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Conflicto Israel-Palestina: Ni por uno ni por otro, sino todo lo contrario

Columna de opinión por Ricardo Balladares Castilla
Viernes 13 de octubre 2023 11:22 hrs.


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“aun cuando el mundo no haya
aprendido nada y lo haya olvidado
todo… esos gritos resuenan y se
repiten, inextinguibles, por toda la
eternidad”
(Levinas, 1976: 202)

Después de miles de años de tensiones y conflictos en el área y a 75 años de la creación del Estado de Israel, una nueva fase de violencia agudiza la dramática situación en Palestina. La sorpresiva incursión armada del grupo político religioso islamista Hamas a kibutz, localidades y ciudades israelíes, fue un duro golpe al pueblo de Israel y una clausura militar a cualquier posibilidad de paz, justicia, igualdad y respeto a los derechos humanos en la región del Levante mediterráneo. El fundamento necesario y útil para el gobierno de Likud y su sionismo revisionista de derecha para desechar cualquier camino conducente a la Paz.

La despiadada violencia indiscriminada de los ataques de Hamas contra ciudadanos israelíes, entre ellos mujeres, niños y ancianos, es una acción despreciable que debe ser reprochada sin matices. De igual manera, las recurrentes acciones del Estado de Israel y de militantes del sionismo revisionista en contra de civiles, infantes y jóvenes palestinos también deben ser motivo de condena y persecución judicial internacional. Ambas vilezas del conflicto son perpetradas por formaciones políticas conservadoras, fundamentalistas y teocráticas de ambos países que, como tales, difunden discursos de odio y pregonan el exterminio del otro, erradicando la posibilidad del entendimiento racional y dialogo igualitario.

Hamas plantea que la única manera de tener un Estado Palestino independiente es mediante la yihad, es decir, mediante la Guerra Santa y el exterminio del Estado de Israel. Por su parte, Likud, partido de gobierno y aliado de los ortodoxos y ultraortodoxos, tiene entre sus principios políticos que el Estado de Israel debe extenderse hasta las -supuestas- fronteras históricas de Palestina, lo que desecha cualquier posibilidad de un Estado Palestino Independiente. En conclusión, ambos se posicionan desde el exterminio del otro. Así, ninguna posibilidad de dialogo será posible y siempre las víctimas serán personas civiles e inocentes, porque el exterminio pasa por la eliminación del otro, no solo de su institucionalidad, sino por la eliminación material de las personas que adscriben a uno u otro pueblo, lo que pone a la humanidad ante un nuevo horror y holocausto compartido para ambos pueblos.

Desgraciadamente, la ausencia de reflexión crítica sobre el conflicto, también se extiende y despliega con mucha facilidad por casi todo el planeta, incluyendo Chile, donde voces acríticas e irreflexivas se expresan en apoyo a uno u otro bando, sin que ello signifique, en ningún caso, un llamado al apaciguamiento y desescalada del conflicto, sino todo lo contrario. De no morigerar posiciones es muy posible la chilenización del conflicto debido a la significativa presencia de colectividades de los dos pueblos en nuestro país y su destacable aporte en la política y la economía.

Por ello, lo primero que hay que entender es que, para colaborar con la paz y el encuentro de dos pueblos coexistentes en una misma región geográfica durante miles de años, lo primero es llegar a un consenso racional argumentativo sobre los hechos y componentes históricos causales y de contexto del conflicto palestino-israelí, los que, a juicio de esta opinión, serían los siguientes:

