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Una bala y un cariño: el femicidio que la música chilena prefirió olvidar

Posiblemente la música nacional no ha conocido un episodio más brutal de violencia a la mujer que el que vivieron las hermanas Pérez Freire. En 1934, las autoras de “Una pena y un cariño” y “Corazón de mujer” fueron víctimas de un ataque femicida en Francia cometido por el esposo de Lily. El hecho le costó la vida de Mercedes y dejó al borde de la muerte de Lily, quien siguió su vida en Chile y se dedicó de manera más bien esporádica a la composición para morir en 1988 con la sombra de este episodio que parece prácticamente borrado de la historiografía musical chilena.

Manuel Vilches

  Jueves 25 de noviembre 2021 8:45 hrs. 
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Hasta hoy lo que más se sabe de las hermanas Lily y Mercedes Pérez Freire es que son autoras de dos clásicos de la música popular chilena: “Corazón de mujer” y “Una pena y un cariño”. Más allá de eso, en libros y sitios dedicados a la historia de la música nacional no hay mucho más que sus nombres, su rol de intérpretes al comienzo de la década del 30 y el nombre de sus creaciones consagradas. De sus vidas y sus muertes es muy difícil encontrar más detalles.

Eso detonó la curiosidad del abogado y coleccionista musical Carlos Muñoz, quien hace no mucho tiempo decidió saber más de estas dos mujeres, hijas de Osmán Pérez Freire y que acompañadas al piano de su madre, Adela de Lara, recorrieron varios países interpretando las canciones de su papá y algunas que comenzaron a componer luego de la muerte del autor del “Ay, ay, ay”, ocurrida en 1930.

“Tengo el recuerdo de que se les nombraba cuando artistas como Los Huasos Quincheros o Arturo Gatica cantaban alguno de sus dos temas más conocidos. Para mí quedaron siempre en una suerte de nebulosa, así que quise saber más y gracias al profesor Google di con estas páginas de árboles genealógicos y vi que ambas no tenían hijos y que, además, las muertes de Mercedes y del esposo de Lily fueron con un día de diferencia. Presumí que habían tenido un accidente y con esa hipótesis busqué en el archivo digital de La Nación. Cuando encontré la noticia me fui de espaldas”, cuenta.

“El drama de la calle Galilée” llamó la prensa francesa al femicidio que ocurrió el 8 de julio de 1934 en un departamento de una zona acomodada de París y que fue señalado como un hecho “que remeció a la diplomacia latinoamericana” por el distinguido origen de los protagonistas: las hijas de un reconocido compositor chileno, triunfador en Europa, y un diplomático peruano.

Según contaron los diarios de la época, tanto en Francia como en Chile, Lily había llegado pocos días antes del ataque al departamento que arrendaban su madre con su hermana Mercedes en esta calle que estaba ubicada en la acomodada zona de los Champs- Élysées. En esos momentos había iniciado los trámites de divorcio de Manuel García Irigoyen, quien se había enamorado de ella en una presentación que las hermanas tuvieron en Lima el año anterior. A fines de 1933 García logró casarse con Lily, pese a cierta reticencia de Adela de Lara por el carácter impetuoso de su yerno, y al poco tiempo viajaron a Bélgica, donde él debía cumplir labores diplomáticas en el consulado peruano.

Ya en el viaje en barco Lily notó que el matrimonio sería más que difícil y por primera vez vio a su marido sacar un arma ante un episodio de tensión. Llegados a Bélgica él se dedicó a recorrer salones y eventos sociales de Bruselas y París y agotó rápidamente la paciencia de su mujer. Luego de algunas conversaciones ella decidió pasar unas semanas en un recinto de monjas españolas en Francia y al salir ya estaba convencida que debía separarse y vivir con su madre y su hermana.

Rápidamente empezó el hostigamiento de parte del esposo. El miércoles 4 de julio llegó al departamento a hablarle, pero la mamá se lo impidió. Él le dijo “firmaré el divorcio, pero después me suicidaré”, y al día siguiente se lo repitió a su esposa por teléfono. No supieron de él hasta el domingo 8, cuando las siguió después de que hicieron unas compras y logró entrar a los empujones al departamento, aunque otra versión dice que forzó la puerta mientras ellas habían salido y que las esperó adentro.

Dentro de la vivienda García Irigoyen disparó tres veces, dos a Lily y una a Mercedes, mientras la madre gritaba y pedía ayuda por una ventana. Ante el movimiento de gente del edificio por la alerta de los balazos, el agresor salió corriendo y llegó hasta el quinto piso donde se disparó en la garganta, aunque un diario dice que la pistola no percutó. Igualmente se tiró por la caja del ascensor y perdió la vida rápidamente.

