"Cambia también la orientación de su obra": el análisis de Alejandra Bottinelli sobre el viraje político en la literatura de Vargas Llosa

La académica de la Universidad de Chile y doctora en Estudios Latinoamericanos explicó que "desde los 80, cuando toma una perspectiva de derecha, hay obras que son, en mi opinión, literariamente muy pobres".

La académica de la Universidad de Chile y doctora en Estudios Latinoamericanos explicó que "desde los 80, cuando toma una perspectiva de derecha, hay obras que son, en mi opinión, literariamente muy pobres".

“Confieso que, en el fondo, esta ráfaga de agravios, esta virulenta ofensiva que Vargas Llosa dedica a aquellos intelectuales que no comparten sus ideas, me decepciona bastante. Hace tiempo que nos hemos resignado a que no esté con nosotros, en nuestra trinchera, sino con ellos, en la de enfrente, pero en cambio no podemos resignarnos a que, por diferencias ideológicas o amparado quizá en las dispensas de la fama, recurra al golpe bajo, al juego ilícito, para reforzar sus respetables argumentos. Afortunadamente, la obra de Vargas Llosa está netamente situada a la izquierda de su autor, y seguirá siendo leída con fruición por los zombis, los robots y los perros de Pavlov“.

Esas fueron las palabras con las que Mario Benedetti, bastión de la literatura uruguaya, condensó el viraje político encarnado en el escritor Mario Vargas Llosa. Lo de Benedetti fue una respuesta pública a una entrevista concedida por el Premio Nobel a la revista romana Panorama, el 2 de enero de 1984.

Allí, el peruano aseguraba que, en América Latina, la mayoría de los escritores de izquierda “baila aun obedeciendo a reflejos condicionados, como el perro de Pavlov”. Al ser consultado por nombres, enumeró a Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y el mismo Benedetti.

“Estos son los más ilustres”, afirmó, “pero luego hay un número infinito de intelectuales medianos y menores, todos perfectamente manipulados, subordinados, corruptos. Corruptos por el reflejo condicionado del miedo de afrontar el mecanismo de satanización que posee la extrema izquierda”.

Pero el pensamiento de Vargas Llosa no siempre estuvo con las ideas liberales. En la primera mitad de su carrera, el autor de “La ciudad y los perros” era un abierto simpatizante de la otra vereda política, e incluso fue un público defensor de la figura de Fidel Castro y la revolución cubana.

Una realidad que cambió en los años 80 y que lo llevó incluso a enfrentar una elección presidencial en Perú, y que ha puesto su vida pública nuevamente en la lupa tras su fallecimiento el pasado domingo 13 de abril. Sin embargo, y al margen de la valoración que tiene su trabajo literario, es posible establecer una relación entre su domicilio político y las características de su obra.

Mario Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa

Así lo explicó la académica de la Universidad de Chile, licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas y doctora en Estudios Latinoamericanos, Alejandra Bottinelli. “Es bien complejo porque en el caso de Vargas Llosa tienes una gran cantidad de obras magníficas. Toda la primera parte de su obra, más o menos hasta los ochenta, que es cuando se produce su viraje político. Porque es un viraje, de la izquierda a la derecha, y en ese momento también cambia la orientación de su obra. No es algo que esté tan desafiliado”, explicó la también integrante del Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos (CECLA).

“En mi opinión, hay dos o tres grandes trabajos de Vargas Llosa. Una es ‘La casa verde‘, y también ‘La ciudad y los perros‘, que son las obras peruanas, sobre el Perú, donde reflexiona y nos muestra con profundidad la realidad peruana y que es muy importante para conocer otros campos de este país, como la Amazonía peruana. O ‘La guerra del fin del mundo‘, que es más histórica, basada en la obra de Euclides da Cunha y que se sitúa en el sector de Canudos, en Brasil. Y antes de eso, ‘Conversación en La Catedral‘, del año 69″, detalló la académica.

Sobre esa misma línea, señaló que estas “representan, para mí, la mayor riqueza del trabajo de Vargas Llosa, de ese realismo que produce un multi perspectivismo, que recrea, justamente por esas múltiples perspectivas o con las técnicas de historias paralelas, esa multidimensionalidad, heterogeneidad de la realidad peruana, y también de la latinoamericana, ampliamente, en el caso de ‘La guerra del fin del mundo'”.

“Y justamente desde el momento en que él, en los años 80, toma una perspectiva de derecha directamente, con obras como ‘Lituma en los Andes’, que es del año 93, empiezan a surgir trabajos que, en mi opinión, son literariamente muy pobres. Por ejemplo, ‘Lituma en los Andes’, donde hace lo que a él no le gustaba y que decía que no le gustaba hacer, que es traducir una ideología política a la literatura. Y lo hace en este libro, donde aborda el conflicto interno de lo que se llamó la guerra interna del Perú, entre Sendero Luminoso, el Estado peruano, las rondas campesinas y otros diversos actores, que asoló al Perú en los años 80″, expresó Bottinelli.

Mario Vargas Llosa.

Mario Vargas Llosa.

“Él aborda aquello, pero desde una perspectiva donde hay vicios racistas, por ejemplo. Desmerecedores de las poblaciones indígenas, muy eurocéntrico, y eso coincide un poco con su pensamiento. Por supuesto que hay un valor interesante también en otras obras posteriores, pero realmente su mejor obra, en mi opinión, es la que produce hasta los 80, incluyendo textos interesantes en otra dirección, un poco más lúdica, como ‘La tía Julia y el escribidor‘ del 77″, valoró la académica.

Al definir un texto que clarifique la influencia de este cambio político, la experta en Estudios Latinoamericanos puso en el centro a “Lituma en los Andes“: “Es del año 93, después de su derrota electoral contra Fujimori, y también de su derrota intelectual, en términos amplios. Porque Vargas Llosa fue convocado por el gobierno previo a Fujimori para ser parte de la comisión que lideraba la investigación por un caso muy polémico en el contexto de la guerra interna, que fue el de Uchuraccay, donde se asesinaron a varios periodistas en la sierra”.

“En la investigación, apareció que los asesinos no eran, como se esperaba, senderos luminosos, sino que eran los propios campesinos. La forma en que los asesinaron fue realmente brutal. Y entonces, las propias conclusiones que desarrolla encabezando esta comisión, fueron unas donde aparecía un menosprecio del propio campesinado del Perú. Que, en términos intelectuales, eran personas que no sabían lo que hacían, cuando por supuesto que tenían responsabilidad absoluta sobre esto, pero también habían sido orientados por los militares para generar esta confusión. Eso no justifica nada, pero, de todas maneras, hay un fracaso en términos intelectuales, de lo que significa ser un intelectual crítico, y que por ello, por toda su legitimidad, fue convocado a esta comisión. Y fracasa en ese punto”, concluyó Bottinelli.





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