Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 1 de julio de 2022

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A partir de su instalación ¿Hacia dónde se ve orientada la política de relacionamiento chileno-mapuche del gobierno de Gabriel Boric?

Columna de opinión por Miguel Melin Pehuen
Jueves 24 de marzo 2022 10:23 hrs.


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Corría el 2016 cuando analizamos brevemente la emergencia de un nuevo referente político (Frente Amplio) con potenciales atributos de conquistar el poder (ejecutivo) del Estado chileno en un futuro cercano, donde dejamos algunas interrogantes centrales –por ejemplo- acerca de la noción de “diálogo” con la cual enfrentarían las relaciones chileno-mapuche en wallmapu (https://www.alianzaterritorialmapuche.com/2016/11/preguntas-mapuche-para-el-nuevo.html).

Bueno, ese futuro se ha hecho presente en estos días en nuestro propio wallmapu, aunque de una manera estrepitosa y estridente; producto de un auto infringido daño que el nuevo gobierno se propina buscando exhibir –casi como un lugar común al inicio de todo gobierno- “señales”, “hitos simbólicos” o marcar precedente frente a un hecho de alta conmoción en un espacio emblemático dentro de los millones de hectáreas que conforman el wallmapu. Todo eso puede resultar comprensible en el escenario de un gobierno “de continuidad”, “de la transición” o de la “alternancia” duopólica normal a la que el poder nos tenía acostumbrados en la lógica del “más de lo mismo” o de las “viejas y antiguas formas de hacer política” … pero no de un gobierno que se mira a sí mismo como “transformador”, gradual, pero devenido en generar cambios estructurales, y aquello no se implementa solo en términos de contenido sino también en lo procedimental. A propósito de transformaciones estructurales, les recomendamos estudiar lo develado por un estudio que casi una década atrás realizamos junto a la CEPAL con las comunidades de Ercilla sobre las desigualdades estructurales y exclusión social mapuche que de seguro allí persisten y se han acrecentado (En https://www.cepal.org/es/publicaciones/3974-desigualdades-territoriales-exclusion-social-pueblo-mapuche-chile-situacion-la ).

Lo ocurrido recientemente camino a la comunidad tradicional de Temucuicui, y sobre el cual han festinado los medios y todo tipo de opinología y políticos de ralea diversa, y como explícitamente lo ha manifestado el representante de la comunidad werken Mijael Carbone; ocurre en el marco del legítimo derecho de una familia respaldada por su comunidad (y autoridad tradicional) de querer visibilizar ante una de las máximas autoridades estatales, una ejecución extrajudicial por parte de agentes estatales a uno de sus integrantes como lo fue Camilo Catrillanca. Protocolos internos que –según el werken- se realizaron y por tanto, es un asunto que deberán conversar internamente, tal como lo hicieran tiempo atrás con la creación de la “policía comunitaria” dada la agresión y amenaza que representa –según comunicaron- la policía estatal.

(https://www.elmostrador.cl/dia/2021/01/21/tras-lef-trawun-comunidades-de-temucuicui-y-ercilla-anuncian-creacion-de-una-policia-comunitaria-mapuche/).

Y como es lógico al interior de un pueblo diverso, los consensos o acciones de un lof no representan -necesariamente- el pensamiento y acción de otros territorios. Sin embargo, podemos demostrar la existencia de principios culturales desde conocimiento propio (mapuche kimün) guiado por el AZMAPU que ponemos a disposición aquí para ayudar a orientar tanto el proceso de reconstrucción mapuche como el desconocimiento de nuestro saber cultural del mundo chileno, especialmente su clase dirigente.