  • Palestina es una pretérita región geográfica que poco a poco fue constituyéndose, debido a los acontecimientos históricos, en una categoría geopolítica. Esta antiquísima región abarcaría lo que actualmente se conoce como Jordania, Cisjordania, Israel, Gaza y parte de Siria y el Líbano.
  •  Históricamente en Palestina han habitado distintos pueblos, unos han desaparecido, otros han sido asimilados y algunos coexisten hasta la actualidad. Filisteos, cananeos, hebreos, samaritanos, moabitas, arameos, fenicios, edomitas y amoritas, son algunos de los tantos pueblos que históricamente ocuparon, disputaron y compartieron el territorio de Palestina.
  • Las ciudades-estados cananeas, la federación de pueblos filisteos, el Reino Unificado de Israel, el Reino de Israel, el Reino de Judá y otras tribus nómades fueron las principales formaciones político-socioculturales que dieron forma a Palestina como espacio geopolítico y cultural.
  • El Reino Unificado de Israel, después dividido en Reino de Israel y Reino Judá, se constituyen por la necesidad de otorgar protección, defensa y continuidad histórica a las tribus seminómadas hebreas de religión monoteísta que posteriormente, con la desaparición del Reino de Israel a causa de la conquista de asirios y babilónicos, asumieron el nombre de judíos por su relación con el Reino de Judea.
  • Las sucesivas y constantes invasiones y conflictos internos provocaron la desaparición del Reino de Israel y posteriormente del Reino de Judea, dando así inicio a la diáspora judía. Las sucesivas y constantes invasiones, ocupaciones y anexiones a imperios de asirios, macedonios, griegos, egipcios, sirios, romanos, bizantinos, árabes musulmanes, cruzados europeos, otomanos y -por último- británicos, constituyeron un factor determinante en la ausencia de una configuración estatal originaria continua, única o predominante en el territorio.
  •  Debido a las recurrentes prohibiciones y persecuciones religiosas y culturales de los distintos imperios que asolaron el área, el exilio o diáspora judía obligó a millones de personas de dicha adscripción religiosa a migrar hacia distintos continentes, principalmente Europa y otras zonas de Asia menor y Norte de África. Por años, el pueblo judío vivió una gran persecución y discriminación en Europa y en menor medida en el Norte de África. Esto provocó -en el contexto de la emergencia de los estados nacionales a finales del siglo XIX- el surgimiento del sionismo.
  •  El sionismo es una corriente política que se resume en que la única manera de que el pueblo judío pueda existir y protegerse es mediante la creación de un estado soberano independiente en el territorio ancestral de origen, es decir, en el área geográfica reconocida como Palestina. Propuesta que fue apoyada a finales del siglo XIX por algunos países europeos para, de esa manera, solucionar lo que se denominó “el problema judío en Europa”.
  •  Existen disimiles corrientes políticas dentro del sionismo. Está el Sionismo Político del siglo XIX, corriente que lucha por el establecimiento de un Estado judío bajo las políticas, mediante la diplomacia y política internacional hasta obtener el derecho legítimo a obtener un país para el pueblo judío. Sionismo Religioso surgido en el siglo VI en el exilio en Babilonia, cuando el pueblo judío comenzó a anhelar el retorno al Levante mediterráneo. Sionismo Socialista que planteaba que el Estado de Israel sólo se lograría con la inmigración judía a Palestina, la construcción de kibutz y la creación de instituciones dirigidas por trabajadores, artesanos y campesinos. Todas estas corrientes no excluyen la posibilidad de existencia de otros estados en la misma área geográfica. En sentido contrario, está el Sionismo Revisionista que es el que predomina actualmente en la posición oficial y gubernamental de Israel, mediante Likud, partido de derecha, que aspira a ocupar toda el área histórica de Palestina y, por tanto, excluye la posibilidad de un Estado Palestino Independiente.
  •  El exterminio masivo de integrantes del pueblo judío durante la Segunda Guerra Mundial en lo que se conoce como Shoá u Holocausto, aceleró la decisión de constituir un Estado de Israel en Palestina con una fuerza militar capaz de defenderse ante cualquier amenaza o intento de exterminio. Por ello, a finales de la Segunda Guerra Mundial y con el retiro de los británicos de Palestina, la ONU y las potencias vencedoras (URSS, EEUU y Reino Unido) decidieron la creación del Estado de Israel en el Levante mediterráneo, declarándose la independencia de Israel el 14 de mayo de 1948.
  •  La independencia y creación del Estado de Israel fue rechazada por la Liga Árabe, organización que reunía a casi todos los países árabes de Asia y África y que aspiraban a que la tierra de Palestina acogiera un estado árabe palestino, como lo habían prometido los británicos a los pueblos árabes nómades del área durante la guerra contra el Imperio Otomano a principios del siglo XX. Es a partir de este momento en que la idea de no reconocimiento y luchar contra la existencia del Estado de Israel comienza a tomar fuerza material y que se sucede en seis guerras: Guerra Árabe-Israelí de 1948, Guerra del Canal de Suez en 1956, Guerra de los Seis Días en 1967, Guerra de Desgaste de 1967 a 1970, Guerra de Yom Kipur en 1973, Guerra del Líbano en 1982 y los posteriores conflictos de baja intensidad conocidos como Intifadas de 1987 a la fecha.
  •  En cada uno de estos conflictos el vencedor fue el Estado de Israel y como todo estado vencedor pasó de una actitud defensiva a una guerra de expansión, anexionando territorio fuera de los márgenes establecidos por la partición británica de 1948.
  •  En 1993, ya sin la URSS como actor en la dimensión geopolítica internacional, el Líbano, Siria, Egipto, Jordania, Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) llegaron a un consenso de paz en lo que se denominó Acuerdos de Oslo.
  •  Los Acuerdos de Oslo establecían que la OLP reconocía por primera vez la existencia de Israel e Israel reconocía a la OLP como representante legítimo del pueblo palestino, la creación de un gobierno autónomo provisional palestino para Cisjordania y Gaza durante un periodo de transición de no más de cinco años, que derivaría en una solución permanente basada en la resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, la cual exigía la retirada de las fuerzas israelíes de territorios que ocuparon durante la Guerra de los Seis Días y la creación de un estado soberano palestino junto a Israel. Así, surge la Autoridad Nacional Palestina como representantes del Estado Palestino y su principal fuerza política la constituye Fatah, organización política laica creada por Yasser Arafat en 1958 y que hasta hoy tiene control del poder ejecutivo del Estado Palestino y busca la liberación nacional.
  •  Los Acuerdos de Oslo no dejaron satisfechos a ninguna de las facciones de derecha de Israel como de Palestina. Esto desencadenó en el asesinato de Isaac Rabin en 1995 -primer ministro de Israel y protagonista clave en los acuerdos de paz- y en la determinación de Hamas de continuar con la guerra santa en contra de Israel. Hamas surgió como un movimiento político religioso fundamentalista en 1987 y cuyo objetivo inmediato era superar a Fatah y la OLP, por lo que se especula que recibió apoyo, por acción u omisión, de parte de las fuerzas de seguridad de Israel y de la derecha israelí, con el fin de minar el liderazgo de Yasser Arafat y Fatah en la OLP. Así, Hamas inició una ofensiva de atentados suicidas entre 1994 y 2004 que motivaron la renuncia por parte del Estado de Israel de la continuidad de los Acuerdos de Oslo y el recrudecimiento de la yihad como única forma de lucha válida para Hamas.
  •  Con ese preludio se dio inicio en 2007 a la Guerra Civil Palestina que enfrentaría a Fatah y a Hamas en una cruenta guerra civil hasta 2017, cuyo principal escenario fue la Franja de Gaza y sobre la cual Hamas obtuvo y mantiene hasta hoy el control político y militar.
  •  El gobierno de Likud en Israel ha buscado por todas las formas construir el escenario favorable para el cumplimiento de su aspiración de un estado de Israel en toda la Palestina histórica, negando así la posibilidad de la existencia de un estado palestino independiente. El gobierno de Netanyahu ha llevado a cabo una serie de reformas que amenazarían la ya debilitada democracia en el país y que permitirá avanzar a una autocracia que lesionaría los derechos de israelíes y palestinos. Esto provocó extensas y masivas protestas en distintos puntos del país. Por otro lado, el significativo aumento de jóvenes residentes en Israel que se niegan a cumplir con el servicio militar ha puesto en jaque uno de los principales pilares de la defensa. Así, el ataque sorpresa de Hamas del sábado 7 de octubre de 2023 no podría haber llegado en un momento más conveniente para estimular la unidad nacional y reactivar el espíritu defensivo y combatiente de los jóvenes y reservistas israelíes.

