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Año XIII, 5 de diciembre de 2021

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Los desafíos de Chile en su camino a posicionarse como productor mundial de hidrógeno verde

Si bien el país ha sido identificado como pionero en impulsar esta alternativa energética, organizaciones sociales destacaron la necesidad de promover una mirada integral en la evaluación de impacto ambiental y regulaciones que hagan del H2V una fuente competitiva ante combustibles fósiles.

Natalia Palma

  Domingo 10 de octubre 2021 10:00 hrs. 
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En medio de la crisis del cambio climático, varios son los países que están tomando acciones para reducir su huella de carbono, mediante el desarrollo de nuevos sistemas energéticos sustentables que permitan reducir la emisión de gases de efecto invernadero.

Uno de ellos es el hidrógeno verde (H2V), el cual es producido a partir de agua y energías renovables, tales como la solar y la eólica, por medio del proceso denominado electrólisis, donde se obtiene la descomposición de las moléculas del agua, en hidrógeno y oxígeno.

Este puede ser usado como combustible sustentable en todos los sectores que requieran energía y como materia prima para procesos industriales, como refinerías, producción de fertilizantes para la agricultura, amoníaco verde para el sector minero, entre otros.

Lo que hace a este método de extracción el más amigable con el medio ambiente, pero también el más costoso, considerando que la forma más barata de obtener hidrógeno es utilizando combustibles fósiles, como el petróleo, carbón y gas, llamados hidrógeno gris, café y azul, respectivamente.

Sin embargo, Chile se posiciona como uno de los países pioneros en la escena internacional, puesto que el hidrógeno verde producido en el Desierto de Atacama y en la Región de Magallanes tendría el costo nivelado de producción más bajo del mundo al 2030. Condiciones en la que se estima el potencial de generar 160 millones de toneladas al año de H2V, según análisis de McKinsey & Company y la Agencia Internacional de Energía.

Ante estos antecedentes, el Ministerio de Energía- encabezado por Juan Carlos Jobet- presentó la Estrategia Nacional de Hidrógeno Verde en noviembre de 2020, la que está proyectada en tres etapas. La primera buscará activar la industria doméstica y desarrollar la exportación a 2025, y las restantes tendrán como objetivo escalar hacia mercados globales, de manera que Chile sea el líder productor global de H2V por electrólisis a 2030.

Además, en septiembre pasado comenzó la construcción del proyecto “Haru Oni”, la primera planta de hidrógeno verde en Chile y la más grande en su tipo en América Latina, a cargo de la empresa Highly Innotiative Fuels. Esta iniciativa emplazada en Punta Arenas, cuya inversión contempla 51 millones dólares, se espera que produzca 130.000 litros de combustible a fines de 2022. Más adelante, la capacidad se irá ampliando a 55 millones de litros en 2024 y alrededor de 550 millones de litros en 2026.

No obstante, la directora ejecutiva de Fundación Terram, Flavia Liberona, ve con distancia las expectativas de posicionar a Chile como productor global de hidrógeno verde, catalogándola como “una fantasía”.

“Chile es un país pequeño que no sé si tiene la capacidad de producir hidrógeno verde, porque es muy importante considerar que esto es una tecnología experimental de alto consumo de agua y eso no lo dicen. Entonces, un país que lleva doce años de sequía, donde no se sabe cuánta agua se va a consumir, ni qué efectos eso va tener en el clima o en los ecosistemas, realmente desde nuestra perspectiva es un poquito osado decir que vamos a ser líderes a nivel mundial”, sostuvo.

Asimismo, Liberona cuestionó la credibilidad del Gobierno de promover un giro sustentable, dada esta última polémica que envuelve al presidente Sebastián Piñera con Minera Dominga y apuntó que aquellos proyectos que todavía estén en una categoría experimental tienen que ser bien analizados en la medida que se van desarrollando.

Por ello, señaló que estos sistemas de producción “habrá que evaluarlos ambientalmente, ver los impactos que generan y cada comunidad, región o territorio tendrá la posibilidad de opinar sobre estos proyectos, cosa que no ha pasado hasta ahora”.

La directora ejecutiva de la Defensoría Ambiental, Alejandra Donoso, compartió este diagnóstico y manifestó que “hay un montón de dudas que no están correctamente resueltas, muchísimo menos para hablar de líder económico en la materia. Si bien es un avance tener energía que no implique la quema de combustibles fósiles, esa manera de pensar la producción energética perpetúa el extractivismo y los impactos en los territorios y en los ecosistemas”.

La abogada ambientalista también añadió que “tenemos mucho que mejorar desde el punto de vista institucional, de los instrumentos regulatorios, hay muchos vacíos en términos de la incorporación de actores, de participación ciudadana, democracia y justicia. Pero sobre todo es importante que eso se realice de manera transparente y considerando todos los impactos y repercusiones que podría tener este tipo de tecnología” y no ver solamente “la suma o resta económica que podría abultar cifras como el PIB, que muchas veces reflejan ganancias para quienes invierten en esto, pero que invisibilizan las externalidades ambientales negativas”.

En tanto, la directora de Espacio Público, Annie Dufey, se mostró optimista y expresó que el hidrógeno verde vendría a reemplazar los combustibles fósiles “en sectores que se dice son difíciles de abatir las emisiones” y agregó que “no es para el reemplazo de la energía eléctrica, sino de todo lo que tenga que ver con producción de frío y calor, los procesos térmicos especialmente de la minería y la industria”.

“En ese sentido son muy buenas noticias, que permita abastecer en el futuro a diversos sectores, reducir nuestras emisiones (de CO2) como país y también, por cierto, que logre posicionarse como un nuevo sector exportador”, afirmó.

En cuanto a las aprensiones de organizaciones respecto al uso masivo de agua para la elaboración de H2V, la también CEO de Karungen expresó que “hay que tratar de buscar círculos virtuosos. Tú puedes usar cualquier tipo de agua y puedes desalinizarla en la medida en que el proceso sea a través de energías renovables”.

Además, comentó que también puede utilizarse en la producción “aguas residuales o aguas servidas. Entonces no tienes por qué ir a competir con el uso directo del consumo humano”.

Sin embargo, Dufey reconoció que son varios los desafíos los que Chile debe abordar en su camino a convertirse en el productor mundial de hidrógeno verde.

De modo que apuntó a que “primero debemos ver si existe la factibilidad económica de producir el H2V aun así se empiecen a hacer las inversiones necesarias hoy día, de manera de seguir la hoja de ruta para obtener un hidrógeno verde competitivo a fines de la década” y añadió que ante los altos costos del hidrógeno se necesita de cierta regulación, “por ejemplo, que se calcule que para Chile al 2030 se requiere de un impuesto al carbono en torno a los $45 dólares para ser el hidrógeno competitivo frente a los combustibles fósiles”.

Por otra parte, sostuvo que “ningún proyecto de este tipo puede hacerse sin una debida evaluación ambiental que sea estratégica y que permita tener una mirada integral de los impactos. Por lo que requiere de una participación ciudadana amplia e informada”.