Mercedes, Lily, el autor del femicidio, Manuel García Irigoyen, y su madre Adela de Lara

Mercedes, Lily, el autor del femicidio, Manuel García Irigoyen, y su madre Adela de Lara

Las dos hermanas fueron llevadas al hospital Beaujon de París, Mercedes tenía una bala en la cara y, aunque su pronóstico era el menos pesimista, murió el lunes 9 en la mañana. De Lily, en cambio, se pensó que no iba a sobrevivir, pero lo hizo tras estar un tiempo en el hospital junto a su madre, quien decidió internarse por el fuerte impacto sicológico que le provocó presenciar la escena y la muerte de una de sus hijas, que tenía apenas 22 años. A los pocos días la noticia dejó de ser relevante para la prensa gala y poco más se supo de ambas en esa época.

Mas la herida está sangrando

La figura de las hermanas Pérez Freire entre algunos protagonistas de la historia de la música chilena responde a un recuerdo más bien borroso. La actriz y cantante Carmen Barros, también conocida como “Marianela” cuenta a sus 96 años que “ellas eran conocidas en la generación de mi madre, se les recordaba por hacer algo parecido a lo que después fueron Sonia y Myriam: dos chicas encantadoras y muy buenas cantantes que eran hermanas y eran guiadas por la madre, pero nunca supe de sus vidas y menos de sus muertes y de este episodio que usted me comenta”.

Valentín Trujillo, en tanto, dice que “sé de ellas como las autoras de estas dos canciones tan conocidas y nada más. No las conocí personalmente ni supe que participaran de instancias ligadas al mundo de la música. Usted me dice que Lily vivió en Chile por muchos años, pero nunca coincidí con ella”.

En 1980 se hicieron algunas notas por el centenario del natalicio de Osmán Pérez Freire y los cincuenta años de su muerte. La entrevistada principal era Lily, en ese entonces bordeando los 70 años, quien recordaba a su padre diciendo a la revista Qué Pasa que “la composición le afloraba a mi padre en forma increíble. Escribía en cualquier momento; a veces iba por la calle y le venía un tema, entonces anotaba la música en una libreta: era un compositor serio”. Además de anunciar que hay muchas canciones inéditas de su padre que esperaban un intérprete, Lily alcanza a comentar muy tímidamente que ella también hizo cerca de 25 canciones con su hermana hasta su muerte prematura y que luego hizo temas como “Tengo a mi niño dormido” que tuvo un reconocimiento del Ministerio de Justicia durante la dictadura cívico-militar.

En todo caso estos intentos por mantener la vigencia de la obra de su padre y la que creó con Mercedes ya tenían algunos años. Así lo corrobora Eugenio Rengifo, director de Los Huasos de Algarrobal quien en 1970 llegó hasta la casa de Lily con el resto del conjunto para recibir algunas creaciones. “Nos entregó ‘Mi caballo alazán’, original de su padre Osmán Pérez Freire y ‘Atardecer’, original de las hermanas. Cuando las tuvimos ya preparadas para interpretarlas, volvimos a su casa. Disfrutó nuestras versiones, pero no fue igual la acogida de su marido, a quien no le gustaron. Las grabamos para Polydor (representado en Chile por Philips) y ese mismo año las incluimos en el álbum ‘Poeta Campanero’. En esas conversaciones me di cuenta que había algo misterioso en esta familia, que no se comentaba mucho con los demás, y que tenía que ver con la muerte de su hermana”, cuenta.

El marido de quien habla Rengifo es Raúl Besa Rodríguez, quien se casó con ella en segundas nupcias. No tuvieron hijos, pero él tenía uno de su matrimonio anterior: Raúl Besa Barrios, desde donde existe una línea familiar de nietastros y bisnietastros que compartieron con Lily Pérez Freire hasta su muerte. Uno de ellos es Francisco Schüler, filósofo y audiovisualista, quien nació en 1977 y tiene algunos recuerdos de “la tía Lily” (pronunciado Lilí), como él le llama.

“Íbamos mucho a un departamento que tenía en Providencia, por la calle Pio X y era siempre muy cariñosa, simpática con los niños. Tenía un gran piano y un busto de su padre, de quien nos hablaba mucho, de lo importante que fue, las canciones que hizo. Sin embargo, curiosamente nunca nos habló de ella. De hecho, gracias a que me contactaste me enteré que ella había escrito canciones, en la familia nunca se habló de eso y jamás la vi tocar el piano, que tenía un papel muy importante en la casa”, comenta, agregando su sorpresa de ver la cantidad de versiones que tiene “Una pena y un cariño” en las plataformas digitales.