Entonces ¿podríamos -en tanto actores racionales y reflexivos- defender una posición en desmedro de otra? Ambos reclaman derechos históricos y culturales sobre la misma tierra. Ambos tienen razones válidas para creerlo así. Ambos tienen derecho a materializar sus expectativas. Incluso ambos tienen derecho a ir la guerra convencional. Pero, por, sobre todo, además, ambos tienen deberes y responsabilidades para con la humanidad. Los horrorosos episodios de masacres y asesinatos de población civil por atentados o por incursiones militares de ambos bandos son innumerables en estos 75 años y ha sido el principal recurso de un bando contra otro. Los gritos y la sangre de israelíes y palestinos en cada brutalidad cometida desde Haifa, pasando por Balad al-Shayj, Deir Yassin, Munich, Maalot, Karantina, Sabra y Shatila, Gaza y las del pasado 7 de octubre seguirán presentes, inagotables, en la memoria.

Misma responsabilidad tiene el resto de la humanidad para con los dos pueblos. Porque quienes desde la comodidad de la lejanía toman partido por uno u otro bando, sin matices ni condenas, solo reafirman las posiciones conservadoras, fundamentalistas y reaccionarias. Por tanto, no solo arriesgan su reputación por falta de cordura, sino que exponen a toda la humanidad. No será nunca aceptable ni entendible que se tome partido por bandos cuya reafirmación política y ontológica para su propia existencia sea el exterminio del otro. Ni por uno ni por otro, sino todo lo contrario. Solo así, como afirmaba el ex premier Rabin, “la cordura vencerá”.

Ricardo Balladares Castilla.
Sociólogo,
Diplomado en Defensa y Seguridad.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.