Durante los últimos años, los efectos producidos por la exposición constante de niños, niñas y adolescentes a las redes sociales y el mundo digital se han transformado en uno de los problemas más complejos de enfrentar para nuestras sociedades modernas.
Una situación que es extensiva a prácticamente todos los rincones del mundo, y que también ha repercutido fuertemente en Chile. Esa es, precisamente, la premisa de “Adolescencia“, una de las más recientes apuestas de la plataforma Netflix que, con cuatro capítulos de una hora cada uno, se posicionó rápidamente como la mini serie más vista a nivel global.
En ella, el director Philip Barantini hace un recorrido por la historia de Jamie Miller, un niño de trece años que, pese a venir de una familia lejos de la disfuncionalidad, es acusado de asesinar a una de sus compañeras de curso, en un caso que entrelaza violencia de género, guiños a la cultura incel y la agresividad desatada en las escuelas.
“Es la serie número 1 en todo el mundo y creo que, finalmente, este éxito tan transversal tiene que ver con que todos los padres a lo largo del mundo occidental están un poco pillados con qué están haciendo sus hijos a puertas cerradas“, señaló la periodista, crítica de cine y co-creadora de Mujeres Bacanas, Isabel Plant.
“Uno cree que están seguros porque están en la casa, que es lo que dicen los padres de la serie. Pero igual hay un mundo detrás del celular al que no estamos accediendo como adultos. Hay una gran fisura entre lo que sabemos que hacen nuestros niños a través de la pantalla o cómo los niños se ven afectados por la interacción en redes sociales y lo que realmente sabemos”, añadió la comunicadora, apelando a la confusión que este caso genera en el núcleo familiar del protagonista.

Escena de “Adolescencia”, miniserie distribuida por Netflix.
Todo esto, considerando que uno de los grandes ejes abordados por Barantini tiene que ver con las relaciones establecidas por los jóvenes a través de las redes sociales, mismo escenario donde terminan creando espacios riesgosos de exposición a ciertas tendencias que pueden ser perjudiciales para su desarrollo.
Entre ellas, la corriente incel, que hace referencia al odio que ciertos hombres pueden generar hacia el género femenino por su incapacidad de relacionarse social y sexualmente con las mujeres.
Para la crítica de cine y series, Sol Márquez, esta subcultura invita a reflexionar sobre una problemática estructural: “He leído varios textos, sobre todo en redes sociales, que hablan de esta rabia que puede generar la subcultura incel. Creo que la serie lo toma, pero está llamando a una reflexión que me parece súper importante, y que es un niño, un joven, un adolescente que, en el fondo, está en una posición de muchísima fragilidad y susceptibilidad a caer en discursos que puedan resonar con su condición, con su situación, aunque sea sumamente temporal”, expresó la periodista.
“Ingresan a estas cajas de resonancia, y ni siquiera estamos hablando de la dark web. Estamos hablando de foros, de códigos en redes sociales, en Instagram, que hablan de ingresar a un ‘rabbit hole’ que puede terminar en cuestiones como asesinatos”, sumó Márquez.
Así, la crítica destacó la invitación implícita que extiende esta historia: “Es esta idea de que, como sociedad, tenemos que hacernos responsables de esta situación. Esa es una gran reflexión que propone la serie. En ese sentido, me parece que es muy redondita, que funciona como reloj. Es importante generar esa conversación y proponer la reflexión sobre qué están viendo nuestros niños y nuestras niñas, y por qué alguien en su adolescencia tendría tanto odio, el suficiente como para asesinar a alguien más porque no le presta la atención que él cree que merece”.
El subtexto de la violencia en las escuelas
Sin embargo, las crecientes tensiones dentro de las aulas igualmente son un punto exhibido en esta ficción. Tanto así, que hace pocos días se dio a conocer la noticia de que tanto Reino Unido como Estados Unidos sumarán el visionado de la miniserie al currículum de las escuelas públicas.
Otro punto que conecta especialmente con la creciente violencia registrada en los colegios de Chile. “La serie ‘Adolescencia’ refleja una realidad en la que el ambiente escolar se ha convertido en un espacio de tensiones intergeneracionales, donde conviven agresiones físicas y psicológicas, bullying análogo, pero también digital, y una creciente crisis en la convivencia escolar”, explicó el psicólogo clínico EMDR, Julio César Carrasco.
Igualmente, la situación se conecta con las consecuencias de deja la presencia de las infancias en internet. “Esta narrativa pone de relieve cómo la sobreexposición a lo digital y la pérdida de vínculos afectivos intensifican los conflictos, y lo traslada a un contexto que resuena con la realidad chilena”, conectó el especialista en salud mental.
“Según datos del 2017 -es decir, pre pandemia-, de un sondeo realizado por el INJUV (Ministerio de Desarrollo Social) y respaldados por estudios comparativos de la OCDE, se estima que alrededor del 18% de los estudiantes chilenos reportan ser víctimas frecuentes de bullying en entornos presenciales (bullying análogo), mientras que en el caso del bullying digital (cyberbullying) las cifras oscilan entre el 10% y el 15% de los jóvenes, evidenciando un impacto creciente en el ámbito digital. Y aquí es importante señalar, como psicólogo, que el daño por acoso y maltrato, sea físico o digital, es el mismo, y que apagar un teléfono no apaga el problema. Este persiste y es algo que padres y apoderados deben comprender si quieren apoyar a niños, niñas y adolescentes”, sumó Carrasco.

