Generalmente la mayoría de las personas está a favor de construir sociedades más justas, comprensivas, empáticas, con mayor bienestar y menos violencia.
Y si bien hay muchas formas de lograrlo, una propuesta que creo podría ser del interés de la mayoría de las personas, es abogar por la ternura y el veganismo.
Ternura entendida como una disposición profunda hacia la empatía y la compasión. Y veganismo entendido como una postura ética que rechaza la explotación de los animales en todas sus formas y en consecuencia pide llevar estilos de vida libre de violencia hacia los animales.
¿Y por qué veganismo y ternura? Somos sociedades en las cuales conviven distintos de sistemas de creencias opresivos que perpetúan distintas lógicas de opresión. Somos sociedades especistas, racistas, machistas. Existen muchos “ismos” violentos.
Es necesario que reconozcamos que se nos socializó para pensar a los demás de formas peculiares, ya sea un “otro” humano o un “otro” no humano.
Aprendimos a diferenciar, excluir, distanciarnos de nuestra emocionalidad y desenvolvernos en realidades llenas de violencia. Y dentro de estas realidades, independientemente del contexto cultural y momento histórico en el que nacimos, el veganismo siempre ha sido una postura minoritaria.
Nadie nos dio la opción de llevar vidas veganas o alimentaciones basadas en plantas en nuestras infancias. Desde los distintos espacios de educación se imparten racionalidades especistas que también conceptualizan a los animales no humanos como simples recursos.
Aprendimos a hablar de los productos de origen animal de ciertas formas, es más atractivo pensar en “una morcilla” y no en “sangre coagulada envuelta en una tripa”.
Y más allá del lenguaje, en general se nos enseña a justificar la explotación animal.
Se nos enseñó a afirmar que la explotación animal es necesaria, natural, normal y nada grave porque obtenemos algo “rico” de ella.
Se nos enseñó a emplear piruetas mentales para no recordar que estamos pagando por fluidos corporales y cuerpos de otros individuos.
Se nos enseñó a invisibilizar y minimizar toda la violencia que implica quitarle la vida a alguien que no quiere morir.
Internalizamos el pensar a los animales no humanos como recursos, cuyos cuerpos es aceptable utilizar para nuestros fines, el posicionarnos desde la ternura pide que empaticemos con su sufrimiento.
El posicionarnos desde la ternura al abogar por el veganismo implica tratarnos de manera comprensiva al reconocer que hemos financiado actividades que dependen de violentar y matar a otros individuos. Implica reconocer que pueden existir contradicciones entre lo que pensamos y lo que hacemos, y que en ese proceso debemos tratarnos de manera comprensiva.
Al mismo tiempo, podemos cuestionar aquello que nos enseñó o se nos impuso, podemos llevar estilos de vida en los cuales rechazamos la violencia arbitraria independientemente de quien sea la víctima. Nadie nos obliga a pagar por productos que dependen de la explotación animal o a defender las lógicas violentas que yacen detrás de ella.
Podemos posicionarnos y de manera activa dejar de financiar aquello que depende de la explotación de los animales.
Tratémonos bonito, optemos por alimentos y productos veganos, comuniquemos de manera empática, reconozcamos nuestras contradicciones internas, promovamos espacios educativos y divulguemos información, cuestionemos cualquier forma de violencia cotidiana y abramos espacios seguros para el diálogo libres de juicios.






