación de dependencia), teniendo en cuanta también que por distintas razones, ya sean económicas o contextuales, no se puede contar con todos los apoyos con los que se contaba antes de la pandemia”, analiza Zavala.

Lo que la Pandemia vuelve a visibilizar

La pandemia, una vez más, ha desnudado y amplificado las profundas desigualdades económicas, sociales y territoriales al interior de la sociedad chilena. Las brechas existentes en cuanto al acceso e incorporación de las mujeres al mercado laboral, bajo un sistema de uso intensivo de la mano de obra, caracterizan un modelo poco eficiente de crecimiento económico, ya que no considera a la dinámica sociodemográfica y al cambio cultural de las familias, especialmente de las mujeres.

En el caso del comercio, se ha vivido gran incertidumbre respecto de la continuidad de los empleos. Adicionalmente, la necesidad de presencialidad se asocia en algunos casos a mayor riesgo de contagio, principalmente en aquellas personas que deben atender público de manera directa. En esta línea, “los horarios del sector comercio, tal y como plantea la noticia de la petición de los(as) trabajadores(as), se han transformado en una dificultad a la hora de plantearse la necesidad de llegar a tiempo a sus hogares, debido a aspectos como la locomoción, la afluencia de personas en las personas en las calles, y la inseguridad”, enfatiza Gloria Zavala desde la Psicología.

Siempre el trabajar más horas, en términos de salir más tarde que otros(as) trabajadores(as), y contar con poco tiempo tanto para compartir con la familia, para realizar actividades de ocio y para llevar a cabo labores de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado dentro del hogar, precariza la vida familiar y personal, principalmente en el caso de las mujeres, “que hemos seguido manteniendo el doble rol en el ámbito público y en el ámbito privado. Esto se hace patente, se tensiona y cobra relevancia en el contexto de la pandemia, considerando un aumento en la carga de trabajo referente al trabajo doméstico y de cuidados al interior de las familias, el que, como ya se mencionó, es llevado a cabo principalmente por las mujeres”, recalca Gloria.

Enfatiza, además, que debe considerarse la necesidad de realizar actividades para enriquecer la vida personal y familiar, en aras de una mejor salud mental. También velar por la corresponsabilidad social de los cuidados. Esta corresponsabilidad implica tanto la importancia del rol de las y los empleadores, en referencia a entregar los recursos y las facilidades a quienes cuidan, para llevar a cabo su doble rol; a la vez que el rol del Estado en los cuidados -del que nunca se habla- debiera implicar una implementación pública de redes de cuidado. Esto es relevante, según Gloria Zavala, ya que los cuidados son vistos solo como responsabilidad de las familias, parte del ámbito privado, siendo así invisibilizados.

Es necesario, entonces, que el Estado chileno, en palabras de Claudia Campillo, incorpore medidas de política pública que permitan una mejor conciliación del empleo con las responsabilidades de cuidado y crianza -encargado principalmente a las mujeres- e impulse una tarea pedagógica que incentive el equilibrio en la distribución de estas responsabilidades en ambos sexos.

Las transformaciones requeridas en la cultura y organización del trabajo no solo pasan por ajustar el mercado laboral a las necesidades de los sectores productivos, “necesitan ser pensadas desde un horizonte que impulse las dimensiones que inciden positivamente la productividad, teniendo en mente el importante aporte de los trabajadores y las trabajadoras con contextos familiares diversos”, plantea la docente.

Foto: Agencia Uno.