Todo surgió a raíz de una fantasía melómana. A la hora de escribir al personaje que protagonizaría su próxima película, el cineasta Andrés Nazarala imaginó al músico que le hubiera gustado ver dentro del ecosistema musical popular chileno de los años sesenta.
“Creo que nunca encontré a esa figura dentro de la nueva ola que, en verdad, es un encasillamiento más bien comercial. Pero si lo extendemos a la música de la época, imperaban propuestas más comerciales, de alguna manera. Y Ricky Palace nace de esa fantasía, del cantante que me hubiese gustado encontrar en esas búsquedas”, confesó Nazarala en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile.
Así surgió la columna vertebral de “Los años salvajes“, la más reciente película del director y que aborda el ocaso de un otrora exitoso exponente del cancionero nacional que batalla entre el olvido y la adaptación a un mundo que ya no es lo que era. Todo, con las magistrales actuaciones de Daniel Antivilo, José Soza, Daniel Muñoz, Alejandro Goic y Nathalia Galgani.

De hecho, uno de los hitos marcados por este largometraje tiene que ver con el personaje encarnado por Antivilo, y que implicó su primer protagónico tras una extensa y descollante carrera. “Siempre he sido un gran admirador de él, de la fuerza actoral que tiene y de su presencia increíble. Y para mí siempre fue la única opción. Desde que empecé a pensar en la historia, siempre fue Daniel Antivilo“, compartió Nazarala sobre esta elección.
“Lo construí en mi cabeza primero y se parecía un poco a Daniel. Y después me doy cuenta de que tiene que ser él. En un momento él justo se mudó a Valparaíso. Eso fue una gran coincidencia porque pudimos tener más conversaciones y él se fue un poco impregnando del espíritu porteño”, sumó el cineasta.
Pero también hubo algunas referencias que surgieron desde la realidad: “Al estar anclado en la V Región surgen inspiraciones inevitables como Negro Farías, este gran bolerista mártir de la música porteña que murió en muy malas condiciones. Él tocaba boleros, pero creo que el espíritu de él está ahí. Y en la película vemos la estatua de Farías en la Plaza Echaurren”.
“Igualmente hay un homenaje a Karl Martin, un cantante más o menos desconocido dentro de la nueva ola. Tuvo un éxito en el año 68 y también terminó en Valparaíso. Murió joven. Hay personajes que ayudan a la construcción de Ricky Palace, aunque sea completamente una ficción”, explicó el director.
Un filme multidimensional
La vejez, el olvido, la nostalgia e incluso una que otra lectura de género son algunas de las interpretaciones que han sido recepcionadas por Nazarala. “Me gusta pensar que esta es una película de múltiples capas“, aseguró sobre las diversas apreciaciones despertadas por su trabajo.
Sin embargo, es enfático al señalar que se trata de un filme que “no responde a transmitir una temática en particular. No es que yo la haya hecho para hablar de la vejez, sino que es una película que me parece que se construye por las ganas de contar una historia y seguir a este personaje”.
Aunque hay otras asociaciones que sí aparecen de forma más sugerente. Una de ellas, la relación que tiene la vida de Palace con el background que caracteriza a la ciudad puerto. “La metáfora con Valparaíso está muy ahí. Es una ciudad que tuvo mucho glamour en un momento, un glamour del espectáculo. Uno puede ver las fotos antiguas y verlo lleno de bares, con las marquesinas. Era una ciudad muy de espectáculos hasta antes de la dictadura. Y con Ricky Palace hay un paralelismo porque es un personaje que también tuvo ese glamour y que ya no lo tiene, pero, de alguna forma, en ellos sobrevive un poco de ese espíritu de los viejos tiempos. Ricky, a pesar de su pobreza, igual se viste bien, toma whisky. Tiene esas viejas costumbres que aún conserva”, apuntó el cineasta.
En ese sentido, es más abierto a calificar su trabajo como una película de personajes que se enfrentan a un mundo que cambia. “La pondría en esa subcategoría, de un cine del ocaso, de personajes que tienen que lidiar con un mundo que cambió cuando ellos no han cambiado. Eso me parece que es la gran tragedia de Ricky, no poder cambiar. O no querer hacerlo”.
Una interpretación que igualmente ha visto reflejada en la recepción obtenida por el largometraje: “En gente mayor hay una cosa nostálgica, de recuerdo. En personas más jóvenes me llamó la atención que muchos de ellos me hablaban de sus abuelos, que les recordaba historias o anécdotas que les habían contado”.

Volver a la épica de las bandas sonoras
A la sustancial interpretación de Antivilo como Ricky Palace se suma otro elemento vital para la historia, y que tiene que ver con la centralidad que toma la música en el relato construido alrededor de este artista porteño dentro de la misma ficción.
Intención que llevó a que la construcción de la banda sonora tuviera una influencia crucial en el desarrollo del guion, y viceversa. “La música es de Sebastián Orellana, un artista chileno que vive en España. Él tuvo una banda muy buena que se llama La BIG Rabia, que era una especie de dúo rockabilly, medio bolero, punk, una cosa muy increíble. Cuando estaba escribiendo la película los descubrí en vivo, tocando en Santiago, en un local, y supe inmediatamente que ellos tenían que hacer la música. Fue casi como un capricho: así como sabía que Antivilo tenía que ser Ricky Palace, sabía que ellos tenían que hacer la música”, explicó Nazarala.
“Luego se fueron a España, se disolvieron, pero ahí inmediatamente establecí contacto con Sebastián. Y lo primero que hicimos en términos de producción fue trabajar en la música. Esto fue básicamente con lecturas de guion, en reuniones por Zoom que teníamos. Todavía era pandemia, él estaba en España, e íbamos revisando el texto y viendo qué necesitaba la película en cada momento”, detalló el director.
Un trabajo que decantó en un EP de seis canciones que expande el universo de Ricky Palace más allá de la película. “Él compuso las canciones, que son increíbles, me encantan. Y esto está en Spotify y en todas las plataformas. Me gusta la idea también de volver a la banda sonora, que creo que es una práctica que se ha perdido”, concluyó Nazarala.






