El espejo incómodo: racismo cotidiano y representación en la publicidad de Falabella

  • 05-05-2025

La reciente polémica por la aparición de una modelo con rasgos caribeños en una campaña publicitaria de Falabella revela más sobre nosotros que sobre la campaña misma. Curiosamente, cuando las grandes multitiendas han recurrido a modelos de rasgos europeos -como Valeria Mazza- no han surgido cuestionamientos sobre su representatividad del pueblo chileno. Esto deja al descubierto una matriz cultural profundamente instalada: seguimos valorando lo europeo como símbolo de prestigio, mientras que lo latinoamericano, especialmente lo caribeño o lo andino, es leído desde el prejuicio, como algo ajeno, migrante, incluso amenazante, a pesar de que es tan propiamente nuestro. Se trata de un reflejo inconsciente de nuestras herencias coloniales, donde lo blanco aún se asocia al progreso y lo moreno, a la marginalidad.

Este episodio pone en evidencia que el racismo en Chile no solo existe, sino que suele normalizarse de una manera aparentemente natural, sin conflicto, en los medios de comunicación. Basta mirar la televisión para advertir que quienes aparecen en pantalla por lo general no se parecen al rostro mayoritario del país. Sin embargo, esa exclusión permanente no genera debate; en cambio, sí lo hace la inclusión puntual de una mujer con rasgos afrodescendientes. ¿No es esto una muestra de que lo que incomoda no es la falta de representación, sino la ruptura del canon étnico hegemónico, que además ni siquiera suele corresponderse con quienes se molestan, si se miraran al espejo? En un país que aún no se reconoce también como indígena y latinoamericano, donde se blanquea simbólicamente a sus íconos, cualquier irrupción de la diversidad real puede ser vivida como una amenaza.

En una entrevista que realizáramos en 2018 al sociólogo Jorge Larraín, autor del libro Identidad Chilena, él explica el punto de una manera que nos parece inmejorable, por lo que lo citamos textual: “el origen de la chilenidad es siempre algo construido que se va haciendo en el tiempo, y que tiene muchísimos componentes. Nunca ha existido una raza porque siempre hay mezclas. Nosotros teníamos pueblos ancestrales de distintos orígenes y a ellos se les fueron agregando españoles, pero también otros como italianos, alemanes y árabes. La chilenidad es un producto de este conjunto de inmigraciones, siempre ha sido una construcción que implica diversidad”.

Yendo más allá de lo simbólico y de la xenofobia y el racismo, este tipo de reacciones también puede ser expresión de un conflicto concreto y actual: el choque cultural que algunos grupos recientemente llegados pueden tener con las costumbres locales. Sin embargo, ese desencuentro no debe ser exacerbado, sino gestionado. Es iluso pensar, y hacen mal los políticos que lo prometen, que comunidades migrantes como la venezolana se irán si cambian las condiciones sociales y políticas en su país. Parte importante de ella ya está establecida en Chile y así seguirá siendo. Debemos, por lo tanto, propiciar una reflexión honesta que se traduzca en políticas públicas e intervenciones culturales que promuevan la convivencia en la diversidad, es decir, la construcción de comunidad. En tiempos de polarización y fragmentación, resulta políticamente crucial que podamos encontrarnos en lo común, no en lo homogéneo, sino en aquello que siendo diversos debemos compartir como integrantes de una misma sociedad.

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