La insurrección social de la tercera semana de octubre de 2019 tuvo, aun de modo inorgánico, la pretensión de cambiar Chile en muchos sentidos. Las demandas de aquellos días son conocidas y todas ellas iban en la dirección de superar desigualdades que, aunque hoy haya un clima político y social muy distinto, todavía persisten. Para tal efecto, las movilizaciones de aquellas semanas contuvieron el deseo no solo de ocupar, sino de redefinir e incluso renombrar el espacio público.
En Linares, la plaza que llevaba el nombre de Augusto Pinochet fue rebautizada. En Temuco fue arrancada la estatua de Pedro de Valdivia, el conquistador. En Providencia, el Concejo Municipal de Providencia llegó a poner en tabla el cambio de nombre de la Plaza Baquedano por Plaza Dignidad. Y la estatua del general Manuel Baquedano, en su doble y contradictoria recordación como héroe popular por su rol en la Guerra del Pacífico y luego “pacificador” de la Araucanía, fue pintada, intervenida y renombrada según las consignas del movimiento.
Cinco años después, cuando el devenir del país ha dado una vuelta completa e incluso la Plaza Baquedano dejará de existir como la conocemos actualmente debido a las obras del Eje Alameda-Providencia, sigue el debate sobre el destino de la estatua del General. La última información, dada a conocer por el alcalde de Providencia, Jaime Bellolio, es que el Gobierno estaría explorando poner en el pedestal ahora vacío una estatua de Gabriela Mistral, de quien este año se cumplen 80 años de la recepción del Premio Nobel. Es una discusión sobre cómo nombramos el espacio público, muy importante, una discusión sobre nuestra histórica, también valiosa, pero es tanto más una discusión sobre el estallido social de 2019. Entre el orden previo a 2019 y el orden nuevo que se quiso construir, ya sabemos infructuosamente.
Muchas veces, el renombramiento del espacio público tiene el trasfondo de una disputa entre quienes defienden el pasado y quienes quieren cambiar el presente en función de la aparición de nuevos imaginarios que son sentidos para un sector de la sociedad. Es por eso que el Estadio Víctor Jara ya no se llama Estadio Chile, que la Avenida Providencia no se llama 11 de septiembre, que la plazoleta de Independencia y el Campus Norte de la Universidad de Chile se llaman ahora Eloísa Díaz.
Es evidente que, en este momento específico de una historia que siempre es dinámica y en el futuro puede cambiar de una forma que no prevemos, el General Baquedano es una figura controversial y la Gabriela Mistral una consensual. Uno divide a los partidarios y detractores del Estallido, otra no hace prevalecer a un grupo sobre otro, sino que aglutina e integra. Podría ser una gran oportunidad para honrar en el centro de la capital a una de las figuras más relevantes de la cultura nacional.


