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Año XV, 26 de enero de 2023

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El legado de Gabriela Mistral a raíz del día internacional contra la violencia hacia las mujeres y la visita del Presidente Gabriel Boric a México

Columna de opinión por María Soledad Falabella Luco
Viernes 25 de noviembre 2022 16:20 hrs.


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En Chile, la memoria e interpretación de la vida y obra de Gabriela Mistral han sido un campo de lucha tensionado desde polos del conservadurismo e interpretaciones emancipatorias, pulsiones que movilizan nuestra historia común en América Latina. La visita del Presidente Gabriel Boric a México y el día internacional contra la violencia hacia las mujeres es una oportunidad para volver la mirada sobre la historia de la autora y su obra, cómo ésta se lee en ambos países y el legado que nos deja.

En los últimos años en Chile hemos vivido una explosión de relecturas y apropiaciones de la vida y obra de Gabriela Mistral por parte de movimientos sociales y colectivos. Durante el Mayo Feminista de 2018 y la Revuelta Social del 2019 vimos sus versos y pensamiento político resonando en las paredes de las ciudades y su imagen en murales populares junto a otras luchadoras como Violeta Parra, Gladys Marín y Julieta Kirkwood. Su apasionado amor por Doris Dana, compañera de vida durante su última década, se ha convertido en un emblema del reconocimiento de la pasión lesbiana, queer y trans. Esta forma emancipadora de leer a Gabriela Mistral se produce a contrapelo de una lectura conservadora y autoritaria que se instala con fuerza en dictadura, cuando se la utilizó para hacerle contrapeso a las figuras culturales de la izquierda, especialmente a Pablo Neruda.

Mistral llegó a México en 1922 invitada por el Secretario de Educación José Vasconcelos a colaborar en las Misiones Culturales, cuyo objetivo era montar en el territorio mexicano una red nacional de escuelas y bibliotecas rurales para alfabetizar y dignificar el campo –no olvidemos que la Revolución Mexicana fue una revolución campesina. ¿Pero por qué parte Mistral de Chile?

Gabriela Mistral comenzó a publicar a muy temprana edad apoyada por la prensa local de cultura masónica. Desde un comienzo la escritura de la joven autora suscitó controversia. Junto con cautivar a un público afín, tuvo muchos detractores que juzgaron sus versos como “oscuros” e impropios para una mujer. Ya en 1906, a los 17 años había publicado en La Voz del Elqui “La Instrucción de la Mujer”, texto político que fue ampliamente reproducido en otros periódicos de Chile y el extranjero. Tanta publicidad no fue ni común ni cómoda. Aún hoy ser una “mujer pública” tiene connotaciones transgresivas: en el diccionario de la RAE hoy ser una “mujer pública” significa ser “prostituta”. ¿Cómo habrá vivido nuestra autora su exposición?

Matilde León de Guevara cuenta que en 1915 “Se queda sin admisión en la Escuela Normal de La Serena y sin saber la causa del rechazo. Tiempo después tuvo conocimiento de que el capellán J. I. Munizaga (…) no le había hecho gracia unos versos aparecidos en un periódico local, como tampoco sus ideas ‘socializantes’”. Recordemos que no fue hasta 1925, que con una nueva Constitución en Chile se separa el Estado de la Iglesia. Virgilio Figueroa señala que fue rechazada por “sus escritos algo socialistas y un tanto paganos.” Junto con no estar a la altura de la blancura política y de credo, tampoco cumple con el ideal de “mujer flor” de la época, de la cual se esperaba que fuera nívea, frágil, dócil y silenciosa. En cambio, tenía piel morena, nariz aguileña, cuerpo grueso y alto (1,79 m), y una voz propia que hizo pública en la prensa libre.

En 1916 comenzó su correspondencia con Amado Nervo, quien la alentó a seguir escribiendo y publicando, afianzando así una valiosa relación con México. Sus poemas y artículos aún hoy son inflamatorios, con un fuerte lenguaje antiimperialista y revolucionario. En 1921 publicó “El Grito” en el primer número de la revista El Maestro fundada por José Vasconcelos. Su apoyo a Sandino es bien conocido. Su discurso era el del libre pensamiento de las revoluciones francesa, rusa y latinoamericanas, el que leyó en bibliotecas masonas junta a la obra de Goethe, Kant, Schiller, Nietzsche y Baudelaire.

Gabriela Mistral recibió la invitación de José Vasconcelos (maestro, masón y compañero de logia de Enrique González Martínez, poeta y Embajador de México en Chile a partir de 1921). Este es un momento de inflexión en su vida, pues en Chile había tenido que vivir a contrapelo del sistema, trabajando para un Estado que aún no se separaba de la iglesia. Tuvo que sobrevivir en una cultura y ambiente que le exigía una formalidad que ella no poseía, ya que no contaba con educación formal completa, ni títulos profesionales. Ya en 1918 había comenzado a buscar emigrar a Argentina o México. Serán finalmente los Estados Unidos Mexicanos los que le abrirán sus puertas a Gabriela Mistral para colaborar desde la dignidad de su oficio de educadora y poeta.

María Soledad Falabella Luco
Frente Feminista de Plataforma Socialista
Universidad de Chile

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.