Un Papa superstar: Francisco, el Pontífice que conquistó la cultura pop

Amigo de Martin Scorsese, hincha de San Lorenzo y asiduo lector de Dostoievski. Durante los últimos años, el jesuita se alzó desde el Vaticano como una figura refrescante, cercana, progresista y profundamente vinculada con el mundo popular.

Amigo de Martin Scorsese, hincha de San Lorenzo y asiduo lector de Dostoievski. Durante los últimos años, el jesuita se alzó desde el Vaticano como una figura refrescante, cercana, progresista y profundamente vinculada con el mundo popular.

Fotografías con estrellas de la talla de Martin Scorsese, Angelina Jolie y Leonardo DiCaprio. Entrevistas televisadas donde sacaba a relucir su predilección por las literaturas de Dostoievski y Borges. Sus discursos con citas a himnos del cancionero del rock latinoamericano como “Aquí“, de la fundamental banda chilena La Ley. Y, por supuesto, su condición de hincha del club argentino San Lorenzo.

Esas son apenas algunas de las múltiples referencias que, en sumatoria, retratan el costado humano del fallecido Papa Francisco. Un hombre religioso de formación jesuita que se caracterizó por tener un estilo que no solo comulgaba con el progresismo, sino que también develaba la humildad y cercanía a través de la cual se relacionaba con el mundo.

Algo que para el escritor y periodista argentino, Ezequiel Fernández Moores, se ve ejemplificado en el primer encuentro que Francisco sostuvo con Diego Armando Maradona. “Él era muy crítico del ‘oro del Vaticano’, como lo definía. Decía que eso era una gran contradicción. Y cuando vio por primera vez a Francisco, contó que éste no le dio el dedo para que le besara el anillo, sino que lo abrazó. Ahí dijo ‘ah, por fin vi a una persona, un humano, y no una institución‘”, recordó el comunicador.

En la música y el cine, los gustos del fallecido obispo de Roma eran aún más llamativos: según consigna el sitio Catholic Standard, solía tener una colección de sobre 2 mil CD’s y 19 discos de vinilo, mientras que algunos de sus directores predilectos eran nombres tan icónicos como Roberto Rossellini, Federico Fellini y Gabriel Axel.

Papa Francisco y Diego Armando Maradona (vía X)
Papa Francisco y Diego Armando Maradona (vía X)

Todo lo anterior contribuyó a que la imagen de Jorge Mario Bergoglio calara profundamente tanto en los afectos de los fieles de la iglesia católica como en las masas alejadas del dogma cristiano. Impresión que para el director del Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Chile, Luis Bahamondes, tiene mucho que ver con las condiciones materiales que caracterizan a nuestra sociedad contemporánea.

“Creo que esa percepción que se tiene respecto al Papa está bien cruzada por el acceso masivo a los medios de comunicación, a las redes sociales, y también por algunas acciones que van marcando su figura. Entre ellos, que él sea hincha del fútbol, de San Lorenzo de Almagro”, expresó el académico.

Es en ese sentido que “hay un segmento juvenil o adulto al cual lo acerca, lo hace un Papa más sencillo. Y también porque logra sintonizar con algunas de las demandas de ciertas celebridades. Estoy pensando en el tema del cuidado del medioambiente, donde aparecía claramente la figura de Di Caprio, que lo visita y tiene un encuentro respecto al tema”.

“Una sintonía con determinadas temáticas que el Papa va a abordar de manera bastante clara. Migración, los desplazados, la guerra, el cuidado del medioambiente, y que se cruza con cuestiones más informales que van, de alguna manera, acercando su figura. Y ya no solamente colocándola desde una perspectiva de liderazgo religioso, sino como una persona que tiene sus gustos y sus preferencias”, añadió Bahamondes.

Francisco y el fútbol: una expresión de la argentinidad

Sin embargo, Fernández Moores es claro al establecer un elemento particular que caracterizaba la cercanía del Francisco con el deporte más popular del país vecino: “Es una relación más de argentinidad que futbolera. En este país, hay pocas cosas que no se cruzan con el fútbol. Desde el lenguaje hasta la política, lo social, lo vinculante, la fiesta, la tristeza. Casi todo. Y ahí es donde Francisco era argentino”, precisó el comunicador.

“No podía omitir el fútbol, porque no fue un gran jugador. Él mismo lo dice, que era pata dura, que jugaba más al básquet que al fútbol. Entonces, no va por el lado futbolero. Y si vamos a las finales de mundial, el otro día veo que Francisco no vio donde ganó Argentina el 78, tampoco la del 86, y tampoco la última, de Qatar”, sumó.

Por eso mismo, delinea que el Papa “no es un fanático en un estilo convencional. Pero sí es un tipo que sabe que la cultura de los argentinos está atravesada por el fútbol. Y como argentino que es, y que se siente, evidentemente, de pibe, de niño, quiso a San Lorenzo. Por eso recuerda siempre a ese San Lorenzo del 46.  Porque fue el equipo que él, con diez años, iba a ver a la fila 5, en la platea del viejo Gasómetro, el estadio que antes tenía San Lorenzo, y es su recuerdo”.

“Es una delantera maravillosa con Farro, Pontoni, Martino. Él recordaba mucho a Pontoni… Es un equipo que viajó a España, le ganó 7-5 y 6-1 a la selección española y fue campeón argentino ese año. Creo que hizo algo así como 90 goles en 30 partidos, más o menos. Era un equipo delicioso. Él lo disfrutó mucho y eso le quedó como un gran recuerdo, y lo tiene fijado. Ahí es que lo expresa tan abiertamente y es un amor que va renovando aun cuando quizás no siga los partidos“, sentenció el escritor especializado en deportes y columnista del diario La Nación.

