Diario y Radio Universidad Chile

Año XIV, 2 de octubre de 2022

Escritorio

El pueblo debe ser lo que quiere ser

Columna de opinión por Dino Pancani
Martes 5 de julio 2022 11:26 hrs.


Compartir en


Algunas ideas son reiterativas y poco novedosas, sin embargo, se debe insistir en pronunciarlas, pues parecieran ser desoídas por quienes tienen la posibilidad de cambiar o enmendar el rumbo del periodismo chileno.

Las llamadas fake news, dicho en español, noticias falsas, constituyen un problema que horada la democracia, desperfila el sentido del periodismo y degrada el oficio del comunicador.

Nos hemos acostumbrado a presenciar que Informaciones fraudulentas se divulguen en las redes sociales y se amplifiquen en los medios de comunicación masiva, los cuales, a través de un proceso especulativo, convierten en verdades declaraciones que generan un tema de conversación cotidiano y predisponen a las audiencias.

Permítanme ejemplificar con la Convención Constitucional, institución transitoria que sufrió el ataque artero de medios de comunicación masiva que, aunque intentan disimularlo, estaban matriculados en la opción rechazo durante el plebiscito de entrada y el de salida. Medios que agudizaron sus ataques inmediatamente después de las elecciones, dado que el número de convencionales no fue favorable para el sector político/económico que representan: los empresarios, la derecha con hegemonía de la ultra, y los sectores de derecha que se autonombran como centro político para captar a indecisas e indecisos.

El proceso comunicacional funciona más o menos así: se construyen o se identifican acontecimientos que pueden transformarse en noticia, los medios arman una tesis, una estructura que les permite demostrar su tesis, entrevistan a fuentes afines al relato, parcelan el acontecimiento y luego publican o emiten.

En dicha construcción pueden priorizarse noticias que no se ajustan a la verdad, en las que el autor de la declaración o el escritor del “posteo” aparece como el responsable, pero también es palpable que el medio no desmiente ni chequea, presentando una amañada noticia como una certeza.

Usted puede identificar en el proceso: a la fuente interesada en mentir, al profesional dispuesto a ser parte del engaño y a un medio que es un actor político al servicio de intereses políticos y económicos que no declara.

Dos ejemplos ilustrativos: las declaraciones del constituyente Harry Jürgensen, quien aseguró que en la nueva Constitución se impondrá que la carrera de los jueces en Chile solo podrá durar 14 años como máximo o Marcela Cubillos que, ante la propuesta de destacar la danza mapuche como a la cueca, dijo: “República de Chile, nuestra bandera, nuestro himno… ¿ahora van por la cueca?

El funcionamiento de los medios es condescendiente con estos personajes que falsean una situación, quienes siguen visitando sus sets televisivos o son parte de sus notas escritas, son falsedades que se construyen en base a la tergiversación de palabras o acciones que muchas veces van en un sentido contrario a lo aseverado.

En este sistema de medios, seguiremos amenazados por personajes como el presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), Juan Sutil, quien, con desparpajo y prepotencia, sentencia que en el texto de la Convención “se pasaron ciertas líneas rojas”. Cuando se pasan las líneas rojas, ¿qué se debe hacer? ¿qué se sugiere? ¿cuál es la consecuencia?

Si los medios tienen como principio orientador la verdad y la responsabilidad social, no debiesen publicar la amenaza del presidente de los empresarios como una indicación inocua, debiesen expresar su condena ante fragante expresión sediciosa, sin abandonar su legitima línea editorial.

Lo que se viene, el plebiscito de salida, merece el compromiso de las y los demócratas, la libertad de elegir sin mentiras ni embustes, amenazas ni conminaciones, es quizás el evento más importante de los últimos 50 años; es nuestro futuro y la mejora de sus condiciones de bienestar lo que se apuesta, es el trabajo de 154 mujeres y hombres que pusieron sus fuerzas y virtudes, pensando en un Chile que aparecía inimaginable antes de octubre del 2019, es de esperar, que los medios de comunicación masiva corrijan sus prácticas indolentes y se comprometan con la información y eleven el estándar de la interpretación.

Trabajemos para que la desinformación NO nos deje ignorantes ni el temor impávidos; el mercader recoja su manufactura y la democracia siga siendo el desvelo de lo posible.

Amasemos lo alcanzado, que esta flor es la recompensa a un pueblo que ha esperado en demasía, poder ser lo que decide ser.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.