No siendo entonces un afán ni una búsqueda y menos una solicitud de parte de las comunidades para ser visitados; el hecho comunicacional y sus consecuencias es de total y absoluta responsabilidades del gobierno, pero particularmente de sus asesores en “materia indígena” como suelen decir. En ese contexto, no es aventurado percibir que las prácticas y modos operandi (así como la inercia) concertacionista se perfilan peligrosamente tras bambalinas tanto en la construcción de agenda como en las “avanzadas” del proceso de relacionamiento futuro con el mundo mapuche. Como público ejemplo, desde la ministra de Desarrollo Social, ya se ha escuchado hablar de la continuidad del modelo de “compra de tierras a comunidades con aplicabilidad”, una clara herencia del viejo modelo sin una propuesta que esboce un cambio de paradigma de aquel nefasto mecanismo que regala dinero a latifundistas y forestales. Mientras tanto en la región, es sabido que el partido del presidente se ha visto “confraternizado” con nuevos militantes para conformación de los “frentes indígenas”, curiosamente, una vez ganada la elección

Sobre lo anterior, es esperable que prime la capacidad de rectificación, si es que no se reproduce la lógica del cuoteo ni el amiguismo a la luz de un horizonte en el cual interesa avanzar o correr el cerco que acorrala el ejercicio de nuestros derechos como pueblo.

Reafirmando lo expresado por el werken Mijael Carbone, respecto a que lo diverso y grande del pueblo mapuche abriga la certeza de no ser representado por nadie más que por nuestras propias comunidades y territorios, tal como cada uno -en distintos niveles y formas- lo venimos haciendo en las distintas recuperaciones territoriales y defensa contra geotermias, centrales hidroeléctricas, embalses, forestales y latifundios en todo el wallmapu.

Así las cosas y por ahora, si hay que dialogar –como se hace en todo tipo de conflictos en el mundo entero- se dialogará sobre territorio en cada territorio, y se pondrán sobre la mesa las cifras para expropiación, las cifras para una Reforma Agraria Mapuche Integral (RAMI), las cifras que dejarán las forestales gracias a las ganancias y excedentes producto de la expoliación de nuestro territorio, se dimensionará la persecución y criminalización de las demandas mapuche que generan la prisión política. Se requiere entonces establecer los parámetros y contenidos de la noción de “diálogo” para volver a la pregunta inicial del 2016. Porque, nuestra historia dice que bajo el establecimiento de parámetros es que dialogaron  los antiguos pactaron la frontera con el Tratado de Killen de 1641, luego, y desde la constitución del Estado,  Francisco Mariluan, MagilWenu, Melin y Kilapan lo intentaron hasta finales de la independencia mapuche, pero fueron ninguneados. Luego, con la invasión y el despojo, se fue  difuminando hasta la actualidad, producto de la manipulación, uso y abuso de la idea de “diálogo” desde los poderes chilenos.

Finalmente, sobre la idea de una Comisión de Verdad Justicia y reparación de “todas las víctimas” anunciada por la ministra Siches; debemos señalar que, en los territorios de base, la gente mapuche que vivimos en las comunidades el interés es que se devuelvan las tierras usurpadas con o sin comisión. Pero también es importante recalcar la básica exigencia de que sean las y los profesionales de las comunidades y sus dirigentes los que generen la base del documento y sus propuestas, mientras en paralelo se debe avanzar en la devolución territorial y en frenar la megaempresa destructora y la búsqueda de mecanismos de reparación del daño a los ecosistemas del wallmapu. Ello, dado que las comisiones no se pueden transformar en la piedra de tope que no deje avanzar la devolución de las tierras.

Entendemos y respetamos al importante sector del pueblo chileno que legítimamente eligió su presidente y gobierno luego de un estallido bajo un mal gobierno, así como el cambio de ciclo en el cual muchas y muchos creen. Desde el mundo mapuche se aprecian las legítimas diferencias internas sobre ese proceso, pero lo claro es que con la sociedad chilena nos relacionamos día tras día y casi de manera cotidiana. Esa realidad y sus matices nos debe llamar a la responsabilidad desde ambos mundos en contacto (aunque asimétrico) para la toma de decisiones que afectan a otros. Los determinismos y la propiedad de la verdad es una complejidad que dificulta cualquier avance en el ejercicio de los derechos de los excluidos; por ello la necesidad imperiosa de conocer el rumbo real que tomara la política del gobierno de Boric frente al evidente conflicto que el estado que dirige tiene en wallmapu.

Por Miguel Melin Pehuen
Werken y fundador de la Alianza Territorial Mapuche
Ralipütxa lofmapu

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.