El pasado jueves 6 de marzo se realizó la entrega de los resultados de la prueba Simce (Sistema de Medición de la Calidad de la Educación), evaluación que mide el aprendizaje escolar y que el 2024 incluyó a 690 mil estudiantes de cuarto básico, sexto básico y segundo medio.
En la instancia, encabezada por el ministro de Educación, Nicolás Cataldo, se dio a conocer un resultado histórico para la aplicación del examen, y que tuvo que ver con un aumento significativo en el puntaje promedio de los cuartos básicos en la prueba de lectura y matemáticas. Uno que, además, fue transversal a todos los estratos sociales.
“Además de una mejora, tenemos un alza en la equidad, que es lo que quisiéramos”, afirmó sobre estos números Juan Pablo Valenzuela, académico de la Universidad de Chile y director del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE), perteneciente a la misma casa de estudios. “Es importante ir cerrando las brechas entre la condición socioeconómica de los estudiantes. Al final del día, si me entregan resultados en bruto, es obvio que los colegios donde van las familias con mejor capital socioeconómico y cultural van a tener mejor resultado”.
Sobre el Simce como mecanismo, Valenzuela fue enfático en aclarar las características de este sistema. “El Simce es una herramienta, un instrumento. No es una política. Por lo tanto, lo que tiene como instrumento es que nos permite tener pistas, antecedentes. Nada más que eso. Es un instrumento que se ha ido perfeccionando en el tiempo, inclusive la dictadura inventó un diseño de monitoreo de los resultados en este mecanismo de competencia que supuestamente iba a mejorar la calidad, y que no lo hizo”, contextualizó el experto.
“Luego se perfeccionó, pero no era comparable en el tiempo. En el año 99 es la primera vez en que empieza a ser comparable, para que uno diga ‘bueno, ¿estos puntos de este año son iguales a los del año pasado? Si miramos 20 años, ¿hemos mejorado?’. Ese fue un cambio importante”, sumó.
“Entonces, como instrumento -explicó Valenzuela- es muy valioso porque, junto con otros, nos permite tener antecedentes para dos cosas relevantes: cómo vamos, especialmente con las políticas y acciones que estamos acometiendo para mejorar, porque eso es lo que hay de por medio. Hay muchas acciones para lograr objetivos y estamos avanzando en algunos de esos aspectos, que serían los estándares de desempeño, de resultados. Y, por otro lado, que nos den pistas para decir dónde están los principales desafíos. En qué colegios, en qué grupo, en qué grado; de tal forma que sea un instrumento para la mejora continua y no un elemento en sí mismo”
No obstante, cabe destacar que también han existido movimientos en contra del Simce. “Esto, porque, de verdad, por muchos años terminaba sucediendo que el instrumento era el objetivo. Que uno dijera ‘mira, lo que queremos es mejorar el Simce’, no sirve para la mejora”, afirmó.
Una situación que, para el experto, responde a una confusión de los propios gobiernos respecto a su uso. “Los colegios no definen cuántas pruebas hacer ni qué grados medir, tampoco la intensidad que tienen. Eso lo hacen las políticas públicas nacionales. Incluso este mismo Gobierno tuvo dentro de sus puntos programáticos la idea de prácticamente eliminar el Simce. Esa fue la señal que hubo de por medio y, paulatinamente, se generó una discusión”, indicó.
“El Consejo Nacional de Educación también estuvo discutiéndolo porque es un instrumento valioso, pero que debe ser acotado. Es decir, pocas mediciones y por primera vez lo que ha estado sucediendo con este cambio de la agencia que dice ‘mira, si yo entrego a mitad del año, para el segundo semestre no queda nada que hacer’. Al contrario, cuando cambia para que te lo entreguen al inicio del año, tienes todo el año para decir ‘este es el diagnóstico de los estudiantes del año pasado, qué podemos hacer para adelante'”, precisó el académico.
Otro de los errores históricos que Valenzuela reconoce en la lectura de los resultados es su interpretación como una “marca de desempeño, de calidad. Otra confusión. El ranking de ordenar a los colegios por puntaje Simce es un absurdo y es injusto porque los desempeños de los estudiantes tienen mucho que ver con el nivel socioeconómico. Hay que ir cerrando las brechas de la condición socioeconómica”.




