Corría enero de 1971 cuando unos jóvenes Nito Mestre y Charly García se preparaban para subir al escenario del Teatro de la Comedia, espacio emblemático de la ciudad de Mar del Plata que marcaría un hito en sus carreras. Aunque esa no era la primera presentación que hacían juntos.
De hecho, el debut en vivo de Sui Generis, la banda que dio el puntapié inicial de la historia musical de Nito y Charly, había sucedido dos años atrás, en 1969, en una escuela ubicada a tres cuadras del Congreso argentino y frente a un público compuesto por cerca de 400 estudiantes. Sin embargo, lo ocurrido en Mar del Plata fue crucial para el futuro del grupo, pues fue el concierto que, tras una serie de circunstancias generadas por la ausencia de los músicos Rolando Fortich y Francisco “Paco” Prati, determinó que Sui Generis sería un dúo.
Un año después llegaría «Vida«, el disco que abrió la discografía de García y Mestre. Placa que marcó el inicio de la masividad del rock argentino y que por estos días, a cinco décadas de su lanzamiento, es celebrado por Nito con un show sinfónico en el Teatro Caupolicán que se llevará a cabo este sábado 12 de abril.

Sui Generis.
«Cuando empezamos y estábamos grabando ese primer disco, nunca me hubiese imaginado cumplir 50 años de carrera«, confesó Mestre en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile. «En aquellos momentos, todos los colegas y toda la gente decían ‘el rock no, te imaginás… Una persona de más de 35 años no puede estar tocando’. Y hoy vemos a Mick Jagger, a McCartney, a tantos otros seguir y cumpliendo años, festejando y haciendo giras, que es lo que también estoy haciendo. Así que más que contento de venir a presentar esto».
Según explicó el músico, se trata de un show en formato orquestal que pensó traer a nuestro país hace varios años. «Se viene cocinando hace mucho, por eso hemos puesto harto ímpetu en que la gente nos venga a ver. Varias personas lo vieron en Internet, en las redes, que lo tocamos en un lado o en otro, y nos comentaban ‘y Chile, ¿para cuándo?’. Bueno, Chile es este sábado 12 de abril en el Caupolicán».
Consideración que igualmente responde al estrecho vínculo que el argentino ha construido con nuestro país, al que arribó por primera vez en los setenta. «Con Sui Generis vine solamente una vez, a un cine que estaba en frente al Cerro, que creo que ya no está más. Y después, la segunda vez, vine con Nito Mestre y los Desconocidos de Siempre a la Quinta Vergara, pero no al Festival de Viña, sino a un festival de rock», recapituló.
«Al poco tiempo empecé a venir a cada rato. Ahí fue cuando, hace como 40 años, conocí a Eduardo Gatti. Nos hicimos amigos, creo que fue en Talca. Estaba tocando yo por un lado y Eduardo por otro, ahí nos conocimos. Nos pusimos a hablar y como somos de generaciones que nos hemos criado con la misma música, enseguida dijimos ‘¿por qué no hacemos algo?’. Y empecé a venir muy a menudo al histórico Café del Cerro a tocar«.
Desde entonces que Chile figura como uno de los destinos fijos del músico, lo que lo ha llevado a ser parte de los trasandinos que mayor cercanía tienen con el país: «Me acuerdo que una vez incluso me llamaron para poner un papelito en la piedra fundamental de una universidad y fui a la ceremonia. Me han pasado cosas muy gratas en Chile, lo he recorrido de punta a punta, desde Arica hasta Punta Arenas. Muchas de las veces con Eduardo Gatti, porque a los dos nos gusta viajar y recorrer».
Aunque Gatti no es el único artista nacional con el que tiene vinculación: «He venido a Santiago una enorme cantidad de veces. He vivido de a dos o tres meses en Santiago, cuando Eduardo residía en La Reina, por ejemplo. He tenido mucha conexión con la gente de Congreso, Los Jaivas. Más adelante conocí a Los Bunkers y a un montón de gente de aquí, así que es como venir a casa. Por eso hacía falta que venga a tocar este show. La gente, cuando termina, dice, ‘¡ay, qué suerte que no me lo perdí!'».
