Lorena Fries por evolución del Frente Amplio: "Pasar de ser un actor impugnador a uno oficialista ha significado aprendizajes"

La diputada del FA abordó también el surgimiento de “una nueva izquierda” que requerriría la amplitud de sus pares oficialistas. “A mí me parece que la división entre Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático hoy día no tiene sentido”, declaró.

La diputada del FA abordó también el surgimiento de “una nueva izquierda” que requerriría la amplitud de sus pares oficialistas. “A mí me parece que la división entre Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático hoy día no tiene sentido”, declaró.

Tras semanas en que volvió el juicio crítico sobre la evolución del proyecto del Frente Amplio y los cambios respecto de sus demandas iniciales, la abogada especialista en derechos humanos y diputada por el 10° Distrito, Lorena Fries, defendió que cumplir un mandato gubernamental significa aprendizajes de por medio que no se obtienen desde el lado “impugnador”. “Se pudo profundizar en materias que no eran tan ampliamente conocidas y eso ha marcado matices en la posición”, afirmó.

Fries cumple su primer periodo parlamentario, al que ingresó por cupo de Convergencia Social -partido que se unificó para formar el Frente Amplio-, pero ya ha cumplido previamente funciones de gobierno como en la Subsecretaría de Derechos Humanos (2016-2018) cuando militaba en el Partido Socialista, además de haber sido directora del Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH). Actualmente, participa de las comisiones permanentes de DD.HH y Seguridad Ciudadana.

Para la legisladora, el proyecto del FA está más “vigente” que nunca, al igual que su vocación transformadora, y califica como “excesivas” las acusaciones de traición a sus principios provenientes de sectores más la izquierda, a raíz de una agenda gubernamental volcada hacia temáticas relativas prioritariamente con la seguridad.

En conversación con Radio y Diario Universidad de Chile, la diputada además abordó el surgimiento de “una nueva izquierda” que requerriría la amplitud de sus pares oficialistas. “A mí me parece que la división entre Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático hoy día no tiene sentido”, declaró.

– ¿Cómo ha visto la evolución del proyecto político del FA, especialmente en seguridad? 

Como Frente amplio hemos contribuido a evitar que esa agenda se vuelva más punitivista o más centrada en solo la penalización de ciertos delitos y la utilización de la fuerza, y hemos querido poner énfasis también, junto con la seguridad, en ponerle límites la acción del Estado en términos de derechos de las personas y eso ocurrió tanto en la Ley de Usurpación como en la Ley Naín Retamal donde aprobamos la mayoría de los artículos, pero aquellos que nos parecía que atentaban contra los derechos de las personas, que en un momento dado pueden no estar involucradas con delitos y caer bajo el orden punitivista del Estado, había que salvaguardarlos. Así que yo creo que sí hemos evolucionado en el sentido de ir puliendo cada vez más fino cuál es nuestro aporte a la seguridad.

– Pero, ¿no hacia una agenda “derechista” como apuntó la exjefa de asesores Lucía Dammert? 

O sea, yo creo que en general ha sido una agenda que tiende a fortalecer el Estado en estas materias en los que nos parece bien, pero también ha habido algunas diferencias respecto de cómo encarar el fenómeno de la inseguridad producto de leyes que, de alguna manera, la mayoría en el Congreso ha tendido a imponer y que son justamente aquellas que pueden ser vulneratorias del debido proceso, del principio de inocencia, del derecho a la defensa y a la igualdad ante la ley. Ante esas cosas sí nos hemos opuesto y consideramos que allí no han salido siempre bien los resultados.

– ¿Han buscado sacar esta agenda del terreno de la derecha?

Exactamente y la derecha ha tenido una capacidad mayoritaria en el Congreso. Las leyes no son lo que nosotros queremos necesariamente en materia de seguridad, sobre todo en algunos casos, y hemos hecho ver esos puntos de vista. Y claro, la derecha lo que ha dicho ante eso es que nosotros somos pro-delincuentes, que no nos importa la seguridad y sí, nos importa. Lo que pasa es que tenemos diferencias en el enfoque, que finalmente es minoritario dentro de la Cámara.

– La diputada Gael Yeomans admitió que no tenía todas las cartas sobre la mesa al momento de oponerse al TPP-11, ¿comparte esa reflexión? ¿fueron muy duros en el diagnóstico inicial?

