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Minerales críticos: La urgencia de consensuar una estrategia para sumar a Chile a una carrera que ya partió

Columna de opinión por Willy Kracht Gajardo
Jueves 7 de diciembre 2023 14:09 hrs.


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El cambio climático y la lucha contra el calentamiento global tienen su expresión más importante en el desplazamiento de combustibles fósiles para dar lugar a la electrificación basada en fuentes de energías renovables. La consecuencia directa de esta carrera por lograr una economía verde es que el interés global por los hidrocarburos se está desplazando, de manera acelerada, hacia los denominados minerales críticos, necesarios para el desarrollo de tecnologías limpias.

Si la geopolítica del siglo XX estuvo, entre otras cosas, marcada por el control de los combustibles fósiles, la atención de las grandes potencias y centros industriales durante el siglo XXI estará cada vez más centrada en tener un acceso seguro a los minerales necesarios para poder producir energías renovables, fabricar vehículos eléctricos y seguir avanzando en el desarrollo de tecnologías digitales. Esta revolución tecnológica, junto con tener consecuencias geopolíticas importantes, tiene un impacto directo sobre la industria minera ya que impone la necesidad de intensificar la extracción de minerales para proveer suficientes materias primas ante la creciente demanda de minerales y metales.

Chile, al contar con importantes reservas de cobre y litio, ambos cruciales para la transformación de la economía del siglo XXI, tiene una posición privilegiada en este nuevo escenario global. Aprovechar la oportunidad que representa para Chile el contar con riquezas geológicas privilegiadas en el contexto global actual, requiere contar con una política de desarrollo que permita al país posicionarse estratégicamente en el nuevo orden mundial. Dicha política parece estar ausente hoy, a pesar de algunos esfuerzos puntuales por desarrollar industrias específicas, como la del litio o la capacidad de fundición de cobre. Para dar curso a esta discusión, deberíamos partir por concentrarnos en la elaboración de una estrategia de minerales críticos.

La clasificación de un mineral como crítico está determinada no solo por la oferta y demanda asociadas al desarrollo de tecnologías verdes, digitales y/o de defensa, sino también por la posibilidad de encontrar sustitutos para dicho mineral, la concentración geográfica asociada a su extracción y procesamiento, la estabilidad política de los países productores y la diversidad y robustez de las cadenas de suministro. Si bien los criterios para definir los minerales críticos dependen del país que realiza el análisis, encontrándose diferencias de enfoque entre países productores y consumidores, en líneas generales se puede decir que un mineral es crítico cuando es esencial para el desarrollo económico y de la sociedad, su producción está concentrada geográficamente, no es sustituible y su suministro o las cadenas de valor asociadas están sometidas a riesgos de interrupción.

La carrera por asegurar suministro de minerales críticos ya está lanzada. Es así, que tanto países consumidores como productores están desarrollando estrategias o dando señales que abordan decididamente este desafío. China, por ejemplo, lleva la delantera en esta carrera. En cobre, a pesar de extraer solo alrededor del 8% de cobre de mina a nivel mundial, el gigante asiático es responsable de la refinación de más del 40% de la producción mundial anual y anuncia planes de expansión de esta capacidad, lo que le dará aún mayor preponderancia en el mercado global de uno de los metales que integra la lista de minerales críticos para la transición energética.

La estrategia china no se restringe al desarrollo de capacidades en suelo propio, como se puede constatar en su fuerte presencia en la explotación de cobalto en la República Democrática del Congo o en la industria del níquel, en Indonesia. Además de lo anterior, en los últimos meses ha anunciado la imposición de restricciones a la exportación de galio, utilizado en semiconductores, germanio, de interés para la fibra óptica y tecnologías satelitales, y grafito, que es uno de los componentes que acompañan al litio en las baterías recargables. Como se puede observar, China lleva mucho tiempo corriendo la carrera por los minerales críticos y se lo ha tomado muy en serio. Occidente, por su parte, está tratando de seguirle el paso.

Estados Unidos, a través del Inflation Reduction Act (IRA), apuesta por dar una señal de mercado por la vía de créditos para la compra de vehículos eléctricos, sujeto a que las baterías de estos contengan al menos un 40% de minerales críticos que hayan sido producidos en países con los que exista un tratado de libre comercio. Porcentaje que aumenta progresivamente hasta 80% en 2027. La Unión Europea (EU), por su parte, a través del Critical Raw Materials Act, va a exigir que al menos el 10% de los minerales críticos consumidos anualmente en los países integrantes hayan sido extraídos en la EU; al menos 40% del consumo interno haya sido procesado en la EU y al menos un 25% provenga de reciclaje local. Otros países, como Canadá, UK o Australia, por nombrar algunos, también cuentan con estrategias de minerales críticos que buscan hacer más resiliente su industria en el caso de los países consumidores, o posicionarse mejor en las cadenas de valor, en el caso de los países productores.

Este tipo de medidas, políticas o estrategias, evidentemente tienen un impacto en el desarrollo de nuevas capacidades de extracción y procesamiento a nivel regional y son hoy parte del telón de fondo en el reordenamiento global que acompaña la migración desde los combustibles fósiles hacia energías limpias.

Tratándose de un tema tan importante, bien vale preguntarse qué está haciendo nuestro país al respecto. En términos estratégicos, contamos con una Política Nacional Minera que proyecta metas para el desarrollo de la actividad en Chile teniendo como horizonte el año 2050, con un fuerte foco en minería del cobre. En el caso de la industria del litio, se han ensayado distintas alternativas para su desarrollo y hoy se cuenta con una estrategia, propuesta por el gobierno del Presidente Boric, que está en proceso de implementación.

En ambos casos, se trata de estrategias con un marcado enfoque sectorial que buscan fortalecer o crear capacidades locales pero que son agnósticas respecto del destino de los minerales producidos en territorio nacional. En otras palabras, hoy los esfuerzos parecen estar concentrados en generar condiciones adecuadas para el desarrollo de la minería local y la industria asociada, pero sin establecer ningún tipo de pronunciamiento respecto de cómo Chile aprovecha su riqueza geológica para participar estratégicamente en cadenas de suministro diversas, seguras y sostenibles.

Como país estamos al debe en esta materia. A pesar de ser reconocidos internacionalmente como un país minero, a la fecha no contamos con una estrategia de minerales críticos y, en consecuencia, no tenemos herramientas que permitan orientar conscientemente nuestra participación en las cadenas de valor que los grandes centros de consumo buscan hacer más robustas y resilientes. Dejar todo en manos del mercado, como ocurre hoy, no es una opción razonable. Por otro lado, aventurar una política comercial fuertemente proteccionista no solo no es viable, sino que no se condice con las señales que ha dado Chile en materia de apertura a un mundo globalizado. El problema es que justamente la apertura y las consecuencias de la globalización corresponden a elementos que se están reconfigurando a nivel internacional cuando se habla de minerales críticos.

Chile no puede quedar fuera de esa discusión, por lo que es urgente iniciar una conversación seria que nos permita consensuar una estrategia de minerales críticos que dé paso luego a una discusión más amplia sobre política de desarrollo. La gran pregunta es si será posible para una economía capitalista de libre mercado como la chilena tomar decisiones estratégicas que permitan posicionar al país de mejor manera en el concierto internacional y si la industria estará disponible para contribuir en una discusión que trasciende con creces los límites de lo sectorial. Esperemos que así sea.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.