Pensar el cuerpo seropositivo (y la efeméride misma) en el mes de la danza

  • 12-04-2025

Abril es el mes de la danza, y gracias al poder de la gestión y el trabajo artístico, junto a un notable equipo de trabajo, estamos por estrenar la obra VI(H)DA en el Centro Cultural Matucana 100.

En la obra convergen distintos lenguajes para ahondar, desde lo sensorial, la experiencia de vivir con VIH, tensionando el imaginario asociado a la muerte. Cuando apelo a tomar distancia al imaginario de muerte, me refiero a alejarse de la relación catastrófica que existe entre vih=muerte, de aquello que se designa como fin de la existencia, para dar paso a lo sensible y poético que emerge desde la muerte como potencial político, creativo, artístico. Sentir el aroma de la muerte por vivir con el virus de inmunodeficiencia humana posibilita, en este trabajo, bailar con aquellas corporalidades de la historia sidaria que han vivido y muerto con vih, que han amado, reído, soñado, danzado y gozado con el virus.

La danza tiene la particularidad de ser una expresión en movimiento, modificación y tránsito a partir del flujo del cuerpo y su existencia. Sus códigos son indeterminados o incapturables al raciocinio narrativo y lineal basado en la palabra, se guía más bien por la intuición, la sensibilidad, la temporalidad del acontecimiento, lo sintiente del gesto. Lo que aparece en la danza, es la completitud del ser que baila. A su vez, el VIH es una política corporal y una carga simbólica dentro del contexto local, así como una vivencia y experiencialidad encarnada en mí, como intérprete de la obra.

En este mes de la danza, infectamos con VI(H)DA la escena local; un abanico delicioso de fuerzas danzantes que se abren paso entremedio de una selva de contradicciones y dificultades. Al mismo tiempo, hacemos un llamado a tensionar las nociones de los meses como estrategias mercantiles y de marketing que permiten integrar cuotas en las agendas comunicacionales de las instituciones de cultura. El mes de la danza lo que celebra es la historia occidental y europea de la danza, y como gremio y disciplina artística local debemos preguntarnos cuáles son las consecuencias contemporáneas de permanecer en la insistencia de una celebración colonial.

En definitiva, con VI(H)DA tensionamos diferentes aspectos: la experiencia seropositiva es una experiencia colectiva. La experiencia seropositiva es una experiencia histórica. La experiencia seropositiva es una experiencia de complicidad viral.

En ese sentido, espero que este trabajo genere puentes de conexión y diálogos comunicacionales en lo social, sobre todo hoy en día, en donde las alzadas conservadoras se encuentran fervientemente resguardando sus “privilegios”, generando violencias y degradaciones sobre otras posibilidades de VI(H)DAS que no se enmarcan en sus concepciones tradicionales del cuerpo, la naturaleza y el progreso. Todo esto porque VI(H)DA pretende aportar a una mirada humana, vivencial y experiencial del conocimiento que emerge desde nuestras propias corporalidades. En ese sentido, está diseñada de una manera que la audiencia pueda conectar sensiblemente a través de sus propias reflexiones y sensaciones que emergen de lo que ven, escuchan y sienten al presenciar la obra. Este trabajo habla de la corporalidad, y qué mejor que hacerlo a través de la danza, que es la expresión por excelencia para hablar del cuerpo, de lo que nos acontece humanamente, de lo que nuestro cuerpo tiene como posibilidad, potencia y conocimiento. Esta obra también es un regalo, una expresión de amor, un compartir la intimidad, un cuidado sobre aquello que vive y muere con VIH.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor y no refleja necesariamente la posición de Diario y Radio Universidad de Chile.

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