Yo creo que efectivamente ha habido una evolución en el sentido de que, cuando el Frente Amplio inicia de la mano del Presidente de la República el mandato gubernamental, efectivamente se pudo profundizar en materias que no eran tan ampliamente conocidas y eso ha marcado matices en la posición. Es parte de lo que como FA tenemos que lidiar. Las posturas, las convicciones y también, digamos, tomar en cuenta el contexto en términos tácticos sin dejar de fondo la reflexión que tenemos en general sobre los tratados comerciales.

En este caso, por lo tanto, sí ha habido una adecuación, pero que tiene que ver justamente con la amplitud de la información sobre la cual pudimos reflexionar en el proceso de aprobación del TPP-11.

– ¿No fue un diagnóstico erróneo inicial?

No, yo creo que no y en general también eso es lo que tiende a poner la derecha sobre el Frente Amplio. Hay que tomar en cuenta que esta es la primera incursión que tiene el Frente Amplio en un gobierno y, por lo tanto, pasar de ser un actor impugnador a ser un actor oficialista, en el sentido de que hacemos parte del gobierno, también ha significado aprendizajes. No errores, que se han cometido por cierto, pero también una mayor profundización en los temas y entender lo que es gobernar y gobernar en minoría.

– ¿Cómo recibe las acusaciones de “traición” a sus principios que plantean sectores más a la izquierda?

A mí me parece que eso es excesivo llamar traición, cuando las posibilidades concretas de avanzar en el programa se han dificultado y, además, se han puesto sobre la mesa urgencias y necesidades que tiene la población que obligaron al cambio y a priorizar de otra manera. Pero, aún así se ha avanzado en cuestiones que son habilitantes de las transformaciones que podrían venir en un gobierno de continuidad y de innovación respecto del programa. Nosotros no hemos dejado de lado lo que fue el programa inicial y esperamos que a futuro podamos seguir adelante con él, porque creemos que esa es la propuesta que le hace bien al país.

– A nivel personal, ¿Cómo ha visto el devenir político del Frente Amplio? ¿Le acomoda? 

Yo creo que ha habido cambios muy marcados por la experiencia de pasar por un gobierno. Eso incide en el tipo de reflexión, en tomar en cuenta que ahora toca trabajar, además, en una coalición donde hay diferencias y donde eventualmente en la coyuntura, en la táctica, hay que hacer cambios, pero que no invalidan el proyecto de fondo que sigue siendo el mismo.

– El director ejecutivo de Rumbo Colectivo, Tomás Leighton, dice que en este gobierno se da paso a “una nueva izquierda”, entre lo que fue la Concertación y Apruebo Dignidad ¿coincide en esa  dirección? 

Sí, coincido en eso. De hecho, yo creo que lo más importante del proceso que viene es justamente lo que vamos a vivir en estos próximos meses. Es decir, una vocación real por la unidad dentro del oficialismo con todos los sectores progresistas, donde obviamente nosotros nos asumimos como un proyecto de izquierda democrático y que quiere construir mayoría. Todavía eso es un proceso en construcción y que, si queremos efectivamente gobernar y producir los cambios y las transformaciones que se necesitan, vamos a tener que convivir con nuestros compañeros del progresismo y establecer allí los acuerdos mínimos sobre los cuales después la ciudadanía se irá pronunciando en favor de uno u otro.

Para nosotros es importante la creación de una coalición que le dé gobernabilidad al país en los próximos 10, 20 años y ahora hay un nuevo actor. Ese actor es el Frente Amplio, sin duda un actor relevante por la magnitud del partido. Es uno de los más grandes hoy día en Chile, también por haber estado encabezado por el actual Presidente de la República, por haberse formado cuadros ya dentro del Gobierno, por llevar ya varios periodos convulsionados que van aumentando el número y, por lo tanto, me parece que está vigente más que nunca y con esa vocación de transformación es que vamos a enfrentar este nuevo periodo con la mayor unidad y generosidad posible.

– Cuando se habla de nueva izquierda entre Concertación y Apruebo Dignidad ¿a su juicio, no infiere que se han movido unos centímetros hacia el centro?

