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Joan Manuel Serrat en la loca historia homosexual de Chile

Columna de opinión por Víctor Hugo Robles
Sábado 12 de noviembre 2022 16:27 hrs.


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El corolario de un tiempo de interesantes e inolvidables polémicas político-culturales en la historia  de las disidencias sexuales en Chile aconteció en la desaparecida Universidad ARCIS, un 28 de octubre de 1994. Los protagonistas: el cantante catalán Joan Manuel Serrat, el escritor Pedro Lemebel y yo, entonces joven estudiante de periodismo en lo que Lemebel llamó como “El Arcis de Noé”. Recuerdo que en esos días, Serrat visitaba Santiago de Chile para cantar en la Teletón de Don Francisco y un grupo de estudiantes de la universidad lo visitó en el hotel que lo hospedaba y logró entusiasmar al trovador para que visitara la combativa Universidad de Artes y Ciencias Sociales ARCIS. No sé cómo lo convencieron pero Serrat hizo un espacio en su agenda y enfiló a Huérfanos 1710, la sede central de una universidad privada con vocación de espacio público.

Ahí, una juventud rebelde y deseosa de escuchar la voz del solidario cantante catalán, ícono de la izquierda anti pinochetista, celebró el arribo de Serrat que apareció haciéndose camino al andar, moviéndose tímido en medio de una lluvia de aplausos y flashes que nublaron su afamado e internacional rostro. Y mientras algunas estudiantes pedían a gritos una sola mirada del cantante, Joan Manuel Serrat, algo turbado por el arrollador e improvisado cariño colectivo, apenas atinó a responder algunas consultas y terminó cantando una de sus canciones.

La pregunta sobre los homosexuales y una inesperada respuesta

En una primera e inolvidable intervención, nervioso pero decidido, tomé el micrófono y pregunté a Serrat: ¿Joan Manuel, por qué sí has dedicado canciones a las personas abandonadas porque nunca has dedicado una canción a los homosexuales como lo han hecho Pablo Milanés y otros cantantes? Entonces, Serrat, visiblemente sorprendido, respondió: “No sé, no me lo he planteado nunca, no me he referido en ningún sentido y siempre que me he manifestado lo hago con el respeto debido a que cada uno haga con su cuerpo lo que sea acorde con sus sentimientos. No me he manifestado, ni escrito ninguna canción referente por la sencilla razón de que yo no soy homosexual. Ha sido un tema en que no me he sentido con una necesidad de expresarme. Lo tendré en cuenta pero también tenga Usted en cuenta que mi actitud siempre ha sido respetuosa, la misma que exijo para mi heterosexualidad, la doy para los que practican el amor y el sexo de manera distinta”.

Hasta ahí llegó mi loca e inolvidable intervención, aplaudida y celebrada por muchos porque ampliaba el imaginario posible de una izquierda conservadora, machista y homofóbica, especialmente en los jóvenes estudiantes de U. ARCIS, muchos de ellos conocidos y compañeros de aula que poco a poco se fueron acostumbrando a mis pañuelos de colores, mis pantalones pata de elefante y mi naciente activismo político de la mano del Movimiento de Liberación Homosexual Movilh Histórico, colectivo que conocí en una marcha por los Derechos Humanos en marzo de 1992. Recuerdo que después de mi intervención hubo más preguntas sobre el espectáculo de la Teletón, la sangrienta dictadura de Pinochet, los presos políticos de la democracia y la libertad de creación artística. Muchos aplausos y celebraciones varias hasta que llegó el final o casi el final y un hecho insospechado agitó a la concurrencia de la progresista universidad fundada por el reconocido arquitecto Fernando Castillo Velasco.

“Tu boca me sabe a hierba”

Unos días antes del acto de Serrat en Universidad ARCIS conversé con Lemebel y le comenté lo que se estaba preparando. Quedamos que vernos ahí e incluso ir juntos, cómplices. Finalmente no me confirmó que iría y llegó en silencio. Yo no lo vi durante el acto pero sentí gritos y reclamos  en su contra a la salida de Serrat. Justo – justo al finalizar el acto, retirándose Serrat del patio central camino a la rectoría de Universidad ARCIS,  un controvertido e inesperado hecho protagonizado por Pedro Lemebel generó creciente polémica, transformándose con el tiempo en una leyenda urbana. Yo fui testigo de un infierno de pifias y un mar de repercusiones posteriores varias. Los jóvenes estudiantes, los mismos que habían celebrado mi pregunta, comentaban agitados, molestos: “La Pedro Lemebel le dio un beso a Serrat”, decían. “Y en la boca”, agregaban. Y sí, justo después que Joan Manuel levantara su mano en señal de agradecida despedida de los estudiantes y camino a una recepción privada con las autoridades universitarias, Lemebel le robó un entusiasta y controvertido beso chupón al cantante catalán, acto que luego revelaría como justo y culturalmente planificado, deseado. “Harto que lo que esperé, oye”, “su boca me sabe a hierba”, me confidenció el querido e inolvidable escritor homosexual en una histórica entrevista que sostuvimos en “Triángulo Abierto”, primer programa radial de homosexuales, lesbianas y trans en Chile que transmitía en los años 90 la feminista Radio Tierra. Tiempo después Lemebel escribiría una celebrada crónica sobre el hecho pero omitiendo mi loca pregunta y cariñosa respuesta de Serrat. Entrevistado por la periodista Tati Penna para Chilevisión, Lemebel aseguró no haber escuchado la pregunta, mucho menos la respuesta de Serrat, especialmente aquella que hablada de “respetar mi heterosexualidad”. “Fue un beso de la india”, un “beso con SIDA”, recuerdo que justificó Lemebel en Radio Tierra.

Y sea como sea, porque la memoria siempre importa, quedaron resguardadas las imborrables imágenes de la pregunta, la respuesta y beso traidor de Lemebel a Joan Manuel Serrat, acción que algunos creyeron era una loca imaginación literaria del cronista urbano que el próximo 21 de noviembre cumpliría 70 años. Mirado a la distancia algunos -incluso- se han aventurado a calificarlo como “abusivo”. Pero más allá de un juicio temerario, rescatado de los archivos históricos de una universidad que fue vendida al mercado inmobiliario pero que es memoria e historia viva, el gesto de Pedro Lemebel perdurará en el tiempo, pasando del “bochorno” inicial, como escribió el diario La Época en su sección cultural de esos tiempos, hasta transformarse en legítimo asunto de interés académico, biográfico e histórico.

Tal vez mi pregunta e invitación a apoyar la causa LGBTIQ+ que formulé a Joan Manuel Serrat en los años 90 y muy especialmente su amoroso “lo tendré en cuenta” en medio de su decorosa respuesta quedará poco a poco en el olvido, incluso para el mismo querido cantante de tantas luchas que en estos agitados días de noviembre se presenta por última vez en Santiago de Chile, sin haber cantado, ni dedicado nunca una canción a la causa de las diversidades sexuales.

El Cortijo de Conchalí, sábado 12 de noviembre de 2022

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.