Papa Francisco con la camiseta de San Lorenzo (vía X)
Papa Francisco con la camiseta de San Lorenzo (vía X)

Con todo ese contexto a mano es que cita una anécdota que resulta ilustrativa de cómo el fútbol resultaba ser un conductor de su humanidad. “Hace muchos años, un cura, Juan Gabriel Arias, estaba cerca de su ordenación como sacerdote. Era muy hincha de Racing, pero mucho más que Francisco de San Lorenzo. Era un cura de ir a la cancha y que estaba cerca de la barra brava. Va a Lima, por copa Libertadores, y termina preso por una trifulca que hubo, de barras. También se había terminado preso en Buenos Aires en otra ocasión”.

“Entonces, sus superiores se niegan a la ordenación porque en un titular de un diario dice ‘Cura barra brava preso’, algo por el estilo. Y Francisco, que en ese tiempo era Bergoglio, lo alienta. Le dice: ‘es muy importante llevar la palabra de Dios a todos lados, y a la tribuna de los estadios también. Así que no dejes de llevar la palabra de Dios allí‘”, afirmó el periodista.

Retomando el punto sobre la argentinidad, Fernández Moores concluye que “el estilo de él, en ese sentido, es uno muy porteño, de Buenos Aires, que tiene entre lo fraternal, lo de acercarse al otro a través de lo que nos puede vincular, y también algo de canchero. Como decimos nosotros, como que somos los más vivos del mundo. En el caso de Francisco, y lo digo siendo ateo, está claro que era una forma de acercar los vínculos, de profundizarlos, de hablar de aquello que nos une, que nos vincula”.

Un Papa cinéfilo

El gusto por las películas es otra característica que distancia al Papa trasandino de sus antecesores. “Era una figura muy culta y cinéfila. Tenía un gusto muy refinado por el cine clásico, lo que ya lo distinguía de los demás Papas”, explicó el crítico de cine, Juan Marín. “Por ejemplo, su película favorita era ‘El festín de Babette‘, que es una cinta danesa que ganó el Oscar a Mejor película extranjera en el año 87″.

“Eso refleja muy bien su sensibilidad. Es una obra profunda sobre la generosidad, el placer, y dónde se encuentra el verdadero valor de la riqueza. Toca temas que incluso desafían algunos dogmas más tradicionales de la iglesia, como la relación entre fe y placer. Que esa sea su película favorita revela lo abierto que era él a cuestionarse ciertas posturas más institucionales. Además, también tenía entre sus favoritas algunos clásicos del cine italiano, como ‘Las noches de Cabiria‘, de Federico Fellini, una de mis favoritas de ese director, o ‘El gatopardo‘ de Visconti, que es una obra maestra.  Y ‘Roma, ciudad abierta‘ de Rossellini, que es una de las grandes películas del neorrealismo italiano“, recapituló el especialista.

Filmes que, a su juicio, “hablan de su nivel intelectual y de su comprensión hacia el arte cinematográfico. Sin duda, era un Papa con una mente mucho más abierta y cultivada que muchos de sus predecesores”.

Papa Francisco y Martin Scorsese
Papa Francisco y Martin Scorsese

Sin embargo, su propia historia también fue inspiración de algunas cintas, como “Los dos Papas” y “El papa Francisco: un hombre de palabra“. Esta última, dirigida por el destacado cineasta alemán Wim Wenders. “También existe un documental disponible Disney+ y donde responde varias preguntas a jóvenes, bien diversas”, mencionó sobre “Amén. Francisco responde“. “Son preguntas que igual, dentro de todo, lo pueden incomodar No todas, pero hay algunas sobre el aborto, el movimiento LGBTQI+, etc.”.

Algo que se complementa, por ejemplo, a su amistad con Scorsese, a quien incluso propuso realizar un filme sobre la vida de Jesús inspirado en una novela de Shusaku Endo, mismo escritor del libro en que el estadounidense basó la película “Silencio”.

Yendo hacia otros formatos, el crítico también destacó la cercanía literaria del argentino con la obra de autores del mundo popular. “No solo en el cine era una persona muy culta, sino que era un gran lector. Admiraba mucho a escritores como Borges y Dostoievski, son dos tremendos escritores, lo que igualmente habla de su complejidad intelectual”.

Grandes gestos que reafirman el profundo impacto del jesuita en las masas: “A pesar de no coincidir siempre con sus posturas morales, valoro mucho la distancia que tomó con ciertos sectores más conservadores, como el Opus Dei. Y en contraste con Papas como Juan Pablo II o Benedicto XVI, que tenían vínculos con esos grupos e incluso eran aliados. Francisco optó por limitar su influencia dentro de la Iglesia. Es una decisión que ya lo hace una figura mucho más política y mucho más interesante y progresista dentro de este mundo tan rígido y conservador que es el Vaticano”, concluyó Marín.

Una sensación que es reafirmada desde la perspectiva histórica: “Si Benedicto XVI era visto como un intelectual, creo que el Papa Francisco era visto más como un pastor, como alguien más cercano. O, en definitiva, alguien que había tenido una fuerte presencia en las villas miserias en Argentina, que dialogaba de tú a tú con cualquier persona, que va a dar señales muy importantes de su sencillez al modificar parte de la ritualidad durante su papado. Y quizás un caso que lo representa es el primer viaje que él va a realizar, que es a la isla de Lampedusa”, explicó Bahamondes.

“Esa es la isla en la cual llegan como primer punto las oleadas migratorias hacia Europa, intentando, de alguna manera, representar y demostrar que él estaba en el lugar donde existían abusos y también condiciones inhumanas para estas personas. Efectivamente, hay un contraste muy marcado y, en definitiva, el Papa se presenta como una persona mucho más sencilla bajo esta figura de pastor”, cerró el director del Centro de Estudios Judaicos.





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