El lanzamiento de “La nueva canción chilena” marcó un hito en la historia de Electrodomésticos. En plena década del noventa, la vida familiar, los proyectos solistas y las dificultades para coincidir en el estudio llevaron a que los caminos de sus músicos emprendieran rumbos hacia otras vertientes.
Desde entonces, mucha agua pasó bajo el puente. Para Carlos Cabezas, uno de los miembros fundadores de la banda, aquel fue un tiempo marcado por su debut solista -con el celebrado disco “El resplandor“- y el trabajo como productor que comenzó a impulsar desde Konstantinopla, el emblemático estudio que vio la luz poco antes del quiebre del grupo. Eso, sin contar su rol como compositor de las bandas sonoras de películas tan fundamentales para el cine nacional como “El chacotero sentimental” (1999).
Por eso, la confluencia de energías que permitieron la construcción del tercer LP de los Electrodomésticos es recordada por el músico con especial afecto. “Habíamos estado los Electro funcionando hasta como el año 92, 93. Ahí dejamos de tocar porque la vida como que nos pasó por encima. Las últimas veces que tocábamos, ensayábamos a las dos de la mañana porque teníamos las vidas muy ocupadas, familias, hijos, qué sé yo”, afirmó Cabezas.
“Eventualmente empezamos a tocar de nuevo, mostrando el material de ‘El resplandor’, algunas cosas de los Electro. Éramos los músicos que nos encontrábamos en estos espacios como Konstantinopla. Estaba Gabriel Vigliensoni dando vueltas ahí, el Cuti Aste. Y se armó esta banda que tenía nombres bastante curiosos en algún minuto porque no nos sentíamos como los Electro. Aún teníamos esta idea de que para tocar con autoridad y volver teníamos que tener material nuevo, esa era la visa para poder ejercer como Electrodomésticos nuevamente”, recapituló el músico.
Pase que llegó el 2004 con la publicación de “La nueva canción chilena”: “Empezamos a grabar y eventualmente lanzamos este disco que marcó el regreso oficial como grupo, trabajando y presentándonos juntos. Es un hito bastante significativo en nuestra trayectoria como músicos y como grupo“.
Una placa que, además, vio la luz en un momento de cambios para la industria discográfica. “Está ahí, justo en el paso de lo análogo a lo digital, en términos de cómo se mueve la música”, recapituló Cabezas sobre ese momento.
Todo ese contexto está siendo relevado por la banda hoy con la celebración de las dos décadas desde el lanzamiento de este álbum. Una instancia que será festejada no solo con la publicación de un vinilo conmemorativo (que ya está disponible en disquerías), sino que también con un show que los tendrá este sábado 12 de abril en el escenario de Matucana 100.
“Ahora, como hemos estado recuperando los temas y preparándonos con los ensayos para poder tocar este sábado, el ejercicio de repasar las canciones te trae esas memorias, esos recuerdos de las sensaciones de la época, del espíritu, del entusiasmo que había. Seguíamos con muchas ganas de hacer cosas y habíamos conseguido de alguna manera instalar un espacio propio, el Konstantinopla, para ser autónomos y poder hacer nuestra música. Un poco la proyección de todo lo que pasó desde que veníamos de la dictadura, donde no existía nada, y donde los músicos, al final, aprendimos a hacer de todo“, confesó Cabezas.

Electrodomésticos.
Apostar por la diferencia
Al revisitar la historia de los Electrodomésticos, la búsqueda de nuevos sonidos, texturas y formas que expandieran las posibilidades musicales se configura como el espíritu de la banda. Algo que se expresaba en las inquietudes de sus propios miembros.
“Era tratar de buscar lo más experimental, lo más distinto, digamos, fuera el del pop y todo eso“, definió el productor sobre la música que lo ocupaba por esos años, donde figuran nombres como Jimi Hendrix, Soft Machine, Frank Zappa, Hatfield and the North y Premiata Forneria Marconi. “También Kraftwerk, de las primeras cosas que aparecieron con sintetizadores. Eran bandas que trabajaban buscando lenguajes distintos, el mismo Hendrix, que hizo estallar la guitarra eléctrica. Esas aproximaciones extremas en términos de sonido y de instrumentación eran interesantes, muy estimulante. Y los Beatles, de todas maneras, porque tenían una capacidad de hacer cosas distintas, enormes, o David Bowie, mucha música inglesa”.
“Escuché todo eso hasta cierto momento, pero hay un punto en que dejas de escuchar. Como que te empiezas a entusiasmar en hacer tus sonidos, armar tus músicas, qué sé yo. Al principio escuchaba todo el día música, no podía concebir un momento de la vida en que no estuviera algo sonando”, explicó Cabezas sobre la forma en que mutó esa relación.

Vinilo “La nueva canción chilena”
Sin embargo, también se trata de una característica que hoy permite observar el legado que los Electrodomésticos dejaron en la música chilena. “Desde adentro es muy difícil tener una perspectiva adecuada para hacer un análisis de eso. Todo lo que hicimos fue súper visceral, instintivo. Era una época que te despertaba ciertos impulsos de supervivencia y todo ese contexto de la dictadura te generaba cosas que ahora, en tiempos normales, no funcionan o no aparecen mucho”, expresó al respecto el artista.
“Hay muchos puntos ciegos en ese sentido sobre el trabajo que uno ha hecho. Es bien difícil, más allá de la autorreferencia y todo eso. Tener una distancia como para hacer un análisis es bien complejo. Uno espera que lo que hicimos haya abierto un poco la manera de entender el trabajo creativo. Y que haya abierto el entusiasmo en personas que a lo mejor no se sentían habilitadas para desarrollar expresiones musicales. Porque por mucho tiempo, para poder desarrollar una expresión musical, un trabajo musical, necesitabas ciertos requisitos, destrezas instrumentales, destrezas académicas. Y nosotros aparecimos por la ventana”, afirmó.
“Aprendimos en el camino y aprovechamos estos juguetes nuevos que estaban apareciendo, electrónicos, que permitían desarrollar todas estas ideas musicales sin tener esas destrezas. Y también a aterrizar un poco esto de que no es necesario ser tocado por los dioses para ser músico, o esta idea del arte elitista, de que tienes que ser una especie de persona muy especial, sino que es algo bastante más natural y normal en la vida de las personas. Hoy en día es mucho más horizontal. Cualquier persona tiene la posibilidad para desarrollar ideas musicales y eso es muy bueno. Pero en ese tiempo eso todavía no estaba muy establecido, para nada. Sentir que nuestro trabajo pudo abrir esa manera de pensar sobre el trabajo musical se siente muy bien. Es gratificante“, concluyó.