No, porque una nueva izquierda es profundamente democrática, está por los cambios como todo sector de izquierda que no quiere quedarse en cómo vive, sino que siempre abrir una esperanza a futuro con una raíz claramente socialista y, además, con nuevas generaciones que se involucran en la política de manera masiva, recogiendo las luchas sociales de las últimas décadas en Chile. Ser una nueva izquierda ha sido un postulado que viene desde los orígenes del Frente Amplio y ahora toca hacerla más amplia con los compañeros del Partido Socialista, del Partido por la Democracia y del Partido Comunista. A mí me parece que la división entre Apruebo Dignidad y Socialismo Democrático hoy día no tiene sentido.

– ¿Por qué no tiene sentido?

Porque me parece que, primero, hay un proyecto donde nos podemos poner de acuerdo en ciertos mínimos comunes sobre los cuales obviamente vamos a tener una acción común, y a partir de eso las diferencias las irá viviendo el pueblo en los distintos procesos electorales, pero yo creo que esa base común es, por ejemplo, el pleno respeto a los derechos humanos, la necesidad de profundizar la democracia, poner un acento en la justicia social y los derechos sociales. Y en eso, me parece a mí que no hay un desacuerdo entre las fuerzas progresistas.

Cómo se hace, la gradualidad con que se hace, el grado de participación de la ciudadanía, son todos énfasis que ponen de distinta manera los partidos políticos y ahí nosotros obviamente tenemos una propuesta que ya se esbozó en el programa del Frente Amplio anterior y que se va a esbozar con mayor profundidad y a la vez con continuidad de lo que se empezó, bajo este gobierno.

– Sobre la relación del Frente Amplio con los movimientos sociales, ¿qué le parece tener un pie o “los dos pies en la calle” como ha aludido el Partido Comunista?

Yo vengo del mundo de los derechos humanos y la verdad, lo que tengo clarísimo, es que los derechos no los concede el Estado, sino que se ganan, se conquistan a través de la lucha social y el Estado tiene que ser capaz de reconocer y darle causa institucional a eso.

Y en ese marco las movilizaciones hacen parte de uno de los derechos humanos fundamentales que es el derecho a la manifestación pacífica y yo voy a hacer, y he sido, una de las principales defensoras de las movilizaciones sociales. Por cierto, eso no avala los actos de violencia que los hemos condenado siempre, pero un país que restringe, que achica la posibilidad de manifestarse por las injusticias que se cometen, empieza a declinar en su opción democrática.

– ¿Y el Frente Amplio cabe en esto de tener un pie en la calle?

Lo que pasa es que siempre se tiene un pie en la calle. ¿Y lo contrario a eso sería qué? ¿encerrarse en las oficinas y desde ahí mirar el mundo? Eso no se puede hacer si se es un partido izquierda. Es la única forma de avanzar en un contexto democrático y no debiera ser visto como una amenaza a la democracia, sino que como una forma de enriquecerla.

– Mucho se habla de gobierno de continuidad o de demarcarse de lo que ha sido el actual, ¿cuál es su visión en particular? 

De nuevo las polarizaciones aquí no quedan muy bien. Por supuesto que queremos un proyecto de continuidad en términos de lo que han sido las reformas habilitantes para profundizarla en un próximo gobierno. Me refiero a que hay temas pendientes en educación, en salud. Incluso en materia de reforma de pensiones, el hecho de que hoy día contemos con un seguro social habilita a profundizar esa senda, pero nos faltan muchas cosas.

Aquí se requiere una estrategia de desarrollo para el país que aún no tenemos, cambiar la matriz productiva poniéndole valor agregado, mejorar las condiciones de los trabajadores y las trabajadoras, ojalá propendiendo a aumentar el sueldo mínimo y todas esas son cuestiones que vienen de este gobierno y que hay que profundizar. Pero, junto con ello hay que avanzar en los desafíos del siglo XXI y que, por ejemplo, tienen que ver con los temas de seguridad, particularmente el crimen transnacional que significa crimen organizado, ya sea por el narcotráfico, por el tráfico de armas o por la trata de personas con fines de explotación sexual. Esos son nuevos males que están aquejando, que hace diez años atrás no eran tan relevantes, sobre los que tenemos que tener una reflexión y una propuesta también.





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