Si algo grande me dejaste

Gracias a su padre, Washington Schüler, Francisco supo algunas cosas más de su bisabuela política, como que fue una persona extremadamente confiada y que hizo pésimos negocios con las propiedades que le dejó su marido cuando falleció en 1972, así como también le hizo saber del episodio de 1934 y otros que generaron un aura de tragedia en torno a la familia Pérez Freire. “Mi papá contaba que la mamá de la tía Lily murió atropellada cuando iba a una inauguración de una escultura o un busto en homenaje a su marido Osmán. Y claro, también nos contó que a él lo habrían enterrado vivo”. Este fue un hecho que circuló ampliamente en la sociedad santiaguina y que tanto Valentín Trujillo como Carmen Barros escucharon en más de una ocasión. “Apenas se empezó a hablar de la cremación en Chile mi mamá dijo que ella quería que la incineraran porque no quería arriesgarse a vivir lo que le pasó a Pérez Freire” dice Barros, a lo que Trujillo complementa que “por un tiempo se habló de la ‘maldición de Pérez Freire’, era parte de los acontecimientos macabros que se comentaban en el ambiente artístico”.

Para el bisnietastro de Lily Pérez Freire todos estos acontecimientos no le provocaban mayor estupor. “Mi familia tuvo una seguidilla de muertes que la marcaron muy profundamente. En menos de una década fallecieron mi bisabuelo Raúl Besa Rodríguez, que era el marido de Lily, y luego de él vinieron su esposa, mi abuelo, mi abuela y mi madre. Por eso para mí había una naturalización de la muerte y de episodios de ese tipo que me costó mucho entender que no eran usuales en todas las familias”.

Sobre el femicidio en Francia, Schüler explica que la historia que conoció es muy similar a la que publicaron los diarios franceses pero que había un matiz que circuló en la familia, posiblemente narrado por la propia Lily: que su hermana se habría interpuesto entre ella y el asesino para salvarle la vida. De ese modo se explica el mensaje que se lee en la tumba de Mercedes, ubicada en el sector norte del Cementerio Católico de Santiago: “Generosa y pura ofreció su vida con la fortaleza de un héroe, la abnegación de un mártir y la serenidad de un ángel. Cumplió la sublime consigna del maestro Jesús: ‘nadie aventaja en amor al que da la vida por los suyos”.

Lily sobrevivió muchos años a su marido hasta que entre fines de 1987 y comienzos de 1988 tuvo una enfermedad que la debilitó rápidamente y que obligó a que la trasladaran al hogar que existía detrás de la Parroquia Nuestra Señora de Los Ángeles, en el barrio El Golf. Según cuenta Francisco Schüler “mi papá me llevó a verla por última vez no mucho antes de su muerte. La tía ya estaba muy débil, acostada en posición fetal y mirando a una muralla, de espaldas a quienes entraban a la pieza y sin comunicarse. Estaba tan frágil que en la cama tenían un palito levantado para que el peso de las frazadas no le impidiera respirar, por las dificultades que le dejaron los balazos que recibió en los años 30”. Poco después de esa visita ella falleció, el 27 de diciembre de 1988 y durante el período más intenso de la enfermedad empezaron a desaparecer muchas cosas de su casa, incluido el piano de su padre. “Cuando murió yo tenía once años y no tengo recuerdos de haber estado en el velorio. No, perdón, sí estuve, me acuerdo porque mi familia nos mostraba a esta persona que trabajaba con ella y que supuestamente se llevó las cosas de la tía. Y también me acuerdo porque había muy poca gente”.

Una pena y un cariño 2021

Como reivindicación de la figura de las hermanas Pérez Freire, y en el marco del Día de la No Violencia Contra la Mujer, un colectivo de cantoras lanzó este 25 de noviembre una interpretación de “Una pena y un cariño”. Las cantantes Andrea Andreu, Romina Núñez, Josefina Echenique, Gabriela Contreras, Magdalena Espinoza y Catalina Jordán junto a la guitarrista Carolina Sotelo hicieron un video clip que cuenta con la participación de la intérprete en danza Lía Arenas para representar una acción conjunta que releve este episodio que había sido ignorado en la historiografía musical del país.

Al respecto, el abogado y coleccionista Carlos Muñoz complementa que “hay muchísimo por hacer con respecto a esta familia. Nadie se ha preocupado de rescatar la música de Osmán Pérez Freire, hacer un trabajo macizo habiendo tanto material disponible. Y paralelamente hay que dar a conocer estas historias como la de Mercedes y Lily, que junto con mostrar a mujeres interesantes y reconocidas en su época, nos muestra también lo peor de una sociedad machista y temerosa que termina tapando un femicidio atroz, quizás por las implicancias sociales, políticas y hasta diplomáticas involucradas”.

El video, dirigido por el realizador Camilo Carrasco, puede verse en https://www.youtube.com/watch?v=lD7L6Kqw8Q8