La fuerza de un legado que atraviesa generaciones
Para Nito, la potencial transversalidad que abrazaba su música ya en los inicios de Sui Generis era, definitivamente, una de las cosas que más le ocupaban. «Cuando estábamos grabando, yo tendría 18, 19 años, uno de los sueños era ese«, transparentó el músico.
«Que ojalá que cuando pase mucho tiempo, los padres y los hijos puedan escuchar esto juntos, en una de esas ir a ver el mismo show. Que cuando se sienten en la mesa familiar, se digan ‘¿escuchaste tal cosa?’, padre e hijo. Y no solamente Sui Generis, sino que compartan experiencias en música que pueden escuchar los dos. Y a partir de ahí, que se planteen también: ‘¿por qué no vamos a ver una película juntos?’, o ‘te recomiendo tal libro, o tal película'», explicó Mestre,

Nito Mestre.
«Hacer que los padres y los hijos tengan una relación. Siempre padre-hijo, pero más de amigos que pueden compartir cosas que los hacen más cercanos. Y es un sueño cumplido, porque me pasa más de una vez que no solamente los padres dicen ‘vamos a ver a Nito’, sino que a veces los hijos invitan a los padres. Y les dicen ‘te compré entrada, papá, te voy a dar una sorpresa’, y van juntos. Y también muchos jovencitos que asisten en barra, los más chicos, que vienen a ver de qué se trata en vivo«, sumó.
Un interés y una herencia que igualmente se han visto reflejadas en la industria argentina actual: «Nosotros utilizamos los mejores elementos en materia de sonido, pero es todo análogo. Lo que estamos haciendo está tocado. Y es muy notorio cuando los jóvenes se sorprenden. De hecho, me he cruzado con Milo J, que es muy jovencito. Me vino a decir ‘quiero cantar «Canción para mi muerte» con vos’. Lo invité al teatro, pero a tocarlo con orquesta. Y se murió, decía ‘no lo puedo creer'».
«Está bárbaro usar los sintetizadores, fantástico. Todo es aceptable. Pero es tan lindo cuando está tocado y se escucha así. Es otra cosa. ‘Vida’ fue planeado muy acústico, muy tranquilo, pero el fondo es que todos los temas se pueden hacer sinfónicos o con banda y queda fantástico, es el tuti», añadió Mestre.
Lo anterior, es parte de las diversas temáticas que el artista ahonda en sus diversos shows, pues la conversación figura como una parte crucial de sus presentaciones.
«Hace unos cuantos años atrás estaba haciendo unas charlas que se llamaban tipo ‘Acercarse con amigos’, donde solamente contaba cosas de mi vida y terminaba cantando dos o tres temas. Y después me dije, ¿por qué no hacerlo cuando estamos tocando los shows normales o los sinfónicos? Sobre todo en la primera parte, que es donde me gusta contar cosas que se me vengan a la cabeza en ese momento con respecto a tal tema, cómo salió, pero puede ser también sobre qué cosa me estaba pasando a mí en la vida o algo», desarrolló sobre esta dinámica.
Todo, en referencias que brotan desde la más pura improvisación: «No tengo guion escrito, y hay una cosa de complicidad con la gente que se arma, como que todos juntos no vienen a ver un show musical, sino que es un evento de una parte de la vida de alguien y que la compartimos. Y el público, como yo digo, es la mitad del show. De repente, cuando estamos tocando el disco ‘Vida’, digo ‘ah, les voy a contar tal cosa, cómo grabamos, o cómo fue el fondo de ese disco en particular’. Cosas que en una de esas no sabían. Aparte me divierte, y me encanta que la gente se divierta también, que salga del show y digan, ‘¡ah, la pasé bomba!'».
«Cuando ya está todo relajado, ya probamos sonidos, ya está todo funcionando, estoy como en casa. Y en casa hago eso«, concluyó Mestre.