Adolescencia, miniserie distribuida por Netflix
En torno a las cifras, el psicólogo agregó que: “En Chile, la evidencia muestra un incremento alarmante en las denuncias de violencia escolar: por ejemplo, en 2014 se contaban 166 denuncias, mientras que en 2023 las cifras alcanzaron un máximo histórico de 12 mil 369 casos, lo que representa un aumento del 58% en una década. Además, episodios de agresión a docentes, como el caso emblemático del profesor Miguel Niño, agredido brutalmente en octubre de 2023 en el Liceo Centro Educacional Municipal San Ramón, subrayan la vulnerabilidad del personal educativo y el deterioro de la autoridad pedagógica”.
Sin embargo, y al margen de la bajada que esta realidad tiene en el sistema educativo, Carrasco igualmente recalcó el rol que jugó la pandemia en el estado de las cosas. “Desde la perspectiva psicológica, la historia de la serie nos muestra que la adolescencia en la actualidad se caracteriza por una alta vulnerabilidad emocional y dificultades en la construcción de la identidad. La presión de las redes sociales, la necesidad constante de validación y la exposición a modelos digitales idealizados intensifican la ansiedad y el estrés, lo que se traduce en comportamientos agresivos y a veces autodestructivos”, señaló.
“En Chile, la pandemia tuvo un efecto dual: durante el confinamiento se redujeron las denuncias de violencia, pero esta situación encubrió un deterioro en los vínculos afectivos, lo que se manifestó de forma aguda al retorno a clases presenciales en 2022 y 2023. Los datos muestran que, tras la reapertura, se registró un repunte en las agresiones entre pares y en el maltrato a docentes, evidenciando la desregulación emocional de los adolescentes. Hoy en la clínica vemos ese impacto en adolescentes y adultos jóvenes que hace unos años, producto de la pandemia, se quedaron solos y perdieron ese contacto humano necesario para integrarse, madurar y relacionarse”, compartió Carrasco.

Adolescencia, miniserie distribuida por Netflix
Algo que, para Plant, también tiene una dimensión de género. “Hay una lectura sobre cómo a los más jóvenes los está afectando esta masculinidad tóxica en respuesta al feminismo. También, en una edad muy vulnerable, la interacción entre pares se puede volver algo muy feo en el mundo adolescente. Desde mi vereda, que es el feminismo, esta serie se trata de que no fue solo culpa de los padres. Tenía buenos padres ese niño. Igualmente es compartida con una escuela que se ve superada, con una crisis de autoridad en la sala de clases”.
“Y con policías que no saben qué están buscando, con los mismos compañeros que no supieron acoger a un niño que quizás era más vulnerable. Es una serie sobre culpas compartidas. Y si yo me siento desde el feminismo, tengo que ver que obviamente hay una niña que es víctima y que se trata de violencia de género. Pero también hay que ver cómo hemos nosotras predispuesto a los varones más chicos, que vienen con una culpa atávica, con una culpa por ser hombres. Y cómo todo lo bueno que ha sido la ola de feminismo en los últimos años puede, a veces, tener ciertos sectores que se nos están quedando atrás o que no se sumaron. La idea es que entre todos cambiemos la sociedad”, añadió la periodista.
Punto de vista que es compartido por Márquez: “Lo que está hablándonos la serie, y por eso resuena con tantas personas, es que no se trata de una obligación exclusiva de padres y madres, o de colegios, de la sociedad o de instituciones. En el fondo, toda niña o niño va a requerir en algún momento de su vida de un adulto responsable que sea capaz de ayudarle a salir de espacios súper oscuros. Y cuando pensamos que internet está 24-7 en nuestras vidas, que casi todo el mundo tiene un teléfono en su mano, sobre todo las niñas, los más jóvenes, pueden ser presa fácil de estas cajas de resonancia o de subculturas como son